jueves, 9 de octubre de 2014
“VERANO AZUL”, “BOYHOOD” Y EL SACERDOTE CON ACENTO SOVIÉTICO
miércoles, 14 de agosto de 2013
Ya ha ocurrido... ¡Una sala de cine vacía!
martes, 20 de noviembre de 2012
Así va la vida
viernes, 7 de septiembre de 2012
Intocable: una película inolvidable (o el humor como terapia)
domingo, 1 de julio de 2012
El primer día del resto de tu vida

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Salvador Terceño Raposo
miércoles, 11 de enero de 2012
Dogville: si no la has visto, le debes algo a tu cerebro!
Que sea un amante del buen cine no me convierte en un friki ni me incapacita para disfrutar de algún producto esencial y descaradamente comercial, de la misma manera que uno se deleita ante "Las meninas" de Velazquez, "La gioconda" de da Vinci o el "Guernica" de Picasso y, además, es capaz de disfrutar un rato de los dibujos a tiza que pinta en el suelo un artista callejero.
Recuerdo comedias como "Resacón en las vegas" y "Bienvenidos al norte"; románticas como "Algo para recordar" o "Notting Hill"; thrillers como "Más allá de la duda" o "Poder absoluto"; o de acción como cualquiera de "Arma letal" o "La jungla de cristal" que me han entretenido e incluso interesado. Y confieso que difícilmente podría resistir la tentación de volver a verlas si me las encuentro una noche zapeando por los variopintos canales de nuestra TDT.
Pero, para mí, una buena película debe tener algo más. Sin entrar en detalles técnicos de producción y montaje, etc., la concepción de la película ha de nacer en torno a la necesidad de transmitir algo; una idea, un conflicto, unos valores, una inquietud, un problema; una denuncia... Ese origen, unido a un buen guión, buenos actores y un buen director, han de dar, necesariamente, un buen producto.
Según mi experiencia, todas las buenas películas han provocado en mí dos efectos inequívocos. El primero es esa sensación de satisfacción, de plenitud, en el momento de terminar de ver la película. El segundo, es que se me quedan rondando por la cabeza y sus pensamientos durante varios días, haciéndome recordar escenas, personajes, sensaciones, frases o situaciones.
La última película que he visto me ha dejado ese "efecto secundario" que aún me dura. No puedo evitar recomendarla, aun a riesgo de que alguien me suelte a los perros...
Como ya sabéis por este blog, mi señora ya tolera con cierto gusto las películas "de chinos" que a veces le pongo; incluso, a veces, me dice: "pon una de las tuyas". Hace unos meses puse Dogville (Lars von Trier, 2003) y a los dos minutos estaba resoplando incómoda. Yo soy un hombre casado y sé cuál es mi sitio. Además soy un as pillando las indirectas; así que la tuve que quitar. Hace poco me acordé de ella y decidí verla, pues mi madre me la había recomendado en múltiples ocasiones con esa vehemencia habitual que adoro.
Entiendo que es una peli que necesita una oportunidad por parte del espectador. Tiene una estética absolutamente inusual (y pienso que sorprendentemente genial), casi sin decorados, simple y oscura, cercana a lo teatral, que choca y, por lo extraño, puede provocar cierto rechazo inicial.
Si uno consigue darle esa oportunidad y se deshace de los perniciosos prejuicios, inmediatamente comienza a meterse en la narración, en la historia, en sus personajes y acaba absolutamente dentro del pueblo de Dogville.
A lo largo de un prólogo y nueve capítulos, su director, el genial danés Lars von Trier, desgrana una historia y expone sus cartas sobre la mesa dispuesto a que juguemos una partida con la mente expuesta a golpes y el alma puesta al descubierto.
Copio y pego la sinopsis de la película según Filmaffinity, para que luego digan que no resumo:
"Grace llega a la remota localidad de Dogville huyendo de una banda de «gangsters». Persuadidos por las palabras de Tom, que se ha erigido en portavoz de la pequeña comunidad, sus integrantes se avienen a ocultarla. Grace, en justa correspondencia, acepta trabajar para ellos. Sin embargo, cuando Dogville sea sometido a una intensa vigilancia policial para dar con la fugitiva, sus habitantes exigirán un acuerdo más favorable, que les compense del peligro que corren al darle cobijo. Grace aprenderá, de un modo brutal, que en este lugar la bondad es algo muy relativo. Pero ella guarda un secreto que no quiere desvelar. (FILMAFFINITY)".
Me cortaría una mano antes de contar el final de una película. Bueno, no, pero no lo voy a hacer. Aun así, el final no es lo más importante; esta no es una película policiaca ni un thriller o una de misterio en que, a la postre, se desvela quién mató a novia del detective. Ésta es una película que desnuda y denuncia la condición humana. Nos muestra de lo que seríamos capaces llegado el momento o si las circunstancias así lo condicionan. Muestra cómo el ser humano, de forma individual o colectiva bajo el amparo de una sociedad, es capaz de lo peor, tanto por acción como por omisión y, al ser testigos desde el exterior, tomamos consciencia de que ningún amparo, ningún auspicio, ninguna excusa o justificación, legitiman ciertos comportamientos egoístas, violentos denigrantes y deshumanizantes como los que tienen lugar en Dogville.
La creación y construcción de los personajes me parece sublime. El ritmo narrativo que de desarrolla tiende a la perfección y me recordó al conocidísimo "Canon" de Pachelbel en el que van incorporándose instrumentos y se va acelerando el ritmo a medida que avanza la obra, de forma casi imperceptible. Los actores, a pesar de la teatral puesta en escena, resulta verosímiles en la pantalla, con especial mención para Nicole Kidman (Grace) que lleva con facilidad el durísimo peso de semejante papel protagonista. Me cuesta ver a otra actriz capaz de meterse con holgura en tan brutal papel.
El resto de actores, habitantes de Doville hacen unos notables papeles secundarios. Si se me permite la licencia, a Paul Bettany (Tom) entran ganas de darle dos buenas guantás, porque no se puede ser más tonto. Y los veteranos Lauren Bacall, Ben Gazzara y James Caan aportan con su sutil solvencia un estimable peso a la obra.
Que sí, que sí, que ya acabo.
Motivos para verla:
1-Te vapulea la mente y el alma. Te hace pensar y "sufrir".
2-La valentía del director.
3-La original puesta en escena.
4-Es diferente y conmovedora, pero de verdad, no como los telefilmes de después de comer.
5-Hay que ver el "Guernica" aunque sea un poco raro, en blanco y negro y no se entienda del todo bien.
Asumo que este tipo de películas no tiene porqué gustar a todo el mundo: la recomiendo porque a mí me ha gustado, porque creo que enriquece a quien la ve y porque me apetece, claro. Espero que la disfrutéis.
¡Qué grande es el cine!
Besos para todos.
viernes, 25 de marzo de 2011
Good bye, Cleopatra! ¡Adiós, séptimo arte!
Liz Taylor ha muerto.
Con ella se va una de las más bellas mujeres de la historia del cine.
Durante estos días veremos en cada noticiario y programa temático, multitud de reseñas biográficas calcadas unas a otras. Los periodistas harán su trabajo y buscarán datos en la red para contarnos una vez más lo de su turbulenta vida amorosa, lo de sus ocho matrimonios, lo de su tormentosa relación con Richard Burton. Nos repetirán hasta la saciedad aquello de su gran amistad con Rock Hudson y su determinada lucha contra el SIDA. Volverán a pasar esas imágenes cogidas de la mano de Michael Jackson, recordándonos lo íntimos que eran y aquellas últimas apariciones televisivas que quedarán para el recuerdo.
Al parecer nadie nos va a contar nada que ya no sepamos. Echo de menos la emisión de algún elegante documental en el que lleguemos a conocer un poco más a la mujer que fue. O una entrevista en V.O.S.E. en que, libres de los corsés de la interpretación y el doblaje, palpemos en su esencia la calidad de la persona, su timbre de voz, su forma de sonreír, de mirar, de callar, de pensar…
Por otra parte, cada vez que perdemos a una de estas míticas estrellas, me hace tomar consciencia de cuán lejos queda aquella forma de hacer cine que, al igual que la hermosa Liz, ya nunca volverá.
La era digital, los efectos especiales y las grandes superproducciones, con el único y loable fin de recaudar ganancias, han relegado a un segundo plano al ARTE, a la preocupación por la belleza y la narración visual, por el texto estudiado, por la fotografía sublimada, por la partitura perfeccionada y la interpretación volcada, a veces desde las vísceras y otras desde el alma.
Good bye, Cleopatra!
¡Adiós, séptimo arte!






