Collage íntimo

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Trocitos...

jueves, 10 de enero de 2013

Pensamientos y deseos para el 2013

Pasó la navidad (que, por cierto, he estado muy liado y no os he felicitado... ¡Felicidades!) y comienza un nuevo año.
Las duras circunstancias económicas y políticas de nuestro país parecen eclipsar a cualquier otro sentimiento en este momento. Pero no debemos dejarnos invadir por el desánimo o el hastío. Con el tiempo las cosas mejorarán. Puede que tarde años y, de algún modo, hay que seguir viviendo. Detestaría parecer ingenuo o cándido, y respeto profundamente el sufrimiento de tantas y tantas familias con miembros en paro y significativas mermas en su economía, pero, en la medida de lo posible, no debemos dejarnos arrastrar hacia una vida de tristeza y pesimismo.
El resto de noticias que uno escucha en los noticiarios tampoco ayuda mucho: interminables redes de pederastia y pornografía infantil, guerras con mayor o menor interés económico oculto, violencia de género, terrorismo, catástrofes naturales, muertes precoces por accidentes de tráfico o fiestas descontroladas, desahucios, marginalidad, tráfico de drogas, de órganos o de bebés, prostitución y proxenetismo... vamos que dan ganas de gritar aquello de: "¡Pare, que yo me bajo en la próxima!" 
La vida se compone de muchas facetas y debemos valorarla en su conjunto. Con frecuencia pienso en esos ultras del fútbol para los que su equipo es lo primero o, en el peor de los casos, lo único. Cuando el domingo por la tarde su equipo pierde, el mundo se viene abajo y oscuros sentimientos (que van desde una absurda e infantil tristeza hasta la ira, más o menos contenida) se apoderan de ellos. Andan amargados y amargándole la existencia a aquellos que les rodean, ya sabemos hasta qué punto... Son los riesgos de vivir una vida "monofacética".
Cuando, por el contrario, en tu vida conviven diversos valores e intereses, que tu equipo pierda un partido puede moverte sensaciones de insignificante relavancia al compararlas con las que de verdad importan.
La familia, el amor, la solidaridad, la salud, los hijos, la cultura, la espiritualidad, el arte, la religión y tantas otros "haceres", "haberes" y "sentires"... dejaré que llenen el desazonador vacío que me produce la situación económica actual, la costosa inoperancia nuestros políticos y la desaforada y maquaivélica voracidad de los banqueros, plasmada en la incertidumbre a la que nos han abocado.
Veo fundamental, más necesaria que nunca, la vivencia de un positivismo activo, convencido y valiente. Disfrutar y enriqucernos (a nosotros mismos y a lo que nos rodea) de la capacidad de hallar y proyectar sólo sensaciones y acciones positivas, optimistas, bondadosas, humanas, sensatas, coherentes, prudentes, alegres... Sacudirnos todo lo negativo, lo que nos merma y empobrece. Aquellos hábitos, facetas o personas que oscurecen nuestras vidas como auténticos nubarrones de polución. Y, cómo no, las reivindicación de nuestra esencia y de nuestro particular punto de vista a la hora de ver las cosas.
Aplicado a la sociedad y la vida, sería como aquella vieja propuesta filosófica que dice que existen tres "yoes": el "yo" que ven los demás el "yo" que creo que soy y el "yo" que soy de verdad. Esto podría aplicarse también a lo que nos rodea y, por extensión, a la realidad que vivimos actualmente. Cómo la ven los demás, cómo la vemos nosotros y la realidad que ciertamente nos rodea. Simplemente, considerar que puede que las cosas no sean tal y como nosotros creemos verlas...
En resumidas cuentas, la gran mayoría de seres humanos cuerdos, lo único (¡casi nada!) que perseguimos a lo largo de nuestra fugaz existencia es la felicidad y tanto más felices seremos cuanto más capaces seamos de encontrar felicidad en lo que nos rodea. A veces nos toparemos con ella de golpe, casi sin buscarla, otras veces habrá que escarbar un poco hasta encontrarla. Con frecuencia la hallaremos en los lugares y momentos más insospechados. Debemos, más que nunca, entrenar a nuestros sentidos y agudizar la percepción de nuestro corazón para ser capaces de hallar, cual buscadores de oro, esas pequeñas pepitas que nos trae el río entre tanto canto rodado. Pero no la encontraremos buscando en lugares equivocados... Al pensar en la búsqueda de la felicidad, siempre me viene a la memoria este cuento llamado "LA LLAVE DE LA FELICIDAD"... escuchad, escuchad...

Cuenta la leyenda que antes de que la humanidad existiera, se reunieron varios duendes para hacer una travesura.
Uno de ellos dijo:
- Pronto serán creados los humanos. No es justo que tengan tantas virtudes y tantas posibilidades. Deberíamos hacer algo para que les sea más difícil seguir adelante.
Llenémoslos de vicios y de defectos; eso los destruirá.
El más anciano de los duendes dijo:
- Está previsto que tengan defectos y dobleces, pero eso sólo servirá para hacerlos más completos. Creo que debemos privarlos de algo que, aunque sea pequeño, les haga vivir cada día un desafío.
- ¡Qué divertido! —dijeron todos.
Un joven y astuto duende, desde un rincón, comentó:
- Deberíamos quitarles algo que sea importante... ¿pero qué?
Después de mucho pensar, el viejo duende exclamó:
- ¡Ya sé! Vamos a quitarles la llave de la felicidad.
- ¡Maravilloso... fantástico... excelente idea! —gritaron los duendes mientras bailaban alrededor de un caldero.
El viejo duende siguió:
- El problema va a ser dónde esconderla para que no puedan encontrarla.
El primero de ellos volvió a tomar la palabra:
- Vamos a esconderla en la cima del monte más alto del mundo.
A lo que inmediatamente otro miembro repuso:
- No, recuerda que tienen fuerza y son tenaces; fácilmente, alguna vez, alguien puede subir y encontrarla, y si la encuentra uno, ya todos podrán escalarlo y el desafío terminará.
Un tercer duende propuso:
- Entonces vamos a esconderla en el fondo del mar.
Un cuarto todavía tomó la palabra y contestó:
- No, recuerda que tienen curiosidad; en determinado momento algunos construirán un aparato para poder bajar y entonces la encontrarán fácilmente.
El tercero dijo:
- Escondámosla en un planeta lejano a la Tierra.
A lo cual los otros dijeron:
- No, recuerda su inteligencia, un día alguno van a construir una nave en la que puedan viajar a otros planetas y la van a descubrir.

Un duende viejo, que había permanecido en silencio escuchando atentamente cada una de las propuestas de los demás, se puso de pie en el centro y dijo:
- Creo saber dónde ponerla para que realmente no la descubran. Debemos esconderla donde nunca la buscarían.
Todos se giraron asombrados y preguntaron al unísono:
- ¿Dónde?
El duende respondió:
- La esconderemos dentro de ellos mismos... muy cerca del corazón...
Las risas y los aplausos se multiplicaron. Todos los duendes gritan:
- ¡Ja... Ja... Ja...! Estarán tan ocupados buscándola fuera, desesperados, sin saber que la llevan consigo todo el tiempo.
El joven escéptico acotó:
- Los hombres tienen el deseo de ser felices, tarde o temprano alguien será suficientemente sabio para descubrir dónde está llave y se lo dirá a todos.
- Quizá suceda así —dijo el más anciano de los duendes—, pero los hombres también poseen una innata desconfianza acerca de las cosas simples. Si ese hombre llegara a existir y revelara que el secreto está escondido en el interior de cada uno, nadie le creerá.

En fin, que ya véis cómo he empezado el año... igual de "tontorrón" que siempre. Por justificarme (una de mis especialidades) sólo añadiré que amo la vida y a la gente que tengo en ella. Sólo deseo para ellos lo mejor y estos son mis ambiciosos deseos para el 2013: que, a pesar de las duras circunstancias, sepáis hallar la felicidad y hacérsela llegar a los demás.
¡Feliz año!
PD: Y, de regalo, este vídeo youtubiano que ayer encontré por ahí y viene muy al hilo... http://youtu.be/8XWaTt2GGow Espero que os guste.


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Salvador Terceño Raposo

martes, 27 de noviembre de 2012

El 40 cumpleaños de "Martha11"

Estos días, celebramos el 40 cumpleaños de una de las personas que más significan para mí: mi hermana Marta.
Si yo nací en octubre del 71, ella llegaba al mundo en noviembre del siguiente año cuando yo apenas había cumplido el año de vida. Por aquella época aún vivíamos en Zaragoza y, mientras mi padre, a sus 28 añitos, comenzaba a abrirse camino en el mundo laboral en aquella España predemocrática de la serie "Cuéntame", mi madre se batía el cobre fuera de su tierra, bregando con sus tres primeros hijos.
Se acercaba el frío invierno aragonés. Pilar tenía dos años y medio; yo uno y Marta acababa de nacer llenando el gélido piso de la calle Carmen con la luz de sus enormes ojos oscuros. Mi abuelo Fernando la llamaba "la Long Plays", pues decía que sus ojos eran como dos discos LP (de los grandes de vinilo, vamos, para que nos entendamos). Las cosas de mi abuelo...
No exagero cuando digo que he sentido (y siento) a mi hermana Marta como un verdadero trozo mío desprendido en otro cuerpo. Desde que tengo uso de razón, nuestro nivel de conexión, de amor, de comunicación, de comprensión y de cercanía ha sido superlativo. Insuperable, diría yo. Me sobra imaginación y no soy capaz de imaginar qué virtudes podrían adornar a una hermana que pudiera considerar mejor.
Y hoy, al celebrar su redondo cumpleaños, tan sólo quiero dar gracias a Dios por regalármela y por los 40 años que lleva enriqueciendo mi vida.
Aunque años más tarde llegó el pequeño Nachete, me crié técnicamente rodeado de niñas. Según cuentan las crónicas, durante aquellos primero años yo era un verdadero torbellino. Imagino que poseído por el dios maño de los desastres, andaba siempre liándola parda para deleite de mis hermanas y desesperación de mamá y papá. Martita era lo opuesto, la bondad hecha niña. Mientras yo lanzaba zapatos por el balcón o desatornillaba lámparas, ella se bebía los tres vasos de leche puestos en la mesa, para que no nos regañaran a ninguno. Pilar andaba un poco a su bola, con el carácter algo para adentro y encontrando "gilis" de colores (pseudoobjeto infantil invisible) por todas partes... Y, luego, el que se tragó las pastillas del abuelo fui yo...jaja
Total, que así fuimos creciendo. Ya en Sevilla, en el piso de "Las Dueñas" y convertidos en medio personitas, descubrimos la camaradería, el juego, la amistad, el compañerismo y la risa, fruto de la suerte de crecer en el seno de una familia rebosante de esa bendita normalidad, no tan acelerada, de aquellos años; finales de los setenta e inicio de los ochenta.
Creo que nos unieron dos cosas por encima de las demás: el juego y el humor. Recuerdo cientos de escenas jugando tanto dentro de la casa como fuera, en el patio. En casa, nos paseábamos con las mantas haciéndolas deslizar por el parquet, y fuera, al elástico. Nos turnábamos para jugar a juegos elegidos por ella o elegidos por mí. Recuerdo tu "nick" cuando jugábamos en el viejo Spectrum 128K: "MARTHA11", por aquellos once añitos como once soles... Mi sueño, acabar una vez una partida de La ruta del tesoro, nunca se hizo realidad; pero, ni falta que hacía. Siempre me meto con ella por eso, pero ahora sé que aquello no era importante, como no es importante conocer cuántas manzanas le quedan a Pedro (que tenía ocho) si le da tres a Miguel. Lo importante es aprender a restar. Entonces, lo importante era aprender a vivir. Estar juntos, pasarlo bien. Querer estar más tiempo juntos. Crecer.
Yo era un poco pesado (como ahora, pero menos) e insistía, en parte porque cuando uno empieza un juego, es para terminarlo... ejem, y en parte porque disfruto muchísimo estando con ella.
Y, así seguimos creciendo, compartiéndolo todo: hicimos la primera comunión juntos, fuimos al campamento juntos, luego los años del bachillerato juntos, estudiábamos juntos en la cocina, salíamos con los mismos amigos y nos fuimos convirtiendo en los padres puretas que ahora somos juntos. Siempre juntos, siempre unidos, siempre conectados y queriéndonos.
Hacíamos juntos la maleta para el campamento y yo me reía de su capacidad de resumir al elaborar la lista, como aquella célebre línea que decía: "cinturón dibujitos" que tanta risa nos daba. Los primeros amores, correspondidos o no; los primeros novietes, las primeras inquietudes de índole sexual... (uysh, se me ha escapao). La risa estaba presente siempre, ora en forma de amor por lo escatológico (¡Por Dios bendito!, ¿quién tiene como color favorito el marrón? jajaja), ora en forma de sonidos guturales, de emisión de derivados lácteos chocolateados por las mismas narices, ora por mis innovadoras recomendaciones para combatir el acné juvenil, ora por nuestras grabaciones de divertidos vídeos domésticos, ora por las imitaciones de Martes y Trece o Azúcar Moreno o lo que se terciara con el fin de echar un buen rato.
Aunque no todo fueron risas, también lloramos juntos cuando nos arrancaban de nuestro Maranchón natal de madrugada, sin tiempo para despedirnos de los amigos y amores del verano... ¡Dioss, qué adolescencia más malaaaaa!
Ni que decir tiene, que, aparte de adorarla con pasión, es una mujer a la que admiro brutalmente, pues es de esas desengañadas madres de la irrupción de la liberación de la mujer. Absorbida por el trabajo que desarrolla profesionalmente y por las interminables horas de ingrato trabajo doméstico en el cuidado de su casa y de sus hijos, sale a flote siempre con una sonrisa y con la cara bien alta que deben llevar las personas que saben que han cumplido. No hay día que no pueda acostarse sin pensar "hoy he vuelto a dar el 120%" porque siempre da más. Sus hijos son tres verdaderos soles, rebosantes de inteligencia, simpatía y bondad, y siempre me ha llenado de orgullo ver cómo los ha sacado para adelante junto a su carrera profesional. Su casa rebosa calor y siempre está abierta para la familia y los amigos, sin importarle el trabajo que le depare antes o después. Sus puertas se abren una y otra vez, para que no falte dónde echar un rato a gusto, sin apreturas. Igual te prepara un arroz negro en dos minutos que unas fajitas de pollo o una tarta de esas de tres quesos de la thermomix. Si te despistas un segundo, ha hecho un brownie y una ensalada gigante o unos bocatas de salchichón...
¡"Martha11" ha cumplido cuarenta años! Fiuuuu... se dice pronto. Cuarenta años de cariño, de bondad y de risas juntos. Cuarenta años de felicidad y de orgullo. Cuarenta años de sentirte cerca y de querer acabar todas las partidas que juguemos, de quererte con toda mi alma y de sentirme el hermano más afortunado sobre la faz de la tierra; por tenerte y por lo que me llega de ti.
Te quiero, hermana. Adoro esos ojos oscuros y todo el universo que guardan detrás.
Un día de estos vamos a tener que bebernos otra botella de limoncello a medias... ¡que son dos días!

martes, 20 de noviembre de 2012

Así va la vida

Hace unos días fui al hospital materno-infantil de Virgen del Rocío. Mis amigos Andrés y Noelia, tras un interminable y agotador proceso, por fin han tenido a sus pequeños. Andrés nació hecho un toro, evitando la unidad de prematuros y ya está en casa con sus papis. Julia nació con algo menos de peso pero guapísima, hecha una bicheja revoltosa y sin problemas, aparte de que precisó un par de semanas de engorde y maduración al calorcito de la incubadora. La pequeñita Ángela, de forma precoz hace ya algunas semanas, nos robó para siempre ese trocito de corazón. Tras darnos toda una lección de fuerza y supervivencia, tomó un atajillo antes de tiempo hacia el cielo, desde donde seguirá cuidando de sus dos hermanos.
Andrés, Noelia, Andrés y Julia, tras meses de enorme desgaste y sufrimiento, ya son una gran familia. Un poco atípica, pues andan ahora aún desbordados por los agobios y trastornos comunes a todos los padres primerizos. No obstante, con tanto amor, tantas ganas y deseos de hacerlo bien, sólo es cuestión de tiempo que las aguas vuelvan a su cauce y vivan con la normalidad de cualquier otra familia, sólo pendientes de catarros, gormitis y facturas...
A todo esto, mi amigo Andrés andaba detrás mía para que fuera un día con él a la visita de las 19:15h a la unidad de prematuros a conocer a la pequeña Julia. Salvando los habituales escollos por compromisos laborales y familiares, un día por fin, conseguimos coincidir y quedamos allí. Cuando llegamos a la unidad estaba allí Noelia, cosa que, aparte de alegrarme sobremanera, me resultó inesperada. ¿Estás preparado para entrar? ¿Para entrar a ver a tu futura ahijada?, (o algo así) me dijo Andrés, mirándome a los ojos con esa intensidad tan suya. ¿Có... cómo? Yo me sentí anonadado, superado, emocionado, halagado... infinitamente honrado. Mil cosas más. Nos abrazamos los tres con fuerza, besándonos y con esos nuditos invisibles en las gargantas. El resto puede ser bastante obvio... así que os lo ahorro.
La alegría ha sido indescriptible. ¡Claro que estoy preparado! Sólo deseo estar a la altura y corresponder a la confianza y el cariño con los que he sido obsequiado. Millones de gracias.
En fin, así va la vida.
Durante estas últimas semanas me he leído un librito que me ha llegado brutalmente al corazón y que, no me cabe la menor duda, me hará ser mejor persona para ejercer esta nueva responsabilidad de la que he hablado antes. El libro me lo prestaron y recomendaron mis queridos Armando y Yoyo y ha superado las expectativas con creces. Se llama "Martes con mi viejo profesor", del periodista y escritor Mitch Albom. Narrado en primera persona y reflejando hechos y experiencias reales vividos por el mismo Mitch Albom y su profesor de la universidad Morrie Schwartz. Tras entablar una hermosa relación durante los años de universidad, alumno y profesor se separan y Mitch desarrolla una exitosa carrera en el mundo del periodismo deportivo, lo cual le aboca a llevar una vertiginosa y superficial vida, olvidándose de todo lo aprendido durante los años de universidad. Quince años después, Mitch conoce por casualidad la noticia de que su viejo profesor sufre una enfermedad degenerativa que lo abocará sin remedio a la muerte en cuestión de meses. Entonces, Mitch decide tomar un avión y acercarse a ver a su viejo profesor. Ese será el primero de una serie de encuentros semanales (cada martes) durante los cuales desarrollaran una tesis sobre la vida y sus principales temas y pilares. Mientras Mitch toma notas y realiza grabaciones con la intención de hacer llegar los pensamientos de Morrie a todo el mundo, se impregna y deja renacer en él los profundos valores que permanecían sepultados. La muerte, el matrimonio, el miedo a la vejez, la amistad, nuestra cultura, cómo perdura el amor, el perdón, el mundo, el dinero, la familia, las emociones, el arrepentimiento, el sentimiento de lástima por uno mismo... todo lo que para mí, constituye lo verdaderamente importante en la vida.
Me ha emocionado hasta la lágrima y me ha empujado a tomar notas mientras leía y a desear aprender más sobre los demás y sobre mí mismo. Por eso hoy os lo recomiendo.
Por ahí en medio, durante este largo periodo de ausencia, fuimos al cine a ver "Lo imposible" de Juan Antonio Bayona (segunda película tras "El orfanato", que no he visto aún). Por decirlo de forma resumida, hacía tiempo que no lloraba tanto viendo una película. Sinceramente, soy un poco nenaza para estas cosas y suelo emocionarme bastante hasta el extremo de sorber mocos con brutal intensidad, si se presenta la ocasión. La película, en mi opinión, entre otras muchas tiene dos importantes virtudes que consiguen mover tales sentimientos. La primera, que está basada en hechos reales. Todo lo que transcurre durante los 107 minutos de cinta, ocurrió de verdad, a personas reales, españolas.Lo trágicos hechos que vivieron María Belón, su marido Enrique y sus hijos Lucas, Tomás y Simón durante el tsunami que asoló la costa de Tailandia durante la Navidad del año 2004. Con espléndidas interpretaciones, Naomi Watts y Ewan McGregor dan vida al matrimonio, genialmente acompañados por los tres niños, entre los que destaca el que da vida al hijo mayor, un revelador Tom Holland.
La segunda virtud estriba en la vocación de conmover con sobriedad, sin caer en lo melodramático. Conmueve salvajemente todo el daño físico sufrido por los protagonistas, con especial mención para una sublime Naomi Watts a quien acompañamos en su periplo llenos de agitación y desasosiego. Y conmueve hasta lo más profundo del alma la emotividad que rezuma cada fotograma, la capacidad para mostrar y desgranar los sentimientos de pérdida, de miedo, de dolor, de incertidumbre... si se me permite la licencia, con más intensidad en las relaciones paternofiliales que en las de la pareja.
Los aspectos técnicos relacionados con la recreación del desastre, pese a ser magistrales, quedan en un segundo plano. Quizá, como debe ser para que la película sea considerada una muy buena película de forma global y no una de esas películas de desastres y efectos especiales estúpidamente superficiales.
No me atrevería a decir que se trata de una obra maestra, pero sí una muy buena película, de brillante realización y capaz de emocionar con sus interpretaciones y dejarte el corazón tocado por unos días. Ni que decir tiene que merece la pena verla, por supuesto, en pantalla grande.
En fin, así va la vida.
Prometo no tardar tanto la próxima vez...

viernes, 5 de octubre de 2012

Genial concierto de Jorge Drexler en Sevilla

Anoche, mi señora y yo tuvimos la suerte de asistir a un fabuloso concierto en el Auditorio Rocío Jurado de la Cartuja, donde, "como una ola", el cantautor aficionado a la electrónica Jorge Drexler, volvió a asombrar y emocionar a sus incondicionales. La gran ovación final con las sempiternas palmas por sevillanas así lo corroboró. Y el hecho de que se viera obligado a salir en un par de ocasiones a hacer buen puñado de generosos bises...
Nosotros lo seguimos hace años, sobre todo sus últimos tres trabajos de estudio (Eco, 21 segundos de oscuridad y Amar la trama), pero hasta ahora no habíamos podido asistir a uno de sus conciertos.
Este Jorge Drexler es un tipo peculiar. Uruguayo de nacimiento y, hace tiempo afincado en España (pareja de la actriz y cantante Leonor Watling), estudió medicina pero su alma de músico-poeta no le deja separarse de la guitarra y así es imposible andar por los pasillos de un hospital. Tras varios CDs y años de giras y conciertos su trayectoria habla por él y reclama a gritos para sí un lugar en el podio de los cantautores (al menos, en lengua castellana). Su manejo de la guitarra española es espectacular y la eléctrica le acompaña con sutileza. Su música, con frecuencia, se acompaña de apoyos electrónicos, instrumentos insólitos (como un Theremin o una cajita de música) o desaparece en la desnuda vaentía de la voz a capella.
Pero, como buen cantautor, su verdadera arma son sus letras. La forma magistral en que sabe vaciar su alma, como quien vacía un bolso sobre una mesa, desgranando sentimientos, asociando la ternura, el amor, el dolor y la vida en inolvidables versos que se te aferran a la mente como esos malditos virus al disco duro.
Por lo demás, el concierto, pues matizado por esos golpes y caricias que te da la vida cuando menos te lo esperas: durante el concierto wasaps y llamadas porque tenía que ingresar en Virgen del Rocío una amiga a la que adoramos y que está muy malita (toda nuestra fuerza y cariño desde aquí para ella), nos encontramos a César, un viejo y querido amigo, cardiólogo y cantautor (cosa que se me antoja, a veces, lo mismo), sufrimos estética y físicamente las sillas de plástico blanco y los vasos echados de cocacolas de dos litros que la organización tuvo a bien poner a nuestra disposición, engullimos con fruición sendos bocadillos de mortadela, sufrimos a mi vecino de silla y a su ausencia de oído musical, y de nuevo sentimos la vida y la muerte cogidos de las manos mientras disfrutábamos de la música, la voz, la labia y el humor de este genio tangible.
Para quien aún no lo conozca:
No puedo resistirme a poner aquí estrofas de algunos temas que me parecen geniales:
Se aprende en la cuna,
se aprende en la cama,
se aprende en la puerta de un hospital.
Se aprende de golpe,
se aprende de a poco y a veces se aprende recién al final
Toda la gloria es nada
Toda vida es sagrada
Una estrellita de nada
en la periferia
de una galaxia menor.
Una, entre tantos millones
y un grano de polvo girando a su alrededor
No dejaremos huella,
sólo polvo de estrellas.

(Polvo de estrellas)
Soledad,
aqui estan mis credenciales,
vengo llamando a tu puerta
desde hace un tiempo,
creo que pasaremos juntos temporales,
propongo que tu y yo nos vayamos conociendo.

Aquí estoy,
te traigo mis cicatrices,
palabras sobre papel pentagramado,
no te fijes mucho en lo que dicen,
me encontrarás
en cada cosa que he callado.

Ya pasó
ya he dejado que se empañe
la ilusión de que vivir es indoloro.
Que raro que seas tú
quien me acompañe, soledad,
a mi, que nunca supe bien
cómo estar
solo
(Soledad)
Esto que estás oyendo
ya no soy yo,
es el eco, del eco, del eco
de un sentimiento;
su luz fugaz
alumbrando desde otro tiempo,
una hoja lejana que lleva y que trae el viento.
 
(Eco)
Yo soy un moro judío
que vive con los cristianos,
no sé que Dios es el mío
ni cuales son mis hermanos.

No hay muerto que no me duela,
no hay un bando ganador,
no hay nada más que dolor
y otra vida que se vuela.
La guerra es muy mala escuela
no importa el disfraz que viste,
perdonen que no me aliste
bajo ninguna bandera,
vale más cualquier quimera
que un trozo de tela triste.

(Milonga del moro judío)
El deseo sigue un curso paralelo,
y la historia es una red y no una vía,
días y noches de amor y de celos,
una cama se llena y otra se vacía.
(El otro engranaje)
¿Dónde termina tu cuerpo y empieza el mío?
A veces me cuesta decir.
Siento tu calor, siento tu frío,
me siento vacío si no estoy dentro de tí
...
Donde termina tu cuerpo y empieza el cielo
no cabe ni un rayo de luz.
¿Que fue que nos unió en un mismo vuelo?
¿Los mismos anhelos?
¿Tal vez la misma cruz?

(Fusión)
La tierra parece estar quieta
Y el sol parece girar,
Y aunque parezca mentira
Tu corazón va a sanar
Va a sanar
Va a sanar
Y va a volver a quebrarse
Mientras le toque pulsar

Y nadie sabe por qué un día el amor nace
Ni sabe nadie por qué muere el amor un día
Es que nadie nace sabiendo, nace sabiendo
Que morir, también es ley de vida.

Así como cuando enfríe
Van a volver a pasar
Los pájaros, en bandadas,
Tu corazón va a sanar
Va a sanar
Va a sanar

Y volverás a esperanzarte
Y luego a desesperar
Y cuando menos lo esperes
Tu corazón va a sanar
Va a sanar
Va a sanar
Y va a volver a quebrarse
Mientras le toque pulsar
(Sanar)
Estás conmigo,
Estamos cantando a la sombra de nuestra parra.
Una canción que dice que uno sólo conserva lo que no amarra.
Y sin tenerte, te tengo a vos y tengo a mi guitarra.

...
Hay manos capaces de fabricar herramientas
Con las que se hacen máquinas para hacer ordenadores
Que a su vez diseñan máquinas que hacen herramientas
Para que las use la mano.

Hay escritas infinitas palabras:
Zen, gol, bang, rap, Dios, fin...
(Guitarra y vos)
Quien no lo sepa ya
lo aprenderá de prisa:
la vida no para,
no espera, no avisa.
Tantos planes, tantos planes
vueltos espuma
tu, por ejemplo,
tan a tiempo
y tan
inoportuna...inoportuna 

...
¿Quien sabe cuándo,
cuándo es el momento de decir: ahora?
Si todo alrededor te está gritando:
¡Sin demora, sin demora!
(Inoportuna)
Dos paseantes distraídos
han conseguido que el reloj de arena
de la pena pare, que se despedace
y así seguir el rumbo que el viento trace.
(La trama y el desenlace) 
El velo semitransparente
del desasosiego
un día se vino a instalar
entre el mundo y mis ojos.
Yo estaba empeñado en no ver
lo que vi, pero a veces
la vida es más compleja
de lo que parece.

(La vida es más compleja de lo que parece)
Algunas veces, mejor no preguntar,
por una vez que algo sale bien,
si todo empieza y todo tiene un final,
hay que pensar que la tristeza también
se va,
se va,
se fue…
(Se va, se va, se fue)
Cada uno da lo que recibe
y luego recibe lo que da,
nada es más simple,
no hay otra norma:
nada se pierde,
todo se transforma.
(Todo se transforma)
Desde ahora mismo y aquí
hacia donde quiera que estés,
parte de mi alma
parte a tu encuentro.
Sabes que te llevo dentro mío
igual que yo sé que tu me llevas dentro.

Se trata de un leve pulsar
que se abre camino hacia tí
cruzando las estaciones, constelaciones,
los momentos.
Digo que esta vida es llevadera
sólo porque sientes tú
lo que yo siento.
(Transporte)
Estoy aquí de paso, yo soy un pasajero.
No quiero llevarme nada,
ni usar el mundo de cenicero.

Estoy aqui sin nombre
y sin saber mi paradero,
me han dado alojamiento
el mas antiguo de los viveros. 

Hay gente que es de un lugar,
no es mi caso yo estoy aquí de paso
(Tres mil millones de latidos)


--
Salvador Terceño Raposo

viernes, 7 de septiembre de 2012

Intocable: una película inolvidable (o el humor como terapia)

Ea, pues ya pasó el verano. Bueno, si queremos ser cronológicamente rigurosos, hemos de reconocer que aún le restan un par de semanillas que son una mera transición hacia el otoño. Lo que pasa es que a mí, ayer, ya me dieron fuerte y flojo en mi segunda guardia desde la vuelta, tenemos los bolsillos "pelaos" de pagar uniformes, libros y material escolar con el 21% de IVA y el cuerpo medio se me está haciendo. Vamos, que se me está antojando comerme un polvorón y tocar la pandereta...
Pero, ¡qué diablos!, no estoy aquí para hablar del verano, las vacaciones y nuestro veraneo en particular que, por otra parte, ha sido estupendo, recorriendo varias playas de la costa gaditana y dándolo todo en mi Maranchón natal, disfrutando de la hospitalidad de Yoyo y Armando, de Juancar y Mª José, de Isabelo y Loli, de Merce y Alfonso, de mi hermana Marta y mi cuñado Lolo... ¡Rediós! Hemos estado de gorra medio verano... debe ser la crisis y la prima de riesgo. En fin, que millones de gracias a todos los que nos habéis acogido y hecho disfrutar. Os queremos a tope.
Pero, bueno, había dicho que no hablaría del veraneo y ya la estoy liando parda. Hoy quería volver a hablar de una película: evidentemente, la del título del post.
"INTOCABLE" (Francia, 2011), dirigida por Olivier Nakache y Eric Toledano (http://www.filmaffinity.com/es/film217719.html) y que espero que ya muchos hayáis disfrutado.
Hace unos meses, mi querida amiga Yoyo me dijo: "tienes que ver INTOCABLE; te va a encantar". Luego añadió: "Estoy deseando leer tu entrada del blog sobre ella". Y luego babeó un poco hablando de nosequé negro mu fuerte y mu guapo que bailaba de maravilla... y algunos comentarios entre subidos de tono y verduscones que no puedo reproducir en horario infantil...
En fin, darling, que te dedico esta entrada con mucho cariño: ¡Va por ti!
Como siempre, por cortesía de Fimaffinity, la sinopsis:
Philippe, un aristócrata que se ha quedado tetrapléjico a causa de un accidente de parapente, contrata como cuidador a domicilio a Driss, un inmigrante de un barrio marginal recién salido de la cárcel. Aunque, a primera vista, no parece la persona más indicada, los dos acaban logrando que convivan Vivaldi y Earth Wind and Fire, la elocuencia y la hilaridad, los trajes de etiqueta y el chándal. Dos mundos enfrentados que, poco a poco, congenian hasta forjar una amistad tan disparatada, divertida y sólida como inesperada, una relación única en su especie... (FILMAFFINITY).
Creo que no destripo nada porque, cualquiera que haya visto el "trailer" es capaz de obtener una visión global de la historia que va a presenciar durante algo más de 100 minutos. Tampoco se trata de una película en la que el final o su desenlace inesperado soporten un gran peso. Es, más bien, una película edificada sobre los sólidos ladrillos que son esos sentimientos que huyen de relamerse o flagelarse, bien unidos por ese infalible cemento mezclado a base de ingredientes que nunca fallan: la sensibilidad, la inteligencia y el humor.
El argumento, pese a estar inspirado en una historia real (quizá sea esa su mayor virtud), no brilla por su originalidad. Que un millonario tetrapléjico busque cuidador y elija al que el sentido común le haría enviar más lejos y que, éste, resulte ser maravilloso resulta algo previsible. No obstante, donde la película brilla es en la forma de narrar la historia, en su lenguaje, en sus detalles, en la complicidad de los protagonistas y secundarios, en un fresco e inteligente guión lleno de chispa y en unas interpretaciones conmovedoras. La banda sonora te cautiva y te acorrala entre el siempre evocador piano de Ludovico Einaudi, algunas eternas piezas de música clásica y algunos conocidos hits de la música de los 70 (George Benson, Terry Callier, Nina Simone...). El baile que se marca Driss en la fiesta de cumpleaños de Philippe te deja boquiabierto (y a algunas, babeando...jaja) y te descubre insospechadas habilidades en este joven actor.
Los gags se suceden con ritmo vertiginoso y funcionan a la perfección, haciéndote casi olvidar que se trata de un tetrapléjico y su cuidador, cuando más bien parecen dos amigotes haciendo de las suyas y pasándolo en grande, terminando la película contagiado de una felicidad, un buen humor y un buenrrollismo al alcance de pocas cintas.
Creo que ya alguna vez he contado cómo es esa sensación que me hace notar cuándo una película me ha parecido buena: es eso de que durante un par de semanas no puedo dejar de pensar en ella (es una forma de hablar, claro). Me ronda todo el día la cabeza y me obliga a pensar. Parece como si su director hubiera acertado a colarse en mi cerebro y tras tocar algunas fibras y resortes, la película me interroga de forma constante. Pienso mucho en INTOCABLE porque pienso mucho en la enfermedad, porque la tengo muy presente por mi profesión y por la situación de algunos seres queridos.
¿Qué es lo que hizo que Driss (Omar Sy) resultara el cuidador perfecto para Philippe (Francoise Cluzet), devolviéndole las ganas de reir, de disfrutar y de vivir? Un inmigrante negro de clase baja, recién salido de prisión, mal vestido y sin la menor titulación sanitaria. Muy sencillo: le trataba con normalidad, sin sentir lástima por él, sin recordarle en cada momento lo dramática de su situación. Conseguía que se olvidara de la parte de su cuerpo que no volvería a funcionar, haciéndole disfrutar al 300% del 20% que mantenía operativo. Y, sobre todo, sobre todo, sobre todo, derrochando humor. Haciéndole reir, literalmente troncharse de la risa, golfear, bromear, intercambiar golpes de ingenio, pincharle, rozar lo irreverente. El humor como terapia: en resumidas cuentas. El humor como bálsamo, como tratamiento paliativo y curativo, como respuesta a lo que no tiene respuesta, como único, lógico, definitivo e inmejorable antídoto contra la tristeza.
La lógica que tan pocas veces usamos, la coherencia que tan olvidada tenemos: dar normalidad al que la ha perdido, dar risa a quien ha sido invadido por la tristeza, situarnos en el lugar de aquella persona a quien pretendemos comprender.
Todo esto me reaviva esa triste realidad del tiempo en el que vivimos que valora más lo académico que lo personal, lo cuantitativo que lo cualitativo, lo físico y tangible sobre lo humano o lo espiritual. No soy un friki ni un iluso, la formación y la profesionalidad son fundamentales; sólo defiendo que no lo son todo. Que, debieran, al menos, ser complementadas con altas dosis de humanidad, de empatía, de sensibilidad y, ¿por qué no?, de humor.
Cada día, en mi vida y en mi profesión, trato de elevarlas, incluso por encima de de lo razonable. Sólo espero que consigan su propósito, haciendo llegar a otras personas, algo más que paracetamoles o augmentines... Y me gusta pensar que puedo ser un poco como Driss, algo menos negro, de napia igual, bailón pero con menos estilo, tan cortito de currículum y con la misma capacidad de arrancar una sonrisa y de tocar en ese huequito que hay entre el corazón y el alma.
Dios me oiga.

sábado, 14 de julio de 2012

El Pino y el Campoelpino (Personas de las que debiera aprender, capítulo 1)

Con frecuencia, clasificamos todo... ¡Incluso a las personas! Con el agravante añadido de que para ello hay que adjudicarles una categoría, corriendo grave riesgo de errar por falta de conocimiento o profundidad, por prejuzgar o por encasillar a alguien. Esa es una de las más grandes estupideces que pueden cometerse y lo hacemos a diario.
Bueno, pues allá que voy de cabeza. Claro, que depende de cómo se haga; y yo voy a hacerlo de buen rollo, cosa que siempre ayuda. Y, es que hoy, no podía quitarme de la cabeza el temita de la generosidad. ¡Toma castaña! Casi ná... La generosidad...
La cosa es que tengo un amigo al que sería difícil clasificar en la categoría de "la generosidad".
A ver, si la analizamos un poco, por decir algo, podríamos resumir que:
1) Empezando por abajo, están los que no sólo no dan nada, sino que, además, le quitan cosas a otros (butroneros, estafadores, tironeros, rateros, carteristas y políticos, entre otras perlas).
2) Luego, estarían los que no dan nada en absoluto, aunque tampoco quiten a otros (esa subespecie humana conocida como "los ninis", el vecino del cuarto y los que, como se suele decir " van a lo suyo"...).
3) Después, hay personas que dan algo a veces, que es el grupo más abundante (el que un día compra el paquete de cleenex en el semáforo, el que algún domingo echa cincuenta céntimos en el cepillo, el que un día invita a "una refrescante" a alguien (incluso pensando en una probable correspondencia futura), etc...
4) A continuación podríamos tener un escaso grupo de gente espléndida en todos los sentidos, que comparten todo lo que tienen e igual te invitan a desayunar que te regalan algo, simplemente "porque sí" o te echan una mano si estás de mudanza o te traen algo si van de viaje. Gente güena de la que merece la pena, que se acuerda de tí siempre que puede y te lo demuestra. Los hay que, incluso, colaboran frecuentemente con actos solidarios.
5) Finalmente está un pequeño y selecto grupo de personas que han hecho de la generosidad su vida y dan todo lo que tienen a los demás, en un camino de abnegación y entrega que, en casos excepcionales, puede acabar incluso en la beatificación.
Y luego tenemos a nuestro Carlos Pino de nuestras entrañas que, a ver quién es capaz de ubicarlo en esta sencilla clasificación.
Hombreee, Carlos, te quiero con locura, pero lo de la beatificación puede que se nos vaya un poco de las manos y, total, ¿pa qué? Espero que no te importe, miarma. La cosa es que, en honor a la verdad, todo los subgrupos previos se me quedan cortos, pero de lejos y no sé dónde ubicarlo...
En fin, para los que lo conocéis, probablemente no haga falta que justifique mis hiperbólicas palabras, pero, como hay personas que no lo conocen o lo conocen poco, pues lo aclaro.
Carlos es, probablemente, la persona más generosa que he conocido en mi vida. Y no lo digo por decir, sino porque lleva décadas regalando a todo el mundo su tiempo, su dinero y su intimidad, al abrir las puertas de su casa de par en par a todo el que llega. Y no sólo a los amigos de toda la vida, sino a los que se van agregando poco a poco. El grupo de amigos que comenzó siendo del barrio, del colegio (Enseñanza General Básica de aquellos años 70 y 80) y luego de la parroquia y el Campamento, con los años, se fue agrandando a base de hermanos de unos, amigos de otros, novias y esposas, amigos de las esposas, primos, cuñados y concuñados, compañeros de trabajo y, hasta al que sube la bombona de butano (pongamos que se llama Paco), porque aquí no se rechaza a nadie. Todo el mundo es bienvenido. Y se le dice:
-Vente el sábado al "Campoelpino"...
-¿Adónde?.
-Al campito de un amigo...
-¿Y no le importará a él?
-¿A Carlos? ¿Importarle?
Y esa persona llega al Campoelpino un poco cortada, toda timidez y precauciones y se le acerca un tío mu grande, con cara de guasa, que le endiña dos besos y le dice:
-¿A ti te gustan unos huevos fritos que cogí anoche de mis gallinas con unos pimientitos rojos en tiras, así pochaditos...? Espérate, espérate, que te vas a chupar los dedos... Niño, tráele un vaso del congelador a Paco (nombre ficticio, claro) y un litro. Espera, que voy yo... Date un bañito mientras, que el agua está muy buena. Deja las cosas por ahí si quieres.
Y se va para la bodeguita relatando...
-Vamos a meter los vasitos en el congelador, eh. Un enjuagón en el grifo y al congelador, que luego a todos nos gustan los vasitos de tubo congelados...
Pone la cerveza gélida para el recién llegado y se lo lleva a la huerta a enseñarle sus calabacines de concurso, las berzas, las acelgas y las tomateras.
-Luego te voy a abrir unos tomatitos con aceite y sal que te vas a chupar los dedos... ¿Te gustan los tomates? Dame aquella cesta, arfavó...
Te recoge cinco o seis kilo de tomates rojos reventones y te dice:
-Esto te lo llevas luego. ¿Quieres calabacines?
El Paco no tiene tiempo ni de articular palabra. No le salen, porque está anonadado y porque tiene la boca llena de huevos con pimiento morrón y una cerveza en una mano y un cesto lleno de calabacines en la otra.
-¿Quieres huevos de mis gallinas? Antes de irte, recuérdame que te de unos huevos. Pero recuérdamelo, eh, no se te olvide. Si no, te vienes otro día y te das un bañito con los niños. ¿Te has bañado ya? Date un bañito, hombre. Te quedas como nuevo. Dame esa cerveza que ya estará caliente. Date un bañito y mientras te pongo otra refrescante helada como a ti te gusta...
-Sí, sí, gracias.
-El próximo día ensillamos la yegua y te montas un rato, eh.
Y Paco se va algo aturdido para la piscina con sus calabacines bajo el brazo, sintiéndose extrañamente feliz porque jamás nadie le había dado tanto en tan poco tiempo, y se pregunta de dónde demonios ha salido este Carlos, porqué no lo habrá conocido antes y porqué no habrá más gente así.
Mientras Paco se refresca en la pileta, se va para su barrita de la bodeguita y se pone a barrer un poco y a anudar la segunda bolsa de basura para sacarla. Vuelve de la huerta con varios kilos de tomates rojos para hacerle el aliño prometido a Paco y le pone la cerveza fría. Mientras, le dice a alguien que le ponga música, un poquito de Camarón va bien.
Con las mujeres igual, pero además, regalándoles requiebros y piropos, con un taco de arte. Haciendo que todo el mundo se sienta bien, feliz, acogido y parte de un todo que, después de tomarte dos copitas, te parece el universo, el cosmos.
Si un niño le pide un helado y no hay, le dice: "espera un momento". Se va para el coche y conduce hasta el supermercado más cercano y trae catorce cajas de almendrados, por si alguien más quiere. Es su sexto viaje al súper en el día, tras haber ido temprano a por 10 bolsas de hielo y 8 cajas de litronas, la carne, luego pan y regañá, refrescos, dos biter kas (porque le gustan a nosequién) y una latita de berberechos (que se ha enterado que le pirran a Paco). Siempre madruga para meter las cervezas en las cámaras refrigeradoras y organizar un poco aquello, limpiar la piscina, recolectar hortalizas y mil cosas que uno ni imagina. Y siempre está su casa abierta y perfecta para toda su gente güena...
Sinceramente, creo que su generosidad no tiene límites. No creo que acabe alimentando niños desnutridos en el Chad, pero es un tipo que dá todo lo que tiene y hasta lo que no tiene. Abre su inmenso corazón y su casa para el disfrute común y, si pudiéramos sumar el dinero que le ha supuesto durante estos últimos veinte años, quizá pudiera haberse comprado la isla de Creta, que está de liquidación estos días. Y el espectáculo de verlo disfrutar trabajando para los demás, viendo cómo la gente disfruta en su casa... en "El Campoelpino".
Mención especial merece su amada esposa, la guapísima y sonriente Sara. Podría decirse que ella ya lo conoció así, pero dado que las circunstancias familiares, por fuerza, nos cambian la vida, ella podría haber dado al traste con toda esa generosidad, no por egoísmo, sino más bien, por tender hacia lo que en un hogar se entiende como normalidad y en aras de el derecho a la intimidad. Pero, ella ha sabido amoldarse a esa irrefrenable fuerza de la naturaleza que es su marido... o, sencillamente, no ha podido con ella...jaja. Millones de gracias a ti también, Sara, pues su casa es tu casa ahora también.
Mención especial también a toda la familia de Carlos, pues el Campoelpino, cuando comenzamos a ir hace varios lustros, era de sus padres y las puertas siempre estuvieron abiertas para los amigos. Sin duda, gran parte de cómo es él lo debamos a cómo son su padre y su madre, ejemplo de generosidad y abnegación.
Y, la más cariñosa, sincera, merecida, admirada y llena de reconocimiento, Mención especial, honorífica, Cum Laude, con todos los laureles, perejiles, el balón y la bota de oro, la antorcha olímpica, la ensaladera de plata y catorce insignias de oro y brillantes, aplausos, ovaciones, vítores, todo el estadio en pie haciendo la ola, tracas y fuegos artificiales y el himno nacional sonando de fondo para Don José Carlos Pino Garrido, ciudadano ejemplar de la ciudad de Sevilla, vecino del Casco Antiguo y futuro alcalde de Palomares del Río, hermano cofrade de la antigua y fervorosa hermandad de la Virgen de la Amargura y Nuestro Padre Jesús del Silencio, letrado y gestor de asuntos varios, fiel patriota y ejemplar sevillista, adicto a su gente y a la pachanga con los colmilllos de perra bien apretados, futbolero cuyas rodillas arrastran lesiones crónicas por el peso que su descomunal corazón ejerce sobre su tronco, hombre de trabajo y de familia, profundo enamorado de sus dos mujeres, aficionado y gran entendedor del flamenco, la horticultura, el mundo ecuestre y la cocina tradicional, tipo particularmente bondadoso, dotado (con colmo) del arte y de la gracia sevillana, animador, fiestero y propenso a la peluca y al chascarrillo... por su indescriptible generosidad, por dar siempre más de lo preciso, por disfrutar siempre dándolo, por ser un ejemplo para este egoísta mundo en el que todo el mundo va a lo suyo y por tener ese inquebrantable concepto de la amistad.
Tres Postdatas:
*La número uno: el sábado pasado hemos celebrado en "El campoelpino" el 40 cumpleaños de mi grandísimo amigo Andrés. Como siempre, fiesta fuerte y por todo lo alto. No faltó de nada y la madrugada sorprendió a más de uno... Gracias Carlos y Andrés por regalarnos algunas horas para anotar en "nuestra libreta" (ejem). Gracias Nachete por ser de los que tampoco dicen nunca que no y dicen, "sí, ya veré cómo me organizo".
*La número dos: este año celebraremos el 20 aniversario del Roland Garrido, evento veraniego social y deportivo por excelencia. Es el 20 aniversario porque este hombre lleva 20 años haciéndolo, claro. No digo más. ¡¡¡Fiesta fuerte!!!
*La número tres: nuestro amigo Carlos, lo quiera o no, ha acabado convertido en el líder de un clan, de un grupo que lo idolatra consciente y voluntariamente. Esto no siempre ha sido así. En nuestra infancia éramos un grupo de compañeros de lo más normalito, chavales sencillos que destacaban poco, ajenos a los grandes líderes de la clase, los más polpulares, los guaperas, chulitos y listillos de aquella época... Con el transcurrir de los años, a base de amistad, generosidad, franqueza, entrega y todo lo ya explicado antes... gracias a su magnetismo natural, y sobre todo de lo buena gente que es, Carlos es ahora un auténtico líder de masas.
¡Carlos Pino... es nuestro líder! ¡Carlos Pino... es nuestro líder! ¡Carlos Pino... es nuestro líder!
Amigo Carlos, te admiro, te envidio y te quiero más de lo que puedo expresar. Por eso has protagonizado el capítulo 1 de una serie a la que he llamado: "Personas de las que debiera aprender". Eres mu grande.

domingo, 1 de julio de 2012

El primer día del resto de tu vida

Como buen escritor (¡já!) siempre he tratado de huír de las frases tópicas y manidas. Lo recomiendan todas las guías para escritores novatos. Y no traigo a colación ese título porque sea aficionado a prescindir de todas las sensatas recomendaciones que escucho o leo, sino porque es el título de una buena película que vi ayer.
Mi señora se durmió, pero no por aburrimiento, sino por sueño y porque se "envicia" y se "endroga" con el sofá y con los cojines. Y, mira que es pequeño nuestro viejo sofá...
La peli se llama "El primer día del resto de tu vida" (Rèmi Bezancon, 2008. Francia). http://www.filmaffinity.com/es/film692756.html
Es una de esas películas sin puñetazos, recreaciones virtuales ni efectos especiales. Todos los golpes que se dan caen sobre el alma y resuenan por sus recovecos más íntimos. Os la recomiendo, básicamente, porque le encuentro varias sencillas virtudes. A saber:
Lo que cuenta no es nuevo, es más, es tan viejo como la vida y las personas, pero su grandeza radica en la forma en la que lo hace; la verosimilitud de sus cercanos personajes y la proximidad en lo que les pasa.
Recorre territorios comunes a los sentimientos y recuerdos de cualquiera de nosotros, tanto por las interrelaciones familiares como por los cruciales momentos de transición que viven cada uno de ellos. Y, por encima de todo, la delicada y sensible forma en que está narrada, con una especial capacidad del director para reflejar esos pequeños detalles de la vida que, siendo insignificantes, resultan precisos para engrandecerla.
Os guste más o menos, invito al que no se sienta identificado en algún momento de la peli a volver cuanto antes al lejano planeta del que vino.
Otras virtudes: pues, qué decir, una banda sonora muy por encima de la media habitual en la que se recopilan grandes temas.
Por encima de todo, consigue moverte infinidad de recuerdos y todos esos sentimientos que, sabiendo que están ahí, con frecuencia son olvidados durante largos periodos de tiempo. Demasiado largos. La importancia de la familia, del cariño, del ejemplo, de la responsabilidad y la paternidad, de la educación, de la comunicación, del trabajo, de la confianza, de la empatía... y de tantas otras cuestiones que, a menudo, obviamos por la ferocidad con que nos empuja la vida.
Me ha gustado la película porque me ha hecho recordar, sentir y valorar todo lo que tengo y que doy por supuesto, todo lo que puede ganarse o perderse por una decisión equivocada, todo aquello que vertebra y cohesiona y compone mi cotidianedad y, por consiguiente, mi vida.
Por no aburrir más, otro día os hablaré de otra peli que vi ayer (¡Sí, vimos una en la siesta y otra por la noche! ¡Viva el verano!) y que me gustó también muchísimo: "Un dios salvaje", la última de Roman Polanski (2012). Dos matrimonios encerrados en un piso diseccionando involuntariamente sus vidas y diciéndose de todo los unos a los otros. ¡Apoteósica! Ahí os la suelto, por si queréis verla.
Hace poco también vimos una reciente "precuela", la entretenida y muy aceptable "El origen del planeta de los simios" de Rupert Wyatt, 2011.
Ella me empujó a volver a ver "El planeta de los simios" original (no el pastiche de Tim Burton, 2001), de Franklyn J. Schaffner, 1968. Una inconmensurable peli de ciencia-ficción que inevitablemente te hace replantearte la condición humana y sus posibles consecuencias. Como dice Javier Ocaña en Filmaffinity, "Una de las mejores películas de Ciencia-Ficción hechas hasta la fecha. Mantiene todo su esplendor, sobre todo por su apocalíptico final: si no sabes cómo acaba la película tienes toda mi envidia".
Ah, y os tengo que hablar de la trilogía de El Padrino (Francis Ford Coppola, 1972, 1974, 1990) que la he visto estos meses y aún la estoy digeriendo cual cinéfilo rumiante. Igual debería ver de nuevo las tres antes de pronunciarme, pero entiendo que sean unamimemente consideradas entre las 10 mejores películas de la historia del cine...
Uy, uy, uy... que me lío.
Ojalá estuviéramos siempre abiertos a aprender todo lo que algunas películas están dispuestas a enseñarnos.
¡Qué grande es el cine!


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Salvador Terceño Raposo