Collage íntimo

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Trocitos...

sábado, 15 de junio de 2013

Despedida y legado de nuestra dulce Marga. Non omnis moriar.

Ya ha ocurrido otra vez. La peor cara de la muerte se ha vuelto a llevar prematuramente a una gran persona, a un ser humano excepcional que no merecía tan cruel destino. Que haya un ángel más en el cielo no nos consuela a las personas que sólo deseábamos algo tan simple como seguir disfrutando de Marga, de su sonrisa, de su alegría, de su fuerza.. de su presencia.
Con Marga me ha ocurrido algo que sólo ocurre en contadas ocasiones a lo largo de la vida. Estoy habituado a que la presencia y/o influencia emocional de alguien en mi día a día resulten proporcionales al grado de consanguinidad o la antigüedad de la amistad. A ella la conocí hace relativamente pocos años y son, quizá, sus años de enfermedad los que nos han acercado. Nuestro cariño (hablo en plural porque comparto todo este sentimiento con Elo), preocupación y dolor fueron creciendo a medida que su enfermedad avanzaba. Su fuerza, su entereza, su madurez y su capacidad de lucha hicieron nacer y desbordarse un sentimiento de profunda admiración por ella y por su familia, así como una profunda toma de consciencia del increíble amor que sentía por mi mujer y por mis hijos. Un aprendizaje vital sobre lo que realmente importa y sobre cómo se ha de mirar al coco a los ojos y decirle "no te tengo miedo", "voy a luchar hasta la extenuación".
Marga nos ha regalado con su marcha algo impagable, una lección imprescindible compuesta por dos temas esenciales: El primero y más importante, disfruta de la vida y ama a tu gente pues no sabes lo que te espera a la vuelta de la esquina. El segundo, ten fe siempre, lucha mientras tengas fuerzas, sonríe incluso cuando todo vaya mal.
He aprendido a admirar profundamente a Valentín, su ejemplar marido. El hombre bueno y sereno que, gracias a su talante y a la paz que tiene y desprende, ha sabido hacer transitable el duro y cada vez más angosto y espinoso camino. Su presencia incansable, su sonrisa afable, su mirada tierna y su amoroso trato ha sido un continuo bálsamo en las heridas del cuerpo y del alma de nuestra querida Marga. Reza el adagio que no hay almohada más blanda que la conciencia tranquila, y saber que has hecho todo lo que has debido y podido, aunque no calme el dolor de la pérdida, seguro que amortigua parcialmente sus crueles punzadas.
El dolor de la familia, de esa madre hundida, agotada e indignada... y de los desgarrados hermanos, desprovistos de una insustituible parte de si mismos… de esos preciosos hijos aún ajenos al dolor, protegidos por la bendita capa aislante que proporciona su niñez, su inmadurez…  no me atrevo a describirlo con palabras tan simples como osadas, que siempre quedarán pequeñas. No me atrevo, ni siquiera, a pensar que puedo imaginarlo. Sólo siento cómo una extraña fuerza me empuja a unirme a él, a compartirlo, a sufrirlo con ellos a hacerlo mío por si ayuda, por si, al repartirlo, fuera capaz de menguarlo.
Mi amiga Yoyo se ha comprado un libro de citas comentadas y nos envía un poco de su sabiduría cada día. Hoy, tras el entierro, ha reenviado una de Horacio, de tiempo atrás. "NON OMNIS MORIAR" (No moriré del todo). Me encanta, sobre todo, porque habla de una actitud durante la vida y, fundamentalmente, ante la muerte. Habla de una actitud de consciencia, de determinación y de fe. Es evidente que quien cree que existe " ese algo" después de la muerte, cree que cuando su cuerpo muera, no morirá del todo. Igual que el que cree en la trascendencia de sus actos y en su perdurar en personas y entorno cercano...

No moriré del todo porque no muere del todo quien tiene fe.


No muere del todo quien deja algo en la tierra.
No muere del todo quien ha amado, pues su amor perdura siempre. Ni quien ha regado a su paso con bondad ilimitada.
No puede morir del todo quien ha compartido media vida con otro, quien ha creado tres pequeñas vidas que laten con la salvaje e insolente fuerza de la niñez... quien ha regalado sus diminutos genes y su alma partida en tercios.
No puede morir del todo quien te ha enseñado algo, pues vive en lo aprendido; en tu experiencia. Y quien te ha enseñado cómo vivir, sin remedio vivirá en tí.
No puede morir del todo aquella persona con quien has reído o llorado, pues revivirá en cada sonrisa y en cada lágrima.
No puede morir del todo quien consigue grabar recuerdos gratos en las memorias ajenas, quien ha hecho brotar en una amigo el deseo de ser mejor, de ser como él, de hacer las cosas a su manera. Con su fuerza, con su fe, con sus ganas y energía, con su alegría, con su valentía, con su decisión, con su elegancia, con su humor, con su tenacidad, con su brillo...
No muere del todo la estrella fugaz que deja su pequeña estela luminosa, apenas como un parpadeo, prendida en nuestra memoria en forma de deseo.
Y, por encima de todo, no muere del todo quien yo deseo y decido que no muera del todo. Aquella persona a quien recuerdo intencionadamente con frecuencia, aquellos cuyos nombres repito. No muere quien me dejó algunas anécdotas que contaré en torno a una mesa, quien me dio un ejemplo y sabiduría que pienso aprovechar, quien confió en mí y aprendió que podía contar conmigo siempre, quien me invitó a aprovechar la vida en cada milésima de segundo, quien me brota sólo en forma de palabras hermosas, quien me hace latir el corazón con fuerza, quien ya forma parte de mí porque compartió mi tiempo en el mundo, quien hizo mi mundo un poco mejor...
Gracias, Marga, por lo vivido, por lo compartido, por lo dejado, por lo aprendido. Por tanta enseñanza y tanto ejemplo. Por mostrarlos toda la bondad que puede hallarse en el universo. Por no morir del todo y quedar un poco en nosotros y en nuestros recuerdos.


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Salvador Terceño Raposo

domingo, 21 de abril de 2013

El miércoles santo y el adiós de la Tita Conchi

Me sabe mal tener mi blog tan abandonado... pero no tanto como tener que volver a él empujado por el dolor. Vuelvo a él porque sufro y porque necesito contar cosas. Nada más terapéutico que "sacarlo todo" afuera. Y, ¿dónde mejor que aquí?
Hace ya cerca de dos años escribí sobre la muerte (y la vida, claro) de mi tío Luis y hoy, por desgracia, tengo que hablar de otra dolorosa pérdida.
El pasado Miércoles Santo, por sorpresa, abandonaba mi vida mi "tita" Conchi. La que fuera mi madrina y hermana de mi padre y de mi padrino, mi tío Joaquín.
Mi padre, mi hermano Nacho y yo, como buenos baratilleros, cada Miércoles Santo disfrutamos de la tradición de madrugar para ir a la misa de los hermanos en la capilla. Esta se celebra a las ocho de la mañana y luego pasamos la mañana juntos visitando las iglesias de La Sed, San Bernardo y alguna otra de las del día. Desayunamos y charlamos de nuestras cosas con la pausa de un día de fiesta.
Este año la triste noticia nos desgarraba el alma apenas despuntaba el día. Mi tío Joaquín se enfrentó a la misma dificultad y facilidad a la hora de comunicármelo como me encontré yo, después de su llamada, a la hora de transmitírselo a mi padre y a mi hermano. Las palabras no quieren salir, temen el dolor del otro, la sorpresa brutal, la sangre helada detenida en las venas. Pero las palabras han de salir; no tienen opción de quedarse dentro ni de mutar su mensaje. Y salen sin remedio: la tita Conchi ha fallecido. No disponemos de suficientes explicaciones; los datos son parcos y ambiguos. En el fondo ya da igual porque ella se ha ido.
El mazazo en el alma es despiadado y brutal. La cabeza es la que primero lo aqueja. La noticia nos noquea durante un buen rato durante el cual no sabemos bien cómo reaccionar. Luego, a medida que pasan los minutos y las horas, la mente, con su despiadada eficiencia, asimila las palabras y los hechos y se inicia el sufrimiento del alma. Ya no la veremos más.
Ya no veremos más su sonrisa entrañable ni disfrutaremos de su cálido abrazo ni de su infinita hospitalidad. Hay tantos recuerdos (tan antiguos como la persona que soy) en los que las paredes de la casa de mis tíos Conchi y Gustavo son el escenario que resulta complicado enumerarlos u ordenarlos: las Nocheviejas con el brindis de la familia "Ausentes y presentes, de hoy en un año" y aquellos inolvidables especiales de Martes y Trece, las tardes del día de Reyes, las meriendas del día de la Inmaculada, las partidas al "Diccionario", las salidas de San Roque y Los Negritos, las meriendas con los niños, los días en la playa... Siempre con su alegría y su generosidad, su sentido del humor, sus idas y venidas a la cocina trayendo y llevando cosas, sus regalos para todos, sus sempiternas dietas para adelgazar, sus consultas médicas, su siempre exceso de preocupación, "cuidado con la puerta del ascensor", y su anecdotario dislocado "Terceño, con P de Barcelona" y esas cositas tan suyas y con las que tanto nos reíamos...
Echaremos de menos las risas de cuando nos metíamos con su manía de cambiar los muebles de sitio cada dos por tres, ni con su afición por las compras en Portugal, su "afición" por los funerales, ni cuando le decía siempre a mi padre aquella frase de "tú estás más delgado..." porque ella siempre encontraba en los demás la delgadez que deseaba para si.
No puedo evitar sufrir por su pérdida, por no tenerla, por no poder aconsejarla más y mejor, por su mala suerte, por lo que se ha quedado sin vivir y por lo que yo y los míos ya no vamos a vivir de ella. Me duele el alma por cada vez que no pude ir a verla un rato a su casa a tomar un cafelillo y charlar de las cosas de la vida. Como este Domingo de Ramos en que, como casi siempre, reunió a su gente con la excusa de ver salir San Roque. Al final, se nos hizo tarde y los niños estaban muy cansados... Lo dejamos para otro momento, porque siempre damos por supuesto que habrá otro momento... 
Hubiera sido algo parecido a una despedida. Un pequeño bálsamo para nuestro corazón. Una pizca de consuelo capaz de paliar en parte tanto desconcierto y tanto dolor ahogado. Esa paz que otorga la sensación de haberte "despedido" de alguien, aunque no supieras que se trataba de una despedida, aunque no fuera más que un último momento cotidiano.
Es curioso, pero las lágrimas tardaron en salir. Creo que en un primer momento, la sorpresa y la incertidumbre consiguieron más alertarme que derrumbarme. Por mi profesión tengo más contacto que el que desearía con la muerte y he aprendido que con frecuencia ésta llega sin avisar y no siempre sabes cómo explicarlo. Ello, indefectiblemente, te hace aceptar la muerte de forma diferente. Las siguientes horas trascurrieron por territorios comunes y momentos parcialmente "ya vividos". Las llamadas, los encuentros, compartir el dolor con la familia, los recuerdos y las conversaciones triviales, los incómodos silencios, ver cómo otros encajan la noticia, ver cómo la noticia cambia en ti... Y ese estar en el tanatorio con la sensación de que iba a aparecer en cualquier momento...
Al día siguiente tuvieron lugar una misa y el entierro. Siempre había pensado que, con la cantidad de funerales y misas de difunto a los que asistía la tita Conchi, el suyo estaría, algo así como la boda de Lolita. Era un pensamiento tonto pero me parecía lo justo. La capilla del tanatorio de San Jerónimo mostraba un lleno muy digno pero sin la menor apretura. Llegué muy justo y, tras colocarme en una esquina, escruté la sala y me pareció perfecta. No hacía la menor falta que rebosara de gente, estaban los que tenían que estar, su familia, sus amigos, su gente.. y el dolor y el cariño inundaban la sala con un ambiente tan íntimo que me sobrecogió. Luego, en el momento de la comunión, sus más cercanos seres queridos desfilaron por delante del féretro y fue entonces cuando lloré. 
Yo no quería que se me notara mucho, evidentemente no por nada relacionado con una mal entendida virilidad, sino por una mera y bien entendida discreción. Mi hermano Nacho se percató y me dejó unas cálidas e inolvidables caricias en el cuello y la espalda. Luego me serené.
Me quedo con esas caricias, con mis buenos recuerdos, con su gran familia, Gustavo, Pilar, Beatriz, Lucas y Joaquín, las niñas... con los amigos y con lo que de ella queda en mí. Me quedo con lo que aprendí de aquellos dos días de dolor, de las lágrimas en ojos ajenos, de las palabras nuevas que me ayudaron a conocerla y quererla más.
Me quedo con todo eso y con la cruel y rica enseñanza de que a veces no hay un mañana y no podemos andar siempre dejando cosas para más adelante, sobre todo en lo que respecta a cosas importantes como pasar tiempo con aquellos a quienes quieres.
Gracias por todo, tita Conchi. Te llevamos en el corazón y te querremos siempre.

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Salvador Terceño Raposo

jueves, 10 de enero de 2013

Pensamientos y deseos para el 2013

Pasó la navidad (que, por cierto, he estado muy liado y no os he felicitado... ¡Felicidades!) y comienza un nuevo año.
Las duras circunstancias económicas y políticas de nuestro país parecen eclipsar a cualquier otro sentimiento en este momento. Pero no debemos dejarnos invadir por el desánimo o el hastío. Con el tiempo las cosas mejorarán. Puede que tarde años y, de algún modo, hay que seguir viviendo. Detestaría parecer ingenuo o cándido, y respeto profundamente el sufrimiento de tantas y tantas familias con miembros en paro y significativas mermas en su economía, pero, en la medida de lo posible, no debemos dejarnos arrastrar hacia una vida de tristeza y pesimismo.
El resto de noticias que uno escucha en los noticiarios tampoco ayuda mucho: interminables redes de pederastia y pornografía infantil, guerras con mayor o menor interés económico oculto, violencia de género, terrorismo, catástrofes naturales, muertes precoces por accidentes de tráfico o fiestas descontroladas, desahucios, marginalidad, tráfico de drogas, de órganos o de bebés, prostitución y proxenetismo... vamos que dan ganas de gritar aquello de: "¡Pare, que yo me bajo en la próxima!" 
La vida se compone de muchas facetas y debemos valorarla en su conjunto. Con frecuencia pienso en esos ultras del fútbol para los que su equipo es lo primero o, en el peor de los casos, lo único. Cuando el domingo por la tarde su equipo pierde, el mundo se viene abajo y oscuros sentimientos (que van desde una absurda e infantil tristeza hasta la ira, más o menos contenida) se apoderan de ellos. Andan amargados y amargándole la existencia a aquellos que les rodean, ya sabemos hasta qué punto... Son los riesgos de vivir una vida "monofacética".
Cuando, por el contrario, en tu vida conviven diversos valores e intereses, que tu equipo pierda un partido puede moverte sensaciones de insignificante relavancia al compararlas con las que de verdad importan.
La familia, el amor, la solidaridad, la salud, los hijos, la cultura, la espiritualidad, el arte, la religión y tantas otros "haceres", "haberes" y "sentires"... dejaré que llenen el desazonador vacío que me produce la situación económica actual, la costosa inoperancia nuestros políticos y la desaforada y maquaivélica voracidad de los banqueros, plasmada en la incertidumbre a la que nos han abocado.
Veo fundamental, más necesaria que nunca, la vivencia de un positivismo activo, convencido y valiente. Disfrutar y enriqucernos (a nosotros mismos y a lo que nos rodea) de la capacidad de hallar y proyectar sólo sensaciones y acciones positivas, optimistas, bondadosas, humanas, sensatas, coherentes, prudentes, alegres... Sacudirnos todo lo negativo, lo que nos merma y empobrece. Aquellos hábitos, facetas o personas que oscurecen nuestras vidas como auténticos nubarrones de polución. Y, cómo no, las reivindicación de nuestra esencia y de nuestro particular punto de vista a la hora de ver las cosas.
Aplicado a la sociedad y la vida, sería como aquella vieja propuesta filosófica que dice que existen tres "yoes": el "yo" que ven los demás el "yo" que creo que soy y el "yo" que soy de verdad. Esto podría aplicarse también a lo que nos rodea y, por extensión, a la realidad que vivimos actualmente. Cómo la ven los demás, cómo la vemos nosotros y la realidad que ciertamente nos rodea. Simplemente, considerar que puede que las cosas no sean tal y como nosotros creemos verlas...
En resumidas cuentas, la gran mayoría de seres humanos cuerdos, lo único (¡casi nada!) que perseguimos a lo largo de nuestra fugaz existencia es la felicidad y tanto más felices seremos cuanto más capaces seamos de encontrar felicidad en lo que nos rodea. A veces nos toparemos con ella de golpe, casi sin buscarla, otras veces habrá que escarbar un poco hasta encontrarla. Con frecuencia la hallaremos en los lugares y momentos más insospechados. Debemos, más que nunca, entrenar a nuestros sentidos y agudizar la percepción de nuestro corazón para ser capaces de hallar, cual buscadores de oro, esas pequeñas pepitas que nos trae el río entre tanto canto rodado. Pero no la encontraremos buscando en lugares equivocados... Al pensar en la búsqueda de la felicidad, siempre me viene a la memoria este cuento llamado "LA LLAVE DE LA FELICIDAD"... escuchad, escuchad...

Cuenta la leyenda que antes de que la humanidad existiera, se reunieron varios duendes para hacer una travesura.
Uno de ellos dijo:
- Pronto serán creados los humanos. No es justo que tengan tantas virtudes y tantas posibilidades. Deberíamos hacer algo para que les sea más difícil seguir adelante.
Llenémoslos de vicios y de defectos; eso los destruirá.
El más anciano de los duendes dijo:
- Está previsto que tengan defectos y dobleces, pero eso sólo servirá para hacerlos más completos. Creo que debemos privarlos de algo que, aunque sea pequeño, les haga vivir cada día un desafío.
- ¡Qué divertido! —dijeron todos.
Un joven y astuto duende, desde un rincón, comentó:
- Deberíamos quitarles algo que sea importante... ¿pero qué?
Después de mucho pensar, el viejo duende exclamó:
- ¡Ya sé! Vamos a quitarles la llave de la felicidad.
- ¡Maravilloso... fantástico... excelente idea! —gritaron los duendes mientras bailaban alrededor de un caldero.
El viejo duende siguió:
- El problema va a ser dónde esconderla para que no puedan encontrarla.
El primero de ellos volvió a tomar la palabra:
- Vamos a esconderla en la cima del monte más alto del mundo.
A lo que inmediatamente otro miembro repuso:
- No, recuerda que tienen fuerza y son tenaces; fácilmente, alguna vez, alguien puede subir y encontrarla, y si la encuentra uno, ya todos podrán escalarlo y el desafío terminará.
Un tercer duende propuso:
- Entonces vamos a esconderla en el fondo del mar.
Un cuarto todavía tomó la palabra y contestó:
- No, recuerda que tienen curiosidad; en determinado momento algunos construirán un aparato para poder bajar y entonces la encontrarán fácilmente.
El tercero dijo:
- Escondámosla en un planeta lejano a la Tierra.
A lo cual los otros dijeron:
- No, recuerda su inteligencia, un día alguno van a construir una nave en la que puedan viajar a otros planetas y la van a descubrir.

Un duende viejo, que había permanecido en silencio escuchando atentamente cada una de las propuestas de los demás, se puso de pie en el centro y dijo:
- Creo saber dónde ponerla para que realmente no la descubran. Debemos esconderla donde nunca la buscarían.
Todos se giraron asombrados y preguntaron al unísono:
- ¿Dónde?
El duende respondió:
- La esconderemos dentro de ellos mismos... muy cerca del corazón...
Las risas y los aplausos se multiplicaron. Todos los duendes gritan:
- ¡Ja... Ja... Ja...! Estarán tan ocupados buscándola fuera, desesperados, sin saber que la llevan consigo todo el tiempo.
El joven escéptico acotó:
- Los hombres tienen el deseo de ser felices, tarde o temprano alguien será suficientemente sabio para descubrir dónde está llave y se lo dirá a todos.
- Quizá suceda así —dijo el más anciano de los duendes—, pero los hombres también poseen una innata desconfianza acerca de las cosas simples. Si ese hombre llegara a existir y revelara que el secreto está escondido en el interior de cada uno, nadie le creerá.

En fin, que ya véis cómo he empezado el año... igual de "tontorrón" que siempre. Por justificarme (una de mis especialidades) sólo añadiré que amo la vida y a la gente que tengo en ella. Sólo deseo para ellos lo mejor y estos son mis ambiciosos deseos para el 2013: que, a pesar de las duras circunstancias, sepáis hallar la felicidad y hacérsela llegar a los demás.
¡Feliz año!
PD: Y, de regalo, este vídeo youtubiano que ayer encontré por ahí y viene muy al hilo... http://youtu.be/8XWaTt2GGow Espero que os guste.


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Salvador Terceño Raposo

martes, 27 de noviembre de 2012

El 40 cumpleaños de "Martha11"

Estos días, celebramos el 40 cumpleaños de una de las personas que más significan para mí: mi hermana Marta.
Si yo nací en octubre del 71, ella llegaba al mundo en noviembre del siguiente año cuando yo apenas había cumplido el año de vida. Por aquella época aún vivíamos en Zaragoza y, mientras mi padre, a sus 28 añitos, comenzaba a abrirse camino en el mundo laboral en aquella España predemocrática de la serie "Cuéntame", mi madre se batía el cobre fuera de su tierra, bregando con sus tres primeros hijos.
Se acercaba el frío invierno aragonés. Pilar tenía dos años y medio; yo uno y Marta acababa de nacer llenando el gélido piso de la calle Carmen con la luz de sus enormes ojos oscuros. Mi abuelo Fernando la llamaba "la Long Plays", pues decía que sus ojos eran como dos discos LP (de los grandes de vinilo, vamos, para que nos entendamos). Las cosas de mi abuelo...
No exagero cuando digo que he sentido (y siento) a mi hermana Marta como un verdadero trozo mío desprendido en otro cuerpo. Desde que tengo uso de razón, nuestro nivel de conexión, de amor, de comunicación, de comprensión y de cercanía ha sido superlativo. Insuperable, diría yo. Me sobra imaginación y no soy capaz de imaginar qué virtudes podrían adornar a una hermana que pudiera considerar mejor.
Y hoy, al celebrar su redondo cumpleaños, tan sólo quiero dar gracias a Dios por regalármela y por los 40 años que lleva enriqueciendo mi vida.
Aunque años más tarde llegó el pequeño Nachete, me crié técnicamente rodeado de niñas. Según cuentan las crónicas, durante aquellos primero años yo era un verdadero torbellino. Imagino que poseído por el dios maño de los desastres, andaba siempre liándola parda para deleite de mis hermanas y desesperación de mamá y papá. Martita era lo opuesto, la bondad hecha niña. Mientras yo lanzaba zapatos por el balcón o desatornillaba lámparas, ella se bebía los tres vasos de leche puestos en la mesa, para que no nos regañaran a ninguno. Pilar andaba un poco a su bola, con el carácter algo para adentro y encontrando "gilis" de colores (pseudoobjeto infantil invisible) por todas partes... Y, luego, el que se tragó las pastillas del abuelo fui yo...jaja
Total, que así fuimos creciendo. Ya en Sevilla, en el piso de "Las Dueñas" y convertidos en medio personitas, descubrimos la camaradería, el juego, la amistad, el compañerismo y la risa, fruto de la suerte de crecer en el seno de una familia rebosante de esa bendita normalidad, no tan acelerada, de aquellos años; finales de los setenta e inicio de los ochenta.
Creo que nos unieron dos cosas por encima de las demás: el juego y el humor. Recuerdo cientos de escenas jugando tanto dentro de la casa como fuera, en el patio. En casa, nos paseábamos con las mantas haciéndolas deslizar por el parquet, y fuera, al elástico. Nos turnábamos para jugar a juegos elegidos por ella o elegidos por mí. Recuerdo tu "nick" cuando jugábamos en el viejo Spectrum 128K: "MARTHA11", por aquellos once añitos como once soles... Mi sueño, acabar una vez una partida de La ruta del tesoro, nunca se hizo realidad; pero, ni falta que hacía. Siempre me meto con ella por eso, pero ahora sé que aquello no era importante, como no es importante conocer cuántas manzanas le quedan a Pedro (que tenía ocho) si le da tres a Miguel. Lo importante es aprender a restar. Entonces, lo importante era aprender a vivir. Estar juntos, pasarlo bien. Querer estar más tiempo juntos. Crecer.
Yo era un poco pesado (como ahora, pero menos) e insistía, en parte porque cuando uno empieza un juego, es para terminarlo... ejem, y en parte porque disfruto muchísimo estando con ella.
Y, así seguimos creciendo, compartiéndolo todo: hicimos la primera comunión juntos, fuimos al campamento juntos, luego los años del bachillerato juntos, estudiábamos juntos en la cocina, salíamos con los mismos amigos y nos fuimos convirtiendo en los padres puretas que ahora somos juntos. Siempre juntos, siempre unidos, siempre conectados y queriéndonos.
Hacíamos juntos la maleta para el campamento y yo me reía de su capacidad de resumir al elaborar la lista, como aquella célebre línea que decía: "cinturón dibujitos" que tanta risa nos daba. Los primeros amores, correspondidos o no; los primeros novietes, las primeras inquietudes de índole sexual... (uysh, se me ha escapao). La risa estaba presente siempre, ora en forma de amor por lo escatológico (¡Por Dios bendito!, ¿quién tiene como color favorito el marrón? jajaja), ora en forma de sonidos guturales, de emisión de derivados lácteos chocolateados por las mismas narices, ora por mis innovadoras recomendaciones para combatir el acné juvenil, ora por nuestras grabaciones de divertidos vídeos domésticos, ora por las imitaciones de Martes y Trece o Azúcar Moreno o lo que se terciara con el fin de echar un buen rato.
Aunque no todo fueron risas, también lloramos juntos cuando nos arrancaban de nuestro Maranchón natal de madrugada, sin tiempo para despedirnos de los amigos y amores del verano... ¡Dioss, qué adolescencia más malaaaaa!
Ni que decir tiene, que, aparte de adorarla con pasión, es una mujer a la que admiro brutalmente, pues es de esas desengañadas madres de la irrupción de la liberación de la mujer. Absorbida por el trabajo que desarrolla profesionalmente y por las interminables horas de ingrato trabajo doméstico en el cuidado de su casa y de sus hijos, sale a flote siempre con una sonrisa y con la cara bien alta que deben llevar las personas que saben que han cumplido. No hay día que no pueda acostarse sin pensar "hoy he vuelto a dar el 120%" porque siempre da más. Sus hijos son tres verdaderos soles, rebosantes de inteligencia, simpatía y bondad, y siempre me ha llenado de orgullo ver cómo los ha sacado para adelante junto a su carrera profesional. Su casa rebosa calor y siempre está abierta para la familia y los amigos, sin importarle el trabajo que le depare antes o después. Sus puertas se abren una y otra vez, para que no falte dónde echar un rato a gusto, sin apreturas. Igual te prepara un arroz negro en dos minutos que unas fajitas de pollo o una tarta de esas de tres quesos de la thermomix. Si te despistas un segundo, ha hecho un brownie y una ensalada gigante o unos bocatas de salchichón...
¡"Martha11" ha cumplido cuarenta años! Fiuuuu... se dice pronto. Cuarenta años de cariño, de bondad y de risas juntos. Cuarenta años de felicidad y de orgullo. Cuarenta años de sentirte cerca y de querer acabar todas las partidas que juguemos, de quererte con toda mi alma y de sentirme el hermano más afortunado sobre la faz de la tierra; por tenerte y por lo que me llega de ti.
Te quiero, hermana. Adoro esos ojos oscuros y todo el universo que guardan detrás.
Un día de estos vamos a tener que bebernos otra botella de limoncello a medias... ¡que son dos días!

martes, 20 de noviembre de 2012

Así va la vida

Hace unos días fui al hospital materno-infantil de Virgen del Rocío. Mis amigos Andrés y Noelia, tras un interminable y agotador proceso, por fin han tenido a sus pequeños. Andrés nació hecho un toro, evitando la unidad de prematuros y ya está en casa con sus papis. Julia nació con algo menos de peso pero guapísima, hecha una bicheja revoltosa y sin problemas, aparte de que precisó un par de semanas de engorde y maduración al calorcito de la incubadora. La pequeñita Ángela, de forma precoz hace ya algunas semanas, nos robó para siempre ese trocito de corazón. Tras darnos toda una lección de fuerza y supervivencia, tomó un atajillo antes de tiempo hacia el cielo, desde donde seguirá cuidando de sus dos hermanos.
Andrés, Noelia, Andrés y Julia, tras meses de enorme desgaste y sufrimiento, ya son una gran familia. Un poco atípica, pues andan ahora aún desbordados por los agobios y trastornos comunes a todos los padres primerizos. No obstante, con tanto amor, tantas ganas y deseos de hacerlo bien, sólo es cuestión de tiempo que las aguas vuelvan a su cauce y vivan con la normalidad de cualquier otra familia, sólo pendientes de catarros, gormitis y facturas...
A todo esto, mi amigo Andrés andaba detrás mía para que fuera un día con él a la visita de las 19:15h a la unidad de prematuros a conocer a la pequeña Julia. Salvando los habituales escollos por compromisos laborales y familiares, un día por fin, conseguimos coincidir y quedamos allí. Cuando llegamos a la unidad estaba allí Noelia, cosa que, aparte de alegrarme sobremanera, me resultó inesperada. ¿Estás preparado para entrar? ¿Para entrar a ver a tu futura ahijada?, (o algo así) me dijo Andrés, mirándome a los ojos con esa intensidad tan suya. ¿Có... cómo? Yo me sentí anonadado, superado, emocionado, halagado... infinitamente honrado. Mil cosas más. Nos abrazamos los tres con fuerza, besándonos y con esos nuditos invisibles en las gargantas. El resto puede ser bastante obvio... así que os lo ahorro.
La alegría ha sido indescriptible. ¡Claro que estoy preparado! Sólo deseo estar a la altura y corresponder a la confianza y el cariño con los que he sido obsequiado. Millones de gracias.
En fin, así va la vida.
Durante estas últimas semanas me he leído un librito que me ha llegado brutalmente al corazón y que, no me cabe la menor duda, me hará ser mejor persona para ejercer esta nueva responsabilidad de la que he hablado antes. El libro me lo prestaron y recomendaron mis queridos Armando y Yoyo y ha superado las expectativas con creces. Se llama "Martes con mi viejo profesor", del periodista y escritor Mitch Albom. Narrado en primera persona y reflejando hechos y experiencias reales vividos por el mismo Mitch Albom y su profesor de la universidad Morrie Schwartz. Tras entablar una hermosa relación durante los años de universidad, alumno y profesor se separan y Mitch desarrolla una exitosa carrera en el mundo del periodismo deportivo, lo cual le aboca a llevar una vertiginosa y superficial vida, olvidándose de todo lo aprendido durante los años de universidad. Quince años después, Mitch conoce por casualidad la noticia de que su viejo profesor sufre una enfermedad degenerativa que lo abocará sin remedio a la muerte en cuestión de meses. Entonces, Mitch decide tomar un avión y acercarse a ver a su viejo profesor. Ese será el primero de una serie de encuentros semanales (cada martes) durante los cuales desarrollaran una tesis sobre la vida y sus principales temas y pilares. Mientras Mitch toma notas y realiza grabaciones con la intención de hacer llegar los pensamientos de Morrie a todo el mundo, se impregna y deja renacer en él los profundos valores que permanecían sepultados. La muerte, el matrimonio, el miedo a la vejez, la amistad, nuestra cultura, cómo perdura el amor, el perdón, el mundo, el dinero, la familia, las emociones, el arrepentimiento, el sentimiento de lástima por uno mismo... todo lo que para mí, constituye lo verdaderamente importante en la vida.
Me ha emocionado hasta la lágrima y me ha empujado a tomar notas mientras leía y a desear aprender más sobre los demás y sobre mí mismo. Por eso hoy os lo recomiendo.
Por ahí en medio, durante este largo periodo de ausencia, fuimos al cine a ver "Lo imposible" de Juan Antonio Bayona (segunda película tras "El orfanato", que no he visto aún). Por decirlo de forma resumida, hacía tiempo que no lloraba tanto viendo una película. Sinceramente, soy un poco nenaza para estas cosas y suelo emocionarme bastante hasta el extremo de sorber mocos con brutal intensidad, si se presenta la ocasión. La película, en mi opinión, entre otras muchas tiene dos importantes virtudes que consiguen mover tales sentimientos. La primera, que está basada en hechos reales. Todo lo que transcurre durante los 107 minutos de cinta, ocurrió de verdad, a personas reales, españolas.Lo trágicos hechos que vivieron María Belón, su marido Enrique y sus hijos Lucas, Tomás y Simón durante el tsunami que asoló la costa de Tailandia durante la Navidad del año 2004. Con espléndidas interpretaciones, Naomi Watts y Ewan McGregor dan vida al matrimonio, genialmente acompañados por los tres niños, entre los que destaca el que da vida al hijo mayor, un revelador Tom Holland.
La segunda virtud estriba en la vocación de conmover con sobriedad, sin caer en lo melodramático. Conmueve salvajemente todo el daño físico sufrido por los protagonistas, con especial mención para una sublime Naomi Watts a quien acompañamos en su periplo llenos de agitación y desasosiego. Y conmueve hasta lo más profundo del alma la emotividad que rezuma cada fotograma, la capacidad para mostrar y desgranar los sentimientos de pérdida, de miedo, de dolor, de incertidumbre... si se me permite la licencia, con más intensidad en las relaciones paternofiliales que en las de la pareja.
Los aspectos técnicos relacionados con la recreación del desastre, pese a ser magistrales, quedan en un segundo plano. Quizá, como debe ser para que la película sea considerada una muy buena película de forma global y no una de esas películas de desastres y efectos especiales estúpidamente superficiales.
No me atrevería a decir que se trata de una obra maestra, pero sí una muy buena película, de brillante realización y capaz de emocionar con sus interpretaciones y dejarte el corazón tocado por unos días. Ni que decir tiene que merece la pena verla, por supuesto, en pantalla grande.
En fin, así va la vida.
Prometo no tardar tanto la próxima vez...

viernes, 5 de octubre de 2012

Genial concierto de Jorge Drexler en Sevilla

Anoche, mi señora y yo tuvimos la suerte de asistir a un fabuloso concierto en el Auditorio Rocío Jurado de la Cartuja, donde, "como una ola", el cantautor aficionado a la electrónica Jorge Drexler, volvió a asombrar y emocionar a sus incondicionales. La gran ovación final con las sempiternas palmas por sevillanas así lo corroboró. Y el hecho de que se viera obligado a salir en un par de ocasiones a hacer buen puñado de generosos bises...
Nosotros lo seguimos hace años, sobre todo sus últimos tres trabajos de estudio (Eco, 21 segundos de oscuridad y Amar la trama), pero hasta ahora no habíamos podido asistir a uno de sus conciertos.
Este Jorge Drexler es un tipo peculiar. Uruguayo de nacimiento y, hace tiempo afincado en España (pareja de la actriz y cantante Leonor Watling), estudió medicina pero su alma de músico-poeta no le deja separarse de la guitarra y así es imposible andar por los pasillos de un hospital. Tras varios CDs y años de giras y conciertos su trayectoria habla por él y reclama a gritos para sí un lugar en el podio de los cantautores (al menos, en lengua castellana). Su manejo de la guitarra española es espectacular y la eléctrica le acompaña con sutileza. Su música, con frecuencia, se acompaña de apoyos electrónicos, instrumentos insólitos (como un Theremin o una cajita de música) o desaparece en la desnuda vaentía de la voz a capella.
Pero, como buen cantautor, su verdadera arma son sus letras. La forma magistral en que sabe vaciar su alma, como quien vacía un bolso sobre una mesa, desgranando sentimientos, asociando la ternura, el amor, el dolor y la vida en inolvidables versos que se te aferran a la mente como esos malditos virus al disco duro.
Por lo demás, el concierto, pues matizado por esos golpes y caricias que te da la vida cuando menos te lo esperas: durante el concierto wasaps y llamadas porque tenía que ingresar en Virgen del Rocío una amiga a la que adoramos y que está muy malita (toda nuestra fuerza y cariño desde aquí para ella), nos encontramos a César, un viejo y querido amigo, cardiólogo y cantautor (cosa que se me antoja, a veces, lo mismo), sufrimos estética y físicamente las sillas de plástico blanco y los vasos echados de cocacolas de dos litros que la organización tuvo a bien poner a nuestra disposición, engullimos con fruición sendos bocadillos de mortadela, sufrimos a mi vecino de silla y a su ausencia de oído musical, y de nuevo sentimos la vida y la muerte cogidos de las manos mientras disfrutábamos de la música, la voz, la labia y el humor de este genio tangible.
Para quien aún no lo conozca:
No puedo resistirme a poner aquí estrofas de algunos temas que me parecen geniales:
Se aprende en la cuna,
se aprende en la cama,
se aprende en la puerta de un hospital.
Se aprende de golpe,
se aprende de a poco y a veces se aprende recién al final
Toda la gloria es nada
Toda vida es sagrada
Una estrellita de nada
en la periferia
de una galaxia menor.
Una, entre tantos millones
y un grano de polvo girando a su alrededor
No dejaremos huella,
sólo polvo de estrellas.

(Polvo de estrellas)
Soledad,
aqui estan mis credenciales,
vengo llamando a tu puerta
desde hace un tiempo,
creo que pasaremos juntos temporales,
propongo que tu y yo nos vayamos conociendo.

Aquí estoy,
te traigo mis cicatrices,
palabras sobre papel pentagramado,
no te fijes mucho en lo que dicen,
me encontrarás
en cada cosa que he callado.

Ya pasó
ya he dejado que se empañe
la ilusión de que vivir es indoloro.
Que raro que seas tú
quien me acompañe, soledad,
a mi, que nunca supe bien
cómo estar
solo
(Soledad)
Esto que estás oyendo
ya no soy yo,
es el eco, del eco, del eco
de un sentimiento;
su luz fugaz
alumbrando desde otro tiempo,
una hoja lejana que lleva y que trae el viento.
 
(Eco)
Yo soy un moro judío
que vive con los cristianos,
no sé que Dios es el mío
ni cuales son mis hermanos.

No hay muerto que no me duela,
no hay un bando ganador,
no hay nada más que dolor
y otra vida que se vuela.
La guerra es muy mala escuela
no importa el disfraz que viste,
perdonen que no me aliste
bajo ninguna bandera,
vale más cualquier quimera
que un trozo de tela triste.

(Milonga del moro judío)
El deseo sigue un curso paralelo,
y la historia es una red y no una vía,
días y noches de amor y de celos,
una cama se llena y otra se vacía.
(El otro engranaje)
¿Dónde termina tu cuerpo y empieza el mío?
A veces me cuesta decir.
Siento tu calor, siento tu frío,
me siento vacío si no estoy dentro de tí
...
Donde termina tu cuerpo y empieza el cielo
no cabe ni un rayo de luz.
¿Que fue que nos unió en un mismo vuelo?
¿Los mismos anhelos?
¿Tal vez la misma cruz?

(Fusión)
La tierra parece estar quieta
Y el sol parece girar,
Y aunque parezca mentira
Tu corazón va a sanar
Va a sanar
Va a sanar
Y va a volver a quebrarse
Mientras le toque pulsar

Y nadie sabe por qué un día el amor nace
Ni sabe nadie por qué muere el amor un día
Es que nadie nace sabiendo, nace sabiendo
Que morir, también es ley de vida.

Así como cuando enfríe
Van a volver a pasar
Los pájaros, en bandadas,
Tu corazón va a sanar
Va a sanar
Va a sanar

Y volverás a esperanzarte
Y luego a desesperar
Y cuando menos lo esperes
Tu corazón va a sanar
Va a sanar
Va a sanar
Y va a volver a quebrarse
Mientras le toque pulsar
(Sanar)
Estás conmigo,
Estamos cantando a la sombra de nuestra parra.
Una canción que dice que uno sólo conserva lo que no amarra.
Y sin tenerte, te tengo a vos y tengo a mi guitarra.

...
Hay manos capaces de fabricar herramientas
Con las que se hacen máquinas para hacer ordenadores
Que a su vez diseñan máquinas que hacen herramientas
Para que las use la mano.

Hay escritas infinitas palabras:
Zen, gol, bang, rap, Dios, fin...
(Guitarra y vos)
Quien no lo sepa ya
lo aprenderá de prisa:
la vida no para,
no espera, no avisa.
Tantos planes, tantos planes
vueltos espuma
tu, por ejemplo,
tan a tiempo
y tan
inoportuna...inoportuna 

...
¿Quien sabe cuándo,
cuándo es el momento de decir: ahora?
Si todo alrededor te está gritando:
¡Sin demora, sin demora!
(Inoportuna)
Dos paseantes distraídos
han conseguido que el reloj de arena
de la pena pare, que se despedace
y así seguir el rumbo que el viento trace.
(La trama y el desenlace) 
El velo semitransparente
del desasosiego
un día se vino a instalar
entre el mundo y mis ojos.
Yo estaba empeñado en no ver
lo que vi, pero a veces
la vida es más compleja
de lo que parece.

(La vida es más compleja de lo que parece)
Algunas veces, mejor no preguntar,
por una vez que algo sale bien,
si todo empieza y todo tiene un final,
hay que pensar que la tristeza también
se va,
se va,
se fue…
(Se va, se va, se fue)
Cada uno da lo que recibe
y luego recibe lo que da,
nada es más simple,
no hay otra norma:
nada se pierde,
todo se transforma.
(Todo se transforma)
Desde ahora mismo y aquí
hacia donde quiera que estés,
parte de mi alma
parte a tu encuentro.
Sabes que te llevo dentro mío
igual que yo sé que tu me llevas dentro.

Se trata de un leve pulsar
que se abre camino hacia tí
cruzando las estaciones, constelaciones,
los momentos.
Digo que esta vida es llevadera
sólo porque sientes tú
lo que yo siento.
(Transporte)
Estoy aquí de paso, yo soy un pasajero.
No quiero llevarme nada,
ni usar el mundo de cenicero.

Estoy aqui sin nombre
y sin saber mi paradero,
me han dado alojamiento
el mas antiguo de los viveros. 

Hay gente que es de un lugar,
no es mi caso yo estoy aquí de paso
(Tres mil millones de latidos)


--
Salvador Terceño Raposo

viernes, 7 de septiembre de 2012

Intocable: una película inolvidable (o el humor como terapia)

Ea, pues ya pasó el verano. Bueno, si queremos ser cronológicamente rigurosos, hemos de reconocer que aún le restan un par de semanillas que son una mera transición hacia el otoño. Lo que pasa es que a mí, ayer, ya me dieron fuerte y flojo en mi segunda guardia desde la vuelta, tenemos los bolsillos "pelaos" de pagar uniformes, libros y material escolar con el 21% de IVA y el cuerpo medio se me está haciendo. Vamos, que se me está antojando comerme un polvorón y tocar la pandereta...
Pero, ¡qué diablos!, no estoy aquí para hablar del verano, las vacaciones y nuestro veraneo en particular que, por otra parte, ha sido estupendo, recorriendo varias playas de la costa gaditana y dándolo todo en mi Maranchón natal, disfrutando de la hospitalidad de Yoyo y Armando, de Juancar y Mª José, de Isabelo y Loli, de Merce y Alfonso, de mi hermana Marta y mi cuñado Lolo... ¡Rediós! Hemos estado de gorra medio verano... debe ser la crisis y la prima de riesgo. En fin, que millones de gracias a todos los que nos habéis acogido y hecho disfrutar. Os queremos a tope.
Pero, bueno, había dicho que no hablaría del veraneo y ya la estoy liando parda. Hoy quería volver a hablar de una película: evidentemente, la del título del post.
"INTOCABLE" (Francia, 2011), dirigida por Olivier Nakache y Eric Toledano (http://www.filmaffinity.com/es/film217719.html) y que espero que ya muchos hayáis disfrutado.
Hace unos meses, mi querida amiga Yoyo me dijo: "tienes que ver INTOCABLE; te va a encantar". Luego añadió: "Estoy deseando leer tu entrada del blog sobre ella". Y luego babeó un poco hablando de nosequé negro mu fuerte y mu guapo que bailaba de maravilla... y algunos comentarios entre subidos de tono y verduscones que no puedo reproducir en horario infantil...
En fin, darling, que te dedico esta entrada con mucho cariño: ¡Va por ti!
Como siempre, por cortesía de Fimaffinity, la sinopsis:
Philippe, un aristócrata que se ha quedado tetrapléjico a causa de un accidente de parapente, contrata como cuidador a domicilio a Driss, un inmigrante de un barrio marginal recién salido de la cárcel. Aunque, a primera vista, no parece la persona más indicada, los dos acaban logrando que convivan Vivaldi y Earth Wind and Fire, la elocuencia y la hilaridad, los trajes de etiqueta y el chándal. Dos mundos enfrentados que, poco a poco, congenian hasta forjar una amistad tan disparatada, divertida y sólida como inesperada, una relación única en su especie... (FILMAFFINITY).
Creo que no destripo nada porque, cualquiera que haya visto el "trailer" es capaz de obtener una visión global de la historia que va a presenciar durante algo más de 100 minutos. Tampoco se trata de una película en la que el final o su desenlace inesperado soporten un gran peso. Es, más bien, una película edificada sobre los sólidos ladrillos que son esos sentimientos que huyen de relamerse o flagelarse, bien unidos por ese infalible cemento mezclado a base de ingredientes que nunca fallan: la sensibilidad, la inteligencia y el humor.
El argumento, pese a estar inspirado en una historia real (quizá sea esa su mayor virtud), no brilla por su originalidad. Que un millonario tetrapléjico busque cuidador y elija al que el sentido común le haría enviar más lejos y que, éste, resulte ser maravilloso resulta algo previsible. No obstante, donde la película brilla es en la forma de narrar la historia, en su lenguaje, en sus detalles, en la complicidad de los protagonistas y secundarios, en un fresco e inteligente guión lleno de chispa y en unas interpretaciones conmovedoras. La banda sonora te cautiva y te acorrala entre el siempre evocador piano de Ludovico Einaudi, algunas eternas piezas de música clásica y algunos conocidos hits de la música de los 70 (George Benson, Terry Callier, Nina Simone...). El baile que se marca Driss en la fiesta de cumpleaños de Philippe te deja boquiabierto (y a algunas, babeando...jaja) y te descubre insospechadas habilidades en este joven actor.
Los gags se suceden con ritmo vertiginoso y funcionan a la perfección, haciéndote casi olvidar que se trata de un tetrapléjico y su cuidador, cuando más bien parecen dos amigotes haciendo de las suyas y pasándolo en grande, terminando la película contagiado de una felicidad, un buen humor y un buenrrollismo al alcance de pocas cintas.
Creo que ya alguna vez he contado cómo es esa sensación que me hace notar cuándo una película me ha parecido buena: es eso de que durante un par de semanas no puedo dejar de pensar en ella (es una forma de hablar, claro). Me ronda todo el día la cabeza y me obliga a pensar. Parece como si su director hubiera acertado a colarse en mi cerebro y tras tocar algunas fibras y resortes, la película me interroga de forma constante. Pienso mucho en INTOCABLE porque pienso mucho en la enfermedad, porque la tengo muy presente por mi profesión y por la situación de algunos seres queridos.
¿Qué es lo que hizo que Driss (Omar Sy) resultara el cuidador perfecto para Philippe (Francoise Cluzet), devolviéndole las ganas de reir, de disfrutar y de vivir? Un inmigrante negro de clase baja, recién salido de prisión, mal vestido y sin la menor titulación sanitaria. Muy sencillo: le trataba con normalidad, sin sentir lástima por él, sin recordarle en cada momento lo dramática de su situación. Conseguía que se olvidara de la parte de su cuerpo que no volvería a funcionar, haciéndole disfrutar al 300% del 20% que mantenía operativo. Y, sobre todo, sobre todo, sobre todo, derrochando humor. Haciéndole reir, literalmente troncharse de la risa, golfear, bromear, intercambiar golpes de ingenio, pincharle, rozar lo irreverente. El humor como terapia: en resumidas cuentas. El humor como bálsamo, como tratamiento paliativo y curativo, como respuesta a lo que no tiene respuesta, como único, lógico, definitivo e inmejorable antídoto contra la tristeza.
La lógica que tan pocas veces usamos, la coherencia que tan olvidada tenemos: dar normalidad al que la ha perdido, dar risa a quien ha sido invadido por la tristeza, situarnos en el lugar de aquella persona a quien pretendemos comprender.
Todo esto me reaviva esa triste realidad del tiempo en el que vivimos que valora más lo académico que lo personal, lo cuantitativo que lo cualitativo, lo físico y tangible sobre lo humano o lo espiritual. No soy un friki ni un iluso, la formación y la profesionalidad son fundamentales; sólo defiendo que no lo son todo. Que, debieran, al menos, ser complementadas con altas dosis de humanidad, de empatía, de sensibilidad y, ¿por qué no?, de humor.
Cada día, en mi vida y en mi profesión, trato de elevarlas, incluso por encima de de lo razonable. Sólo espero que consigan su propósito, haciendo llegar a otras personas, algo más que paracetamoles o augmentines... Y me gusta pensar que puedo ser un poco como Driss, algo menos negro, de napia igual, bailón pero con menos estilo, tan cortito de currículum y con la misma capacidad de arrancar una sonrisa y de tocar en ese huequito que hay entre el corazón y el alma.
Dios me oiga.