martes, 27 de noviembre de 2012
El 40 cumpleaños de "Martha11"
martes, 3 de abril de 2012
Las "40 primaveras" más preciosas del globo terráqueo
lunes, 5 de marzo de 2012
A propósito de Nachete...
Yo tenía ocho años y medio, como decíamos entonces, y despertamos en la compañía de mi tía Sol, por entonces aún una jovencita soltera. Le habían pedido que viniera a cuidarnos cuando mi madre se puso por cuarta vez de parto.
Cuando volvieron del hospital percibí con sorpresa que mi minúsculo hermanito tenía la cabeza un poco apepinada, con la forma aerodinámica de un obús. Entonces no lo entendí, básicamente porque no entendía casi nada. Hoy día empiezo a comprender un poco ese diseño especial de la parte más prominente de su anatomía; de hecho la más incisiva según la postura en la que se disponga su cuerpo, como por ejemplo para correr mucho, lanzarse a la piscina de cabeza o volar cual tenaz superhéroe.
A medida que fueron pasando los años y mi hermano fue creciendo, nuestra relación se fue estrechando o ensanchando, según se mire.
Con pocos años era como un tierno juguetito para los tres mayores. Alucinábamos al ver su carita cuando varias veces durante el mes de enero volvíamos a colocar todos los juguetes de los reyes magos en el sofá y repetíamos la escena de la mañana del 6 de enero. Su rostro era un maravilloso poema. Luego fue creciendo y los mayores empezamos a pelearnos por la papilla de fruta que dejaba por las tardes. Dichos cambios en la dieta, inherentes al desarrollo, hacían que ya no nos apeteciera presenciar cómo mi madre le cambiaba el pañal cuando se hacía caca. Si no, que se lo digan a mi amigo Fali que una vez en el patio de Las Dueñas pegó una tremenda arcada-con-propina al contactar sensorialmente con uno de sus "pastelazos". En fin, como decirlo, que el niño se nos hacía grande.
Comenzó a ir al Jardín de Infancia "Las Dueñas", donde se enfundó sus primeros disfraces en las fiestas de fin de curso; recuerdo uno naranja de pollito que no tenía desperdicio. Y luego al cole; primero al de los pequeños y luego al de los mayores, como está mandado. Ahí comenzó ya a venir todo el día pegadito a mí, de un lado para otro, siempre enredado entre las piernas, como el perrillo de George Valentine, el actor de cine mudo protagonista de "The artist". Yo lo llevaba a judo y a jugar al fútbol, le paseaba por los pasillos en una manta, le enseñaba los mejores escondites de la casa, tumbado en el sofá, le hacía volar subido a mis piernas, le enseñé los secretos para componer un buen equipo de chapas y los trucos del Spectrum Plus, le pasaba una y otra vez en el SúperCinexín las películas de Flash Gordon y Mickey y la lámpara mágica, yo que sé...
Durante muchísimos años compartimos cuarto. Cuando yo era un adolescente, él ya se había convertido en un niño grande, medio persona, si se me permite la expresión, y me lo llevaba a todas partes. Con mis amigos, a jugar al fútbol, al club juvenil de la parroquia, de aquí para allá, creciendo, creciendo, creciendo sin piedad ante mis ojos.
Luego llegó la edad del pavo y empezó a ponerse un poco pavo; ¿qué decir?, esa edad es lo que tiene. Nada serio; algo desobediente y desafiante ante la autoridad local, o sea, yo. Ahí tuvimos nuestras pequeñas diferencias pero no llegó la sangre al río y pronto las aguas volvieron a su manso cauce, permítaseme la redundancia de sendas metáforas fluviales.
Un buen día, de repente, descubrí fascinado que me había sobrepasado en edad. Se había vuelto muy maduro, se había echado novia y tripa, vestía ropa clásica y lucía patillas modelo "los-cuñaos-de-eso-es-así". Hecho un pureta, vamos. Andaba siempre para arriba y para abajo, de sarao en sarao, devorando cofradías en Semana Santa y cerrando casetas en Feria, guitarreando en el Rocío y carnavaleando en los carnavales... ¡Pura vitalidad! Mi primo de Madrid, Juancar se partía el pecho con las explicaciones de mi madre ante la evidente dificultad para tenerlo sentado cinco minutos: "Es que tiene mucha vitalidad".
Mas, ¡ay, granuja!, que el enano pinchaba en los estudios... ¡Pero cómo no iba a pinchar, si tenía los libros con el precinto! Tras pasar fugazmente por la escuela de peritos agrícolas, decidió dar el salto a lo que parecía ser una vocación más real, el magisterio. Y ahí fue enderezando su vida, aprobando asignaturas el tío con la metralleta ra-ta-ta-ta-ta y finiquitó la carrera con decisión y solvencia.
Una nueva disyuntiva en su vida. ¿Que camino tomar? ¿Opositar o buscar trabajo? Ahí surgió el germen de su aventura americana consistente en un enriquecedor bienio en Carolina del Norte. El pueblo de Hickory no ha vuelto a ser el mismo desde que él estuvo y luego se fue. Él no ha vuelto a ser el mismo desde que se fue y volvió. La vida le enseñó a vivir y creció para adentro. Se sentía como un vergel... como un pozo... (guiño para el artista y sus entusiastas seguidores). Entonces era sólo él. Él y su vida. Él y su trabajo, su coche, su apartamento de alquiler, sus muebles, sus cuentas, sus amistades, su dieta, su ahorro... Él y la distancia. Él y su soledad.
Lo que a otros podría haber afectado negativamente, a él le enriqueció y le convirtió en un completo adulto. Sentía y pensaba diferente a como lo hacía tres años antes. La madurez le alejaba de la agitación que antes le atraía. Algunos amigotes andaban algo estancados en lo que ahora constituía su pasado y su cuerpo le pedía pasar página. Pasar las páginas de tres en tres.
En su segundo año en los EEUU de NA se dedicó en cuerpo y alma a preparar las oposiciones de magisterio y tres cuartos de hora después de bajarse del avión en el aeropuerto de San Pablo (es una forma de hablar) se presentó y aprobó las oposiciones. ¡Con nota! El niño se nos había convertido, de la noche a la mañana, en funcionario del estado en su cuerpo de maestros en su sección de lengua extranjera o como se diga.
Casi al tiempo de comenzar a trabajar, comenzó casi por azar a dar sus primeros pasos en el mundo de la farándula (narración oral, eso). Un conocido cuentero sevillano (Carloco) pagó su cláusula de rescisión y se hizo con sus servicios, pasando ambos a fundar la compañía de títeres y cuentacuentos NoNiNá (http://webnonina.blogspot.com/). Desde entonces, sólo o acompañado, dedica su tiempo libre y parte del tiempo recomendado por los expertos al reparador sueño, a deleitar a niños y adultos con sus cuentos y sus obras de títeres, habiéndose convertido en un verdadero experto en llenar las bocas de sonrisas y los corazones de felicidad.
Y lo más importante de todo, se le ve feliz. Disfruta brutalmente con todo lo que hace. Su cabeza ya no está tan apepinada como cuando llegó a casa recién nacido (de pelo ahora anda parecido), pero su vitalidad es la misma de siempre, aunque con significativas mejoras en la canalización. Ni que decir tiene que en ello influye notablemente su conSciente espiritualidad. Para las personas como él deberían existir los días de 26 ó 27 horas, aunque los calendarios se embarullaran un poco. Le falta tiempo en cada uno de los días que vive. Sus días son algo así: por la mañana se va a correr y luego ensaya los títeres o crea marionetas, luego almuerza frugalmente y se va a trabajar (habitualmente de tarde); al salir, cuenta cuentos a niños en una biblioteca de Montequinto y luego a adultos en El Colectivo o La Estación. Se acuesta a las mil y, al día siguiente, vuelta a empezar. Otro día se va a contar a Villamartín o a Aznalcóllar o anda haciendo un curso de teatro o le sale una animación para un cumpleaños, hacer de maestro de ceremonias en una boda o poner al Tío Grillo en Adivino en una librería.
El tío, solito, se ha cargado el refrán ese de "Quien mucho abarca, poco aprieta", porque abarca y aprieta como el pulpo gigante de siete brazos. Y luego está el efecto que produce en las personas: los rostros que le ven y le escuchan. Eso sí es un espectáculo. Da igual que se trate de niños o de adultos, el efecto es el mismo. Antes de que se den cuanta, se los ha metido en el bote y le observan embobados, con esa medio sonrisilla de complicidad, de admiración, de satisfacción, de disfrute... como si les hubiera hecho cosquillitas en el alma con su grave voz y las elegidas palabras. Yo a veces, cuando voy a verle, me debato ante la disyuntiva de mirarle a él u observar las reacciones en los rostros del público con lo que siempre me pierdo algo.
En fin, tampoco creáis que es todo un paseo de rosas, que también tenemos nuestras diferencias, como cuando hablamos de politiqueos o de la invasión de los chinos o de alguna película sobre la que diferimos. Ciertas cosas las vemos de forma diferente, pero, ¿no es eso lo más normal del mundo?
Sé que ahora se siente intimidado porque yo he relanzado mi carrera artística con el anuncio de la primitiva, y teme dejar de ser el artista de la familia (jaja) y no sé cómo hacerle saber que nuestras carreras artísticas nunca nos separarán porque le quiero con locura; le quiero todo lo que se puede querer a un hombre con quien compartes sangre y alma, alguien a quien te sientes profundamente adherido pese a esas inevitables zonas de menor cohesión en nuestras pequeñas fronteras.
¿Qué por qué cuento todo esto? Pues porque no me lo podía callar.
Hoy celebro que hace 32 años que legaste a mi vida, hermano.
Te quiero.
domingo, 23 de octubre de 2011
Mis 40 castañas y una gran noche
Como diría Paco Umbral, "he venido a hablar de mi cumple".
La semana pasada fue mi 40 cumpleaños. Yo no he sabido qué es eso de la crisis de los cuarenta ni nada por el estilo. Todo el mundo me pregunta: ¿Qué, cómo lo llevas? Y yo: ¿Qué cómo llevo el qué? Que no, que no, que no me pienso deprimir. Tengo ya más años que un bosque, pero me siento bien, mi gente está bien y yo soy feliz…
El día real de mi cumpleaños fue un día absolutamente normal. Madrugué, fui a trabajar por la mañana. Atendí pacientes. Regresé a comer a casa y en familia. Hicimos todas las cosas que se hacen con los niños: llevar y traer del cole, hacer deberes, jugar, bregar, bañarlos, hacer cenas, leer cuentos… Y, como colofón, nos cenamos un delicioso "sandwichito" que hizo mi señora y nos dormimos viendo alguna de esas series de criminales y polis que tanto nos gustan…
Bueno, lo confieso, a mitad de la tarde sufrí una pequeña crisis existencial. Me llamaba la gente para felicitarme y me preguntaba: ¿Qué hacéis hoy? ¿Haréis algo especial, no? Y me fui agobiando, pensando: ¡¡¡¿Es que al final no vamos a hacer nada especial hoy, o qué?!!! Me irrité un poco tontamente porque, luego, me di cuenta de que realmente no quería hacer nada más que lo que hice: estar con mi mujer y mis hijos y disfrutar de ellos y de un maravilloso día "normal".
Para el sábado andábamos preparando una fiesta, de esas que quedarán para el recuerdo. Elo siempre me reprocha que no le he dejado que me haga una fiesta sorpresa, y es que, desde que empezó el año tenía en mente que quería montar este sarao. Me hacía mucha ilusión juntar a todos los amigos con los que he compartido cosas y tiempo durante estos años y, dado que celebraciones familiares hago todos los años (incluido éste) quería que tuviera un carácter joven y desmelenado… (sí, claro, desmelenado). Por ello decidí prescindir de padres, madres, tíos, tías, abuelos, abuelas, niños y niñas. Además, tampoco quería que se me convirtiera en una boda, por lo que hube de limitar la lista, dejando fuera, con todo el dolor de mi corazón, a muchos conocidos, antiguos y actuales compañeros de trabajo y resto de familia propia y política.
Al final, tras mucho pensar, planificar y preparar el sarao, llegó el día y todo salió perfecto. Elegí el bar SUR, en la calle Carlos Cañal de Sevilla, porque nos encanta y porque es de unos amigos, Diego y Carlos. La crisis hace que el negocio ande con la bandera a media asta y un achuchón les vendría muy bien. Además, el SUR ha sido testigo de dos exposiciones de mis cuadros y allí celebramos con la familia el bautizo de nuestro mayor; o sea, que forma un poco parte de nuestras vidas.
Al final, acudieron unas 70 personas entre amigos y primos. A cada uno de ellos les tengo que dar las gracias de todo corazón por estar en mi cumpleaños y en mi vida. Los quiero con todo mi alma y me siento afortunado de contarles entre "los míos". Finalmente, hubo también muchos otros "de los míos" que no pudieron venir, por un motivo u otro… bodas, despedidas de soltera, viajes, cuidado de hijos o padres, reuniones de antiguos alumnos, distancia insalvable… a todos los tuvimos muy presentes y los echamos de menos.
Sííííí, ya lo sé, sobró comida por un tubo. Se nos fue la mano. Y es que no es fácil calcular para tanta gente y siempre te da miedo quedarte corto. Diploma de honor a la paciencia para mi "Chiqui" que ha sido mi mano derecha y parte de la izquierda en todo este montaje. ¡Dios, qué capacidad de currar y qué talento para los fogones! Evidentemente, sin ti hubiera sido imposible… bueno, te quiero tela pero tampoco hay que mentir, imposible no, mucho más difícil y peor en todos los sentidos. Te quiero taco, amorcito, ya lo sabes.
La guinda del pastel la puso mi hermano Nacho con uno de sus espectaculares montajes. Ya sabéis, ¡¡¡pura vitalidad!!! Añadió a la reunión de un grupo de personas unas pinceladas de espectáculo, una pizca de poca vergüenza, un saco de cariño, dos sacos de recuerdos, tres cucharadas de nostalgia, dos puñados de talento, cuatro espuertas de risas y una pizca de guasa. Todo muy bien removido y mezclado hasta que el auditorio no podía parar de reír. Sólo puedo tener palabras de agradecimiento hacia él por elevar a infinito el resultado de la fiesta que yo había soñado. Algo empecé a sospechar cuando me dijiste algo mustio que estabas super-liado y no habías podido preparar nada… jeje. Y voy yo el lunes y te meto dos golitos… ainnnsss. Te quiero, enano, ya lo sabes. Eres grande.
Por lo demás, sólo puedo añadir (que ya estará pensando mi primo Luis que no hay manera de que resuma un poco…) GRACIAS, GRACIAS, GRACIAS Y MIL GRACIAS A TODOS. Gracias por una noche especial que no es más que el reflejo de una vida especial junto a todos vosotros.
Que nadie se enfade, pero quiero hacer algún agradecimiento concreto (sin orden de importancia):
Gracias a los familiares menos jóvenes por comprender su ausencia. Ésta no guardaba relación alguna con el cariño que siento por ellos, sino más bien con el concepto de fiesta que yo había pensado. Gracias, papá y mamá por darme la vida y por darme esta vida. Os quiero todo lo que se puede físicamente. Gracias, Ana por quererme como a un hijo y por esa "peaso" de tarta. En dos palabras, im-presionante.
Gracias por su especial esfuerzo (económico y kilométrico) a los amigos de Maranchón: Juancar, Mª José, Íñigo "el terror del Rockefeler" y "la stripper" Javi. No tengo palabras. Sin duda, ha sido un fin de semana a tope de power.
Gracias a mi pandilla del cole por acudir al enésimo cumpleaños del año. Todavía queda el de Paco y "las repescas"… ¿Quién da más? Prometo esas fotos que luego nunca mando con mi peaso de Flash "Gordo"…
Gracias a "mi" pandilla de Elo por volcarse, a los que vinieron de Madrid, Córdoba, Jerez, Ceuta, Nervión… jaja. Nos vemos ya tan poco que cualquier ratito juntos sabe a gloria. La perfección hubiera sido que no hubiera faltado nadie.
Gracias a todos los primos paternos y maternos, incluidos los que querían venir y no pudieron. Gracias a Rocío y Pepe por su especial esfuerzo. Me encantó teneros a todos a mi lado ese día.
Gracias a mis hermanos por estar siempre ahí y ser, cada uno a su manera, como son. No puedo imaginar lo que hubiera sido mi vida sin ellos, sin su presencia y sin lo que me enriquecen cada día. Gracias a todos, hermanos carnales y políticos, por vuestra inestimable ayuda con tartas, salmorejos, preparativos, animación, recogida final, etc. Os debo dos.
Gracias a otros amigos que vinieron un poco sueltos; gracias Eva y Beni, gracias Juani y Cristina, etc. No quiero empezar a nombrar para que no se me pase nadie. Bueno, ya lo he hecho.
Con la R: algo que yo no sé hacer… Resumir.




