Collage íntimo

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Trocitos...

sábado, 1 de febrero de 2014

Los encapuchados y el lechero de Churchill


OVERTURE
La democracia es un sistema político que Winston Churchill describió como aquel en el que “cuando alguien llama temprano al timbre de la puerta, se sabe que es el lechero” y en el que los ciudadanos viven tranquilos, dedicados al trabajo, a sus familias, a sus aficiones o a sus preocupaciones personales. De ahí que, desde entonces, se use esa expresión de “el lechero de Churchill” para hacer referencia a ella.
Pero, los últimos incidentes violentos acaecidos en Burgos me han hecho pensar mucho en Churchill y su ingeniosa descripción de la democracia, en el estado de bienestar y en la paz social.
Mi primera conclusión fue que no sabía con exactitud lo que había ocurrido, así que (como ya hice con aquel tema de la energía nuclear)  me he empapado bien de toda la información que he podido. He leído artículos en diferentes periódicos, he visto programas, vídeos y fotos durante horas en la red a través de las cuales he conseguido obtener ciertas conclusiones que a continuación comparto.

En relación a esta labor de investigación, y con tremenda perplejidad y amargura, quiero denunciar lo difícil que resulta para un ciudadano de a pie conseguir información objetiva, veraz, fidedigna... La información es sistemática e impunemente manipulada. Se modificada con mayor o menor sutileza para dar servicio a múltiples intereses, hasta el punto de quedar desprovista de todo cuanto debiera constituir su más pura y sagrada esencia.

Vaya por delante que no tengo la menor intención de analizar, y menos sentenciar, si la obra debe hacerse o no, si es adecuada o no, si es un despilfarro innecesario de dinero que podría usarse mejor, si están justificada las protestas, si están en posesión de la verdad “los encorbatados” o “los encapuchados”… No, nada de eso. Mi intención es analizar los hechos con la mayor objetividad posible y ponderar el estado en el que queda la democracia como forma de organización social estatal y sistema político después de todo lo sucedido y cómo podría afectarnos en el futuro.

INTERMISSION
Hechos que parecen objetivos:
Gamonal es un barrio de la ciudad de Burgos desde 1.955. De población considerablemente envejecida, fue creado en los años sesenta durante la época del llamado “desarrollismo”. Se trata de un barrio obrero que, con unos 60.000 habitantes, es el más poblado de la capital (Burgos tiene 180.000) y sufre una elevada tasa de desempleo. Es un barrio con serios problemas de aparcamiento donde los vecinos aparcan en segunda y tercera fila y aquejado de serios problemas de circulación.

Actualmente, y desde las elecciones municipales de 2.011, el alcalde de Burgos es Javier Lacalle, del Partido Popular.
En dichas elecciones, PP y PSOE sumaron el 80% de los votos y ambos partidos incluían en sus respectivos programas electorales el proyecto del bulevar.
En el año 2.005 tuvieron lugar las primeras protestas hacia la ejecución del proyecto y el consistorio se vio obligado a aplazarlo.

Tras varias semanas de concentraciones, el día 10 de enero de 2.014 comienzan las protestas en contra del inicio de las obras de remodelación de un tramo de la calle Vitoria. El proyecto pretende convertirla en un bulevar con preferencia para el tráfico peatonal y carril bici, así como la creación de un parking subterráneo, cuyas plazas se cederán a los vecinos durante 40 años a cambio de 19.800 euros. El plazo de ejecución de la obra se estima en 14 meses.

Las razones de las protestas vecinales (transcribo lo encontrado):
1) La conversión de una calle principal en un bulevar, reduciendo el tráfico rodado y favoreciendo el ciclista y peatonal, con la reducción del número de plazas de aparcamiento en superficie.
2) El coste de la obra se calcula entre 8 y 13 millones de euros, en un barrio con 18.000 parados en el que están cerrando guarderías, recortando líneas de autobús y en el consistorio persiste el impago a proveedores.
3) La creación de plazas de parking subterráneo que pasarán a los vecinos en régimen de concesión durante 40 años a cambo de 19.800 euros.
4) Los vecinos se sienten ignorados. La plataforma “Bulevar Ahora No” lleva un año intentando, sin éxito, hablar con el alcalde.
5) Dicha plataforma se disolvió antes de los incidentes pues no deseaba apoyar a los grupos violentos.
6) Se dice que el impulsor de la obra es el constructor Antonio Miguel Méndez Pozo, propietario de la empresa MBG (empresa vinculada a “la trama Gürtel” y, según he leído, condenado y encarcelado un tiempo por falsificación documental). No obstante, su empresa no ha sido finalmente la adjudicataria de las obras, sino la UTE formada por Araosa y Copsa.
7) El poder del (supuesto) impulsor: Méndez Pozo es dueño del grupo de comunicación propietario del Diario de Burgos.

En resumidas cuentas, los vecinos denunciaban lo inoportuno de gastar semejante cantidad de dinero (entre ocho y trece millones de euros) en unas obras que “no eran necesarias”, considerando “más adecuado destinarlo a ayudar a los parados del barrio”. Además, han alegado el hecho de que los carriles de circulación (de una importante “arteria” de la ciudad) se verían reducidos -de dos a uno en cada sentido- al igual que los aparcamientos en superficie.

El alcalde de Burgos, Javier Lacalle (PP) alegó que el proyecto estaba avalado democráticamente por el ochenta por ciento de los vecinos que votaron a PP y PSOE en las elecciones de 2.011, pues ambas formaciones contaban con él en sus programas electorales y que el Ayuntamiento ha ido de la mano de las asociaciones vecinales en todo momento. Según él, los vecinos aceptaron las obras a través de su Consejo de Barrio. Cabe destacar que, a pesar del inicio de las protestas de buena parte de los vecinos del barrio, continúan existiendo otras plataformas ciudadanas que apoyan y consideran necesarias las obras de la Calle Vitoria.

Durante los días 11,12 y 13 se sucedieron los actos violentos, sobre todo durante las noches, en las que cientos de jóvenes “encapuchados” causaron desórdenes públicos y actos vandálicos, así como fieros enfrentamientos contra las fuerzas de seguridad, Policía Local, Nacional y agentes antidisturbios. Las manifestaciones pacíficas derivaron en graves enfrentamientos entre manifestantes y antidisturbios y, de ahí, a las barricadas, la violencia, el fuego y la destrucción.

Los actos violentos han causado:
*Graves incidentes durante cuatro noches entre los manifestantes violentos y policía antidisturbios con resultado de 20 heridos y 46 detenidos. De los 46 detenidos: 11 son menores de edad, 44 son residentes en Burgos, ninguno tiene antecedentes por desórdenes públicos.
*Cuantiosos daños sobre el mobiliario urbano (por valor de 50.000 euros, contando sólo los objetos de dominio público). Sin contabilizar lo privado (negocios y comercios de la zona, fachadas, cajeros…) ni el material de obras de la empresa. Por resumir: 13 contenedores afectados, 90 de ellos quemados, numerosas marquesinas de paradas de autobuses y farolas, fachadas, escaparates y cierres de negocios de la zona y entidades bancarias (Ibercaja, Bankinter, Bankia y BBVA). BBVA ha cuantificado los daños en 65.000 euros.
*La UTE que iba a ejecutar la obra (compuesta por Copsa y Aroasa) informó de la destrucción de la caseta de obras que fue incendiada el lunes por la noche. También añadieron a esa denuncia todo el material dañado, entre el que se encuentra las vallas, los anclajes, etc.
*Desperfectos en un camión de Bomberos, tres coches de la Policía Local y cuatro de la Nacional, que fueron atacados.
*Varios vehículos de particulares aparcados en la calle (daños en cristales y chapa).

El ayuntamiento consideró que detrás de los actos violentos podían esconderse grupos violentos de Casilla y León, movimientos vinculados a “Indignados” y “15M” y se insinuó la posible implicación de IU.

A medida que transcurrían las noches de violencia, comenzaban a organizarse de forma paralela en varias ciudades de España manifestaciones de apoyo hacia los manifestantes de Gamonal. En varias de ellas hubo incidentes, como en la de Alicante. En la convocada por la coordinadora del 25-S en Valencia, hubo detenidos tras el lanzamiento de huevos, botellas y piedras a la policía por parte de “encapuchados”. A su paso por las calles, realizaron pintadas y destrozos, con las consabidas quemas de contenedores. La marcha en Madrid también arrojó su saldo de barricadas, contenedores quemados u destrozados, etc. Seguidamente, se sucedieron varias decenas de manifestaciones en otras tantas ciudades o localidades del país, casi todas organizadas por el movimiento 15M o plataformas afines.

La paz llegó el día 16 de enero, cuando el alcalde Lacalle anuncia la paralización de las obras, “dada la imposibilidad de garantizar la seguridad de las personas y de la empresa encargada de las obras”. Como solución al conflicto, se pretende abrir un foro o mesa de diálogo en el que serán bienvenidos todos los implicados: grupos políticos municipales, consejos de barrio, asociaciones de vecinos y comerciantes… en busca de un mayor consenso.

Exigencias de la asamblea de Gamonal tras el cese de las obras:
1) Liberación y retirada de cargos de todos los detenidos tanto en Gamonal como en resto de ciudades.
2) Retirada de cargos por daños y perjuicios derivados de la detención de las obras y de los daños físicos.
3) Retirada de denuncias contra los detenidos, no presentación de cargos como acusación particular por parte de las instituciones financieras de la calle Vitoria por los daños causados (cuatro entidades bancarias (Ibercaja, Bankinter, Bankia y BBVA) formalizaron ya su denuncia en la Comisaría). Exigieron una respuesta en el plazo de una semana.
4) Exigen que se les ceda un local municipal en la calle Pablo Casals donde poder encontrarse y celebrar sus asambleas, a partir de ahora, bajo el nombre “Gamonal, ni un paso atrás”.
5) Retirada de las fuerzas de seguridad (antidisturbios) de la ciudad de Burgos.

En la actualidad:
-Han cesado las protestas y concentraciones.
-Han comenzado las obras de arreglo de la zanja, retirada de vallas y estructuras. Se calcula el coste de la obra de cobertura de la zanja en unos 500.000 euros.


ENTR’ACTE
Antes de que salga algún exaltado calificándome con un refinado “se te ve el plumero” y me tilden de “derechón” y “acomodado medio-burgués”, quiero aportar mis conclusiones y pensamientos a los hechos enumerados:
-Partamos de la idea inicial de que considero a todos los políticos que nos gobiernan (y los que, sin gobernarnos, forman parte de la escena política de alguna u otra manera) unos ineptos, interesados, trepas, golfos, insensibles, partidistas, borregos, títeres, manipuladores, mentirosos, maquiavélicos y detestables sinvergüenzas.
-Dicho sea lo anterior con escasísimas excepciones y con absoluta independencia de sus siglas.
-Que considero que el cuerpo se nos ha ido acomodando a este falso estado de bienestar, acurrucado bajo el cálido manto de una triste democracia que nos protege tanto que nos asfixia en su fangosa red de organizaciones no-democráticas como el G9, el G20, los lobbys, la macroeconomía, las petrolíferas y las dichosas entidades financieras (rescatadas o no). El más feroz y metastático capitalismo demuestra su insaciable apetito al crearnos necesidades mientras devora nuestros bienes y nuestra escasa capacidad de discernir. Acomodados en la mullida butaca de esta insana democracia en la que el bipartidismo y las listas cerradas abocan al ciudadano (junto a su cerril y sistemática querencia hacia un lado u otro) a elegir entre “lo malo” y “lo peor”; no disponiendo de un abanico de alternativas reales que analizar y considerar.
-A esto se une la simbiótica parcialidad del “cuarto poder” y la descarada vinculación de todos los medios de comunicación (prensa escrita, tv, radio, Internet) a partidos, siglas y grupos ideológicos.
-Vinculada al poder, establecida por tantos años como él, se extienden las raíces y tentáculos de una extensa y espesa red de favores, intereses creados, comisiones, prebendas, clientelismo, nepotismo, prevaricación y manipulación tan evidente, descarada e impune que nuestro subconsciente ha llegado a aceptarla como “parte de lo normal”.

-No obstante, la democracia es la mejor de las formas de organización del estado que yo conozco, otra cosa es la forma en que se use o el sistema electoral que las condicione. Se me antoja como la forma más “madura” de elegir gobierno, en la que el conjunto, por un determinado periodo de tiempo, acepta el gusto de la mayoría. Otra cuestión a tratar sería, si es lícito, ético (y legal) conseguir votos y mayorías a través de promesas electorales que, una vez en el gobierno, uno puede decidir si se han de respetar o no. Pero, volviendo al tema que me ocupa, y dicho castizamente: ¡La democracia mola, que te cagas!

-La democracia (la nuestra: monarquía parlamentaria y participativa) se jacta de aportar estabilidad y paz social. Sobre todo, en tiempos de bonanza. Pero, en tiempos de crisis económica como la que estamos sufriendo (de la mano de la pérdida de trabajos, de poder adquisitivo, de derechos y de bienestar social) lega una crisis de confianza en la casta política y en los sistemas establecidos. Ello ha disparado la crispación social, la hostilidad, las manifestaciones y las protestas. Cualquier chispa es capaz de hacer que arda la estopa, la hierba tostada, la leña fina y los secos añicos de lo que otrora fueran recios árboles en constante crecimiento.

-Los políticos han mostrado una pertinaz sordera y una descarada insensibilidad hacia las verdaderas inquietudes y necesidades del pueblo. ¿Cuántos hemos alucinado ante el derroche megalómano de innumerables proyectos con los que el gobernante de turno parecía desear elevarse a la condición de histórico e idolatrado semidios? Eso cansa, hastía e indigna a cualquiera.

FINALE
Mas, al más puro estilo del gran periodista Fernando Ónega, yo me hago varias preguntas para las que no hallo fácil respuesta:
¿Tiene sentido rebelarse en violentamente en 2014 contra un proyecto que figuraba en el programa electoral de los dos partidos mayoritarios (avalados por el 80% de los votos) de cara a las elecciones municipales de 2011?
¿Debe un alcalde dar marcha atrás ante la presión del pueblo? ¿Se debe ceder ante la violencia? ¿Puede tal extremo alimentarla? ¿Si mañana, en cualquier otra localidad de España, surge una nueva protesta violenta porque tal o cual plataforma no está de acuerdo, habrá el alcalde de turno de “recular” igualmente? ¿Puede esto convertirse en una suerte de “gobierno del pueblo violento” en el que cada vez que no guste una decisión, sea lícito que cientos de personas sacudan salvajemente las calles, los bienes públicos, la paz y la seguridad ciudadana para conseguir sus objetivos? ¿Es posible que esta minoría consiga gobernar mediante el uso de la violencia? ¿Si grupos de extrema derecha, protestando contra un consistorio gobernado por políticos de izquierda, protagonizara protestas y actos vandálicos y violentos, atacando a las fuerzas de orden público, tendría el mismo apoyo y simpatía? ¿Se aceptaría de buen grado que dichos ediles anularan decisiones tomadas al amparo de los programas electorales?
No sigo.

Muchos ciudadanos estamos indignados con nuestros políticos y gobernantes, con el incontrolable y excesivo poder de los bancos y con los irreparables daños que unos y otros han causado a nuestro país, a su gente, a su futuro y probablemente, a nuestro mundo. Pero somos incapaces de usar la violencia, de romper las reglas del juego, de empuñar un arma, de dañar lo que es común o de lanzar piedras o gritos a la cara de un Policía Nacional.
Los grupos violentos son una minoría con una ideología muy concreta. Bajo un rancio aura libertaria y mediante el uso de la fuerza, pretenden, no sólo volver a barajar las cartas, sino romper la baraja y jugar a un juego nuevo: el sistema antisistema y la anarquía. Y, así, imponer sus normas e ideales a la mayoría. Esto, disculpad, pero no tiene mucho sentido.

La gran masa social deprimida de Gamonal, a través de sus asambleas y consejos de barrio (tras apoyar el proyecto) en 2013 estiman que no era el momento adecuado para el bulevar y que semejante montante económico estaría mejor destinado a fines sociales. Hasta ahí bien. Se movilizan y manifiestan en lo que considero un derecho constitucional. Antes de los actos violentos se disuelven (¿sabían que iban a ocurrir?) y llega la violencia. Esa violencia que crea simpatías (espontánea y organizadamente) porque se enfrenta contra el político, el rico, el poder establecido, y defiende al pobre. Esa violencia que acapara portadas que ensalzan al que destruye y agrede y desafía y ataca, enarbolando la hermosa bandera de los fines nobles, es una gran fuerza invisible aliada en la lucha del pueblo pacífico por conseguir su objetivo. Esa violencia que consigue cosas… y que podría seguir consiguiendo cosas hasta convertirse en la forma habitual (y puede que única) de conseguir todas las cosas.
Cuando en democracia se consiguen objetivos mediante el uso de la violencia yo no puedo evitar la sensación de que algo se ha roto y, cuando mañana a las siete de la mañana suene el timbre de la puerta, temeré que esta vez no sea el lechero.

A mí, defender un deseo común y luchar por tus ideales me parece absolutamente lícito e, incluso, loable. Yo también sueño con que las cosas cambien, que el dinero público se gestione con talento y que los políticos no nos expolien ni avergüencen tanto. Pero una cosa es una cosa, y otra cosa es otra cosa. No sé adónde nos llevarían los siguientes ideales…

EXIT MUSIC
De regalo con este fascículo y como propina, esta pincelada:
Comentario encontrado en uno de los artículos de la prensa digital que he consultado (transcripción exacta):
“España arde por los cuatro costados y los ladrones, corruptos e h de p de los franquistas estan con la caca en los pantalones, les vamos a echar de españa a los fascistas y franquistas, esta guerra la habeis perdido dictadores y monarquicos con los putos curas os vamos a correr a hostias fachas de mierda, cabrones dictadores y cirminales de la derecha española esta guerra no la ganais ni con los misiles de la otan cabrones asesinos fescistas de españa. españa arde por las injusticias basta ya, basta ya,
Che vive. y la ola crece…. .”
Un poco de sentido común, moderación, paz, ideas, educación y progreso no nos vendría nada mal. Nuevos partidos, nuevos políticos, nuevas formas de hacer política lejos de clichés y rencores. Nada que nazca o crezca sobre el odio puede acabar bien, por mucho que se llene uno la boca con palabras grandilocuentes y poderosas razones.

(Nota: Como todo este tema, aparte de hastiarme, me parece dramático, he recordado aquellos grandes e inolvidables dramas clásicos de Hollywood de mitad del siglo XX cuy proyección de fraccionaba bajo los siguientes subtítulos: OVERTURE, INTERMISSION, ENTR’ACTE, FINALE y EXIT MUSIC –no siempre todas-. Aquellas Ben Hur, Doctor Zhivago, Éxodo, Cleopatra, El diario de Ana Frank, Duelo al sol, Al este del Edén, Lo que el viento se llevó, La historia más grande jamás contada, My fair lady, Rey de reyes, Los juicios de Nuremberg,  Lawrence de Arabia, Espartaco, 2001, una odisea en el espacio, West side story… Más que nada, para que todo esto me ilusione un poco por el mero hecho de recordarlas).


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Salvador Terceño Raposo

lunes, 13 de enero de 2014

¡Tempus fugit! ¡Carpe diem!

El 8 de diciembre del pasado año 2013 Kim Basinger cumplió 60 años.
Escuché la noticia, porque no puedo decir que la viera, en la televisión y la recibí como un auténtico manguerazo de agua gélida a presión. Woooow! ¿60 años? Probablemente se trate de la artista que más ardientemente he deseado en toda mi vida, sobre todo en los años en los que se desea con tanta vehemencia y pasión a las artistas. Hombreee, luego han llegado Mónica Bellucci y Charlize Theron, a las que he regalado mi amor más maduro, más experto e incondicional, pero, como decían en "La historia interminable", "esa es otra historia...".
Total, que la mujer de la que crecí salvajemente enamorado es ahora una atractiva señora mayor... Paradójicamente, yo sigo siendo aquel chaval ansioso por crecer a quien "Nueve semanas y media" dilató algunas juntas y aflojó algunas tuercas y me parece que el tiempo no ha pasado... Sobre todo por mí, porque ella tiene sesenta castañas y es una señora mayor...
-Papá, ¿cuándo termine los deberes podemos bajar al parque con los helicópteros?
-Hijo, va a ser muy tarde para eso y ya es de noche... El sábado los bajamos.
-¿Pero, si acabo pronto bajamos?
-Tú termina y ya veremos...
-Pero ayúdame...
-Hijo, si estoy aquí sentado ayudándote.
-Estás todo el tiempo con el telefonito...
-No empieces ya con eso... A ver, ¿repasamos Egipto y Mesopotamia?
¡¡¡¡¡BRRRRRROOOOUUUUMMMMMMM!!!!!
Así suena un terremoto emocional dentro de mi cabeza.
Ya no soy aquel jovencito formal y educado que yo creía. De repente, soy un padre de familia que dedica la tarde a preparar meriendas y a repasar para un examen de sociales con su hijo de ocho años en que entran los temas de La Prehistoria, Egipto y Mesopotamia y éste ha de escribir respuestas como "régimen político: Teocracia" u "organización económica: autárquica". Palabros ininteligibles para niños de talla y peso medios pero que empujados a través de un embudo consiguen interiorizarse con cierta facilidad.
-¿Tú has terminado ya de leer? -interrogo al pequeño desde la mesa mientras éste devora un mantecado en el sofá con los ojos clavados en las surrealistas peripecias de Mr. Bean.
-Que siiií...
Miente descaradamente. Mi sangre comienza a hervir en su envase anatómico pero, al momento, se me hiela y paraliza. Veo mi reflejo en el cristal de la puerta corredera que da paso a la terraza. Buscaba el de un atlético chico con abundante pelo oscuro y sólo consigo ver la imagen tenue y especular de un tipo canoso, cuarentón, con barba de dos días, ojeras y viejo e impresentable pijama de invierno. Las ojeras son como unas nieves perpetuas bajo mis ojos. Me recuerdan la horrible guardia del día anterior y el hospital en el que trabajo. En él trabajan personas que podrían ser mis hijos o hijas: administrativos/as, enfermeros/as, auxiliares... que andan en torno a los 21-23 años y que me fuerzan a hacer una cuenta mental cuyo resultado me desagrada y dibuja una mueca de contrariedad en mi rostro. Si yo tengo cuarenta y dos y ella tiene veintiuno, yo podría haber sido su padre con veintiuno.
¡¡¡¡¡BRRRRRROOOOUUUUMMMMMMM!!!!!
Otro tsunami emocional...
Y yo, que suelo pillar rápido las indirectas y soy un lince atando cabos, cojo todos esos cabos y resuelvo la ecuación:

[(Kim B. 9+1/2weeks x 60) + (teocracia - autarquía) + (canas % ojeras)] / (hijos potenciales-21) = Yo x 42? :-(((

Tras despejar la Y de la palabra "Yo" descubro al "Yo" de final de 2.013 y comienzo de 2.014. Es un tipo cuarentón con el pelo gris en aceptable cantidad, casado, con dos hijos, que lucha por salir adelante y busca de forma inconsciente las felicidad de su gente y la seguridad de su familia. Es un buen tío, sensible pero resistente, que necesita a su familia y colecciona libros, películas y grandes amigos. Un tipo que transita por los años del ecuador de su vida sin percatarse de ello, sin ser consciente de la trascendencia de cada uno de sus actos. Pero, ¿y quién lo es? ¿Pero qué coño es eso de "¿quién lo es?"? ¿Y, a quién le importa quién lo es? A mí me importa serlo yo... ¡Tengo que serlo yo!
¡TEMPUS FUGIT! ¡CARPE DIEM!
¡El tiempo escapa! ¡Aprovecha el momento!
Lejos de venirme abajo, porque yo no soy muy de "eso", me vengo arriba y me inundo de ganas de multiplicar mis sentidos, de percibirlo todo, de tener los poderes de los superhéroes de los cómics y películas que me alimentaron: ultra-visión, super-audición, olfato de sabueso, mega-sensibilidad... ser tan poroso y que todo me penetre y pase a través de mí dejando su huella, su peso y su gravedad. No necesitar dormir ni descansar... Quiero crecer y cambiar. Quiero evolucionar: mejorar. Que mis pensamientos sean siempre adecuados a la necesidad: densos cuando se precise y ligeros como un gorrión cuando sea oportuno. Que mis palabras acaricien y mis manos sanen y mi cuerpo abrace... pero que mi cuerpo acaricie, mis manos abracen y mis palabras sanen...
Siempre he presumido de no dejarme amargar por lo que no depende de mí ni puedo controlar. Que pase el tiempo, mi pelo claree en número y color o mis ocupaciones vespertinas sean las de un padre-de-familia cuarentón es algo que depende sólo del paso del tiempo y lo que éste ha hecho de mí. Lo que sí depende de mí es lo que verdaderamente me preocupa. Lo que yo podría controlar. Lo que yo debiera ser capaz de decidir, dirigir y optimizar.
Cuanto más tiempo escape, menos queda y más valor adquiere. Todo este trajín que anda estos días del nuevo año rondando mi cabeza me empuja a usar ese tiempo de la mejor manera posible, de forma consciente para, así, vivir cada experiencia con la mayor intensidad posible, con la presencia de todos y cada uno de mis sentidos, con la mente y el cuerpo volcados al ciento veinte por cien en cada tarea que me ocupe y, dado que el tiempo de que disponemos es un bien preciado y limitado, elegir muy bien cada cosa que hago y cómo lo hago.
Como primer planteamiento, y sé que esto me va a costar, tengo la intención de reducir mi uso del teléfono. Whatsapp y facebook me roban cientos de minutos a la semana; miles de minutos al año. Desde verano sólo he conseguido leer un libro, escribo muy poco y casi no dibujo ni pinto nada. Mis hijos tienen la sensación (con razón) de que estoy todo el día, como ellos dicen, "con el telefonito". Y, aunque les dedico muchísimo tiempo y, por suerte, gracias a mis horarios de trabajo, infinitamente más que la media de los padres que conozco, si dejara "el telefonito", podría dedicarles más y estar al cien por cien con ellos cuando hacemos los deberes o jugamos a algún juego de mesa. Me he prometido no tocar el móvil mientras esté leyendo o viendo una película en casa, como si estuviera en el cine, y no andar manipulando el teléfono mientras estoy sentado en una mesa con más personas, comiendo, conversando, bromeando, riendo... Lo contrario, aparte de ser una absoluta (y socialmente aceptada) falta de respeto, es hacer las cosas a medias, sin atención, interés ni consciencia. Perderme la elocuente mirada de los amigos, de mis padres, hermanos, familia... Percibir su necesidad, sudolor, su ilusión... Los chispeantes ojos de mis hijos, los movimientos de sus juguetonas manos, las divertidas muecas de sus caras, su forma de sonreír, su forma de sujetarse la cabeza mientras hacen los deberes, su forma de limpiarse la boca con el dorso de la mano, la forma en que rebuscan la pieza adecuada de Lego, su asombrosa y espontánea forma de bailar, la forma de apoyar y apretar un labio sobre el otro para hacer sonar el fonema "p", su inagotable perplejidad, su voraz aprendizaje, su veloz crecimiento...el brillo de su vida. La riqueza de mi vida.
Tempus fugit... Carpe diem.
El tiempo vuela. Por favor, aprovecha el ahora.

martes, 10 de diciembre de 2013

Las Navidades de mi infancia

Las navidades de mi infancia se componen de retazos, de frágiles recuerdos conservados como quien conserva una preciada reliquia. Mis recuerdos, son como esos viejos y delicados paños de otros tiempos que se guardan con mimo; débiles, evocadores, incompletos… pero se grabaron con tal fuerza en aquel pequeño corazón mío que, ni aunque lo deseara con todas mis fuerzas, podría deshacerme de ellos.
En ellos, en mis recuerdos, aparecen muchas personas que ya no están, y un fino tul violeta los cubre sin remedio. Y mientras sonrío al rememorarlos noto cómo por dentro algo se rompe en un sordo e intemporal desgarro. Pero son pequeños recuerdos inmensamente felices, como sólo pueden serlo los de los niños de aquella época en que se disfrutaba sin necesidad casi de nada. Recuerdos felices, familiares y sencillos, carentes de opulencias o extravagancias.
No puedo pensar en las navidades sin acordarme de mi abuela Matilde y de las nochebuenas en su casa. Todos los tíos y primos de mi familia materna reunidos bajo el ala de la gran matriarca. Con dificultad, recuerdo algo de cuando aún vivía mi abuelo Fernando; inicialmente muy incapacitado, finalmente encamado. Pero son recuerdos muy vagos y algo lúgubres poco relacionados con la navidad, más bien con la ternura y el reparo que nos producía aquel abuelo que siempre estaba malito.
Mi abuela Matilde hacía cada Nochebuena una sopa tradicional navideña. Una sopa de picadillo que siempre hemos llamado "Sopa Pombe" e ingeríamos con deleite. Era un caldo de puchero con hierbabuena y taquitos de jamón, patatas fritas y huevo duro, picatostes y albondiguitas. Cada cálida cucharada te transportaba a la Nochebuena anterior y hacía que se te cayeran un poco los mocos de ese catarro invernal que nunca se iba. Cada Nochebuena y por aclamación popular, la abuela Matilde cocinaba también sus famosas croquetas de sabor y textura inigualables. Eran devoradas con fruición y, tan deseadas que, a veces, si tardabas en llegar corrías el riesgo de quedarte sin ellas. Ahí no existía el orden, ni la ley, ni la familia. Fuente sacada, fuente devorada.
Otro de los sabores que tengo grabados en la memoria gastronómica de aquellos años es el de la Tortera de mi abuela. Una especie de gran mantecado con canela, clavo y adornada con filigranas de azúcar molida y canela en polvo al que fui adicto durante muchos años. Me encantaba ver la habilidad con la que, en medio minuto, recortaba el círculo de papel plegado, haciendo una sencilla plantilla para decorarla.
Cuando se acercaba la media noche, el niño Jesús nos dejaba juguetes en la salita a la que íbamos todos corriendo y chocándonos aparatosamente por el pasillo. Cuando los niños nos convertimos en medio-personas, mi abuela se había convertido en medio-anciana y los juguetes fueron sustituidos por el tradicional reparto de billetes de mil pesetas que recibíamos con disimulado entusiasmo.
Algunos villancicos se cantaban, claro. Acompañados por aquellas viejas panderetas de plástico decoradas con dibujos de niños con burritos y medio huérfanas de sonajas, el rin rin de una botella de anís frotada con un cubierto y algún cacharro de bronce de los que tenía mi abuela decorando el salón. No cantábamos muy bien, pero cantábamos, que al fin y al cabo era lo importante.
Luego, al salir para casa, con nuestros pasamontañas, bufandas y trenkas bien apretadas, siempre escuchábamos aquella frase inolvidable de "las boquitas, cerradas" y corriendo hacia el SEAT 131 que nos esperaba a la vuelta de la esquina. Al subir los cinco al coche (o seis, si ya estaba Nacho) los cristales se empañaban inmediatamente y mientras escuchábamos el tintineo de la alianza de mi padre en el parabrisas al pasar la mano para desempañarlo, comenzábamos a hacer dibujitos con nuestros finos dedos en los cristales. Mi madre sus caritas de niñas, tan sutiles y perfectas. Nosotros, pues cada uno a su estilo. A mí me gustaba jugar a imitar las muñequitas de mi madre hasta conseguir la imitación perfecta y luego, claro, ¿cómo no?, mis monigotes de siempre. Había que repartir el cristal porque todos queríamos pintar y la superficie era limitada, por lo que con frecuencia terminábamos con algún enfurruñamiento que volaba pronto porque estábamos en Navidad y los Reyes magos andaban siempre mirando… ¡Niños, portaros bien, he visto por allí el brillo de una corona! Y volvía el orden al interior del viejo SEAT 131.
Durante las vacaciones, mucho juego en el patio. Los petardos y las bromas nunca faltaban. A falta de medios, siempre andábamos inventando cosas. Como aquella vez que Marta y yo nos dedicamos a echar en los buzones de los vecinos mensajes tontos escritos con la vieja máquina de escribir que no tenía eñe. Los monigotes pegados en la espalda y las bromas que año tras año comprábamos en Pichardo, en aquel travieso ritual de la mañana del día de los inocentes: los "quema-culos", los molestos "pica-picas", los chicles amargos, los azucarillos con mosca, las heridas "de pega", la tinta invisible, las bombitas de peste, las cacas de plástico… Todo un catálogo de "pequeñas e inocente maldades" que animaban un poco el ambiente y siempre nos regalaban unas buenas carcajadas.
El día de nochevieja siempre lo pasábamos con mi familia paterna. Las familias de mi tío Joaquín y de mi tía Conchi, con la siempre amable presencia de mi abuelo Pedro luciendo su frondoso pelo blanco y, tras sus gafas de pasta, aquella mirada algo triste que no podía evitar interrogar al mundo. No faltaba cada año el ritual del brindis tradicional de la familia: "¡Ausentes y presentes, de aquí en un año…!". Siempre preparábamos un juego que solía ser el celebérrimo (y casi único por aquella época) "Un, dos, tres… Responda otra vez" que nos embelesaba cada noche de los viernes. Nos repartíamos los personajes y nos disfrazábamos: uno hacía de presentador (Kiko Ledgard, por aquella época) y los demás hacíamos las actuaciones. Preparábamos pruebas para las tres habituales fases del concurso, "las preguntas", "la eliminatoria" y "la subasta". Hacíamos "playbacks" y contábamos chistes y quiero pensar que los padres se lo pasaban pipa con nuestras gracias y monerías…
Luego, las uvas con la mágica y accidentada cuenta atrás. Los incontables abrazos, besos, "tequieros" y deseos para el año que recién comenzaba. El primer anuncio del año y los especiales de Nochevieja con los números musicales enlatados de los grupos del momento, risas con los Gila, Tip y Coll, Eugenio, etc… y luego, los indispensables Martes y Trece. Cada año, grabábamos su especial y lo poníamos durante meses hasta aprendernos los gags de memoria, lo cual nos servía para conseguir unas buenas risas durante todo el año.
Hacia las tres o cuatro de la mañana, sólo para adultos (¡niños, al cuarto!), el tradicional espectáculo con chicas ligeritas de ropa. El año que Sabrina nos enseñó la teta creo que nadie lo vio porque todos andábamos revolucionados hablando de "la teta de Sabrina".
Finalmente, la esperadísima fiesta de los Reyes. Los nervios más atenazadores se apoderaban de nosotros, llenándonos de intranquilidad, tics, movimientos incontrolados, ansiedad e insomnio… sólo por una noche. Finalmente caíamos rendidos y, tras escasas horas de sueño profundo, despertábamos con aquellas preguntas en la mente: ¿Habrán venido ya? ¿O todavía no? ¿Estarán ahí ahora? ¿Qué hago si me los encuentro? ¿Qué hora será? ¿Me levanto ya? ¿Qué ha sido se ruido? Y, al final, tras minutos de tensa espera y atenta escucha, me deslizaba lleno de arrojo hasta el contiguo dormitorio de mis hermanas. La casa estaba en calma. Ya con el apoyo de los refuerzos el camino por el largo pasillo se hacía más asequible y ridículamente apiñados conseguíamos alcanzar el salón con cierta rapidez. Al poco tiempo, nuestros ojos ya se habían acostumbrado a la oscuridad y distinguíamos con facilidad los bultos distribuidos por los sofás y la mesita baja. Suspiros de alivio. Nos acercábamos a tientas y toqueteábamos un poco con la intención de intuir la naturaleza de algunos objetos. Y algo intuíamos, claro. Luego, a la cama de nuevo con esa paz en el alma que sólo dan los sueños cumplidos. Tras dormir unas horas, de nuevo nos buscábamos los unos a los otros y corriendo al salón en esa segunda expedición a plena luz del día, exultante, sin precauciones ni miedos, con la única incógnita de que encontraríamos bajo los envoltorios. Aquel coche deportivo teledirigido de color blanco (¡sin cables!) que me esperaba detrás de una cortina es quizás de los regalos que más recuerdo de mi infancia. Probablemente lo destrocé en cosa de unos días, porque la magia es magia y los milagros son otra cosa…
El día de Reyes, todos los niños bajábamos al patio a presumir de nuestros nuevos juguetes y a conocer los de los demás y pasábamos todo el día jugando hasta que nos arreglábamos para ir de visita obligada a las casa de abuelos y tíos a recoger el resto del botín. Y prontito a casa, que al día siguiente había cole…
Tras muchos años, hoy sé que parte de la persona que soy y parte de la felicidad que hoy siento proviene del recuerdo dejado en mi alma por aquellas hermosas sensaciones y vivencias infantiles. Aquella sencillez, aquella cercanía, aquella bendita precariedad que nos proporcionaba suficiente de todo y mucho de nada…
Quizá sólo mucho de cariño y cercanía, de sencillez, de amor por las tradiciones y por la familia. 

jueves, 14 de noviembre de 2013

Enganchado a las "TED TALKS"

Estamos en la supuesta y manida "Era de la información" y, paradójicamente, nos invade, rodea y aturde tal cantidad de desinformación que resulta a veces imposible llegar a certezas si no sabe uno dónde y cómo buscar. Hoy día cualquiera puede subir contenidos a la red exentos de las oportunas comprobaciones o filtros de calidad. La red está llena de "ruido" y "redundancias". A menudo, cuando realiza una búsqueda, uno tiene que dedicar horas a escarbar entre semejante maremagnum hasta obtener lo que necesita.
En prensa y televisión se dan situaciones semejantes.
En la prensa escrita en papel o en la red, hay tantos medios, tan vinculados a orientaciones políticas o ideologías de pensamiento que resulta difícil discernir la verdadera información, veraz, honesta y fidedigna, de la marrullería periodística manipuladora de palabras e intenciones. Entiéndase bien, en todas las ideologías. Sin excepción.
Para colmo, la necesidad de "rellenar" y vender periódicos a diario... con la falta de novedades que por desgracia se aqueja nuestro maltrecho mundo.
La prensa deportiva es un caso aparte. Que varios diarios deportivos "echen" a la calle sus periódicos cada mañana con algún contenido medio interesante es difícil de asumir. Aunque, desde que tenemos (pan y) fútbol todos y cada uno de los días de la semana, la tarea se vuelve más manejable.
Lo de la tele es de traca. El crecimiento del número de canales desde la entrada en funcionamiento de la TDT ha sido exponencial y contrasta la envergadura de la oferta televisiva con la ínfima calidad de ésta. Gustos hay para todo y no tengo intención de entrar ahora en semejante fregado, pero, ¿cuántas veces os ha pasado eso de disponerte "a ver qué ponen hoy" y volar sobre los "nosecuántos" canales sin que te entren ganas de quedarte a ver ninguno de ellos?
El problema es que, al final, nos quedamos con alguno de ellos, el que nos parece menos malo, porque no contemplamos la alternativa de hacer otra cosa. Mi alternativa la tengo clara: ver alguna película o algún capítulo de algunas de las maravillosas series que hoy día se hacen. Los descargo o los veo online, eligiendo lo que veo, cuándo lo veo y sin anuncios.
Al final, el análisis es el de otras veces. Ni Internet ni la Televisión son "malos". Depende de cómo se usen. Venga, voy con la "parábola del bisiturí". Un bisturí, según se use, puede ayudar a salvar vidas o a acabar con ellas en un asesinato. Otra: La sexualidad puede ser una hermosa forma de expresar amor a la persona amada, pero también una indeseable, deleznable y denigrante forma de explotar a personas (habitualmente mujeres).
Odio cuando la televisión está siempre encendida por costumbre. Mi primera recomendación es tratar de que suela estar apagada y encenderla sólo a la hora de ver un programa concreto. En la televisión hay buenos programas, series y, a veces, hasta películas. hay que "escarbar" un poco, como en Internet.
Internet, además de la oferta de productos comerciales "online" (películas, series, contenidos televisivos y radiofónicos a la carta, etc.) ofrece innumerables contenidos a través de múltiples plataformas: desde las propias páginas web hasta las plataformas tipo Youtube, Vimeo, etc.
Esta entrada viene al caso para compartir uno de mis últimos hallazgos. Hace poco, en una conferencia, el ponente recomendó las "Ted Talks". Pensé que se trataría de uno de esos programas estadounidenses ubicados en "prime time". Un "Late Night Show" presentado por algún tipo canoso y carismático llamado Ted. Me planteé buscar información pero se me fue pasando. Días después, en Facebook alguien compartió una de estas "Ted Talks" y me decidí a verla.
Se trataba de una charla-poema del poeta canadiense Shane Koyczan llamada "To this day..", "Al día de hoy..." por el abuso y la belleza. Una valiente, bella, desgarradora y conmovedora conferencia-poema de 12 minutos en la que denuncia el abuso (bullying) al que fue sometido en su infancia y al que son sometidos miles de niños a diario en los colegios e institutos de todo el mundo (aunque da la impresión de estar casi institucionalizado en norteamérica).
Os dejo el enlace:

Definitivamente me he engnachado a las TED TALKS.
TED es una organización fundada en 1984 por Richard Saul Wurman a raíz de la observación de la poderosa convergencia entre la TECNOLOGÍA, EL ENTRETENIMIENTO Y EL DISEÑO, palabras que determinan las iniciales del acrónimo T.E.D.
Su slogan es "Ideas worth spreading", es decir, "Ideas dignas de difundirse" o algo así. Las hay de todo tipo, educativas, motivadoras, científicas, etc. En su página web y en la aplicación del ipad se puede definir el lenguaje de los subtítulos para ponerlos en español. para colmo, nos ayudará a practicar o desoxidar nuestro inglés.

Bueno, esta es la página:

Por si queréis comenzar con alguna recomendación para luego ir buscando las de vuestro gusto, os dejo los enlaces de varias que he visto:

Sir Ken Robinson. "How schools kill creativity?" ("Cómo matan las escuelas la creatividad")

Tony Robbins: "Why we do what we do?" ("¿Por qué hacemos lo que hacemos?")

Jill Bolte Taylor: "Powerfull stroke from insight" ("El poderoso derrame de iluminación")

Simon Sinek: "How great leaders inspire action" ( "Cómo los grandes líderes inspiran la acción")

Hans Rosling: "The best stats you've ever seen" ("Las mejores estadísticas que jamás has visto")

Alison Gopnik: "What do babies think?" ("¿En qué piensan los bebés?")

Dan Gilbert: "Why are we happy?" ("¿Por qué somos felices?")
http://www.ted.com/talks/dan_gilbert_asks_why_are_we_happy.html

Pattie Maes: "Demos sixth sense" ("Demostrando el sexto sentido")

Espero que las disfrutéis tanto como yo.

martes, 3 de septiembre de 2013

El tercer beso

Hace unos años me ocurrió una cosa. Creo que ya lo he contado alguna vez. Tras terminar de leer un libro ("Los premios", de Julio Cortázar) lo cerré y, de forma imprevista e impulsiva, besé su cubierta. En principio me pareció un gesto de lo más inocente y natural, lógico hacia "quien" te ha acompañado y hecho feliz durante un buen tiempo. Luego pensé: "¡Pero, seré gilipuertas!". El día que, tras disfrutar de una buena película, me dé por irme a la pantalla a plantarle un besazo me van a tomar por loco. Pero con los libros es diferente. Ellos te acompañan durante mucho más tiempo, en soledad, en silencio, susurrándote a los ojos y acariciándolos con las finas patitas de sus diminutas letras, transportándote a otros mundos, elevándote mediante el difícil arte de volver las palabras hermosas el sencillo oficio de narrar historias. Tampoco esto ocurre con todos los libros. No nos creemos falsas ilusiones. Hay muchos libros que aportan la satisfacción de una historia magnética, unas tramas bien urdidas y un desarrollo eficaz y solvente pero, no obstante, no abundan aquellos en los que lo que destaca es el arte de la literatura. El libro que me estoy leyendo actualmente ("Corre, Conejo", de John Updike) me ha regalado dicho placer desde la primera página. En ella, recién comenzada su lectura y ajeno por completo a lo que ocurrirá en ella y a si su final será feliz o amargo, he encontrado más literatura y más placer que en cualquier otra media docena de libros escogida al azar. Es más, ya sé que, casi con toda seguridad, acabaré morreándome con este libro…
Pero, no quiero distraerme de lo que ocupa esta entrada: los besos. Aquel fue un primer beso extraño en mi vida. ¿Qué demonios era eso de besar un libro? ¿Iba aquello a convertirse en una costumbre? ¿Sería el primer síntoma de una grave enfermedad mental? Nada de eso (supongo). Mi vida transcurrió como solía durante un tiempo que no sabría determinar, ni importa mucho. Hasta aquel día en que presencié una breve, impactante y conmovedora escena. Caminaba yo distraído por la avenida de Ramón y Cajal hacia casa de (mi, entonces, novia) Elo, cuando veo salir de una farmacia, ubicada en unos soportales a mi izquierda, a un yonky de aspecto famélico y sucio. Llevaba algo entre sus manos y, en ese preciso momento, se lo acercó a la boca y lo besó. Asía, con la mayoría de sus ennegrecidos dedos, una jeringuilla nueva y empaquetada. Fue un beso rápido y apretado, todo lo que la sonrisa que arqueaba sus labios le permitía. Mientras, caminaba con cierto aire de triunfal felicidad.
¡Un yonky dándole un beso a una "chuta" nueva! Esa imagen quedó grabada en mi alma. ¿Cuántos amigos habría perdido ya por el SIDA o la hepatitis? ¿Cuánto tiempo llevaría enganchado? ¿Cuántos chutes haría que no disponía de una jeringuilla limpia? ¿Cuánto meses sin sonreír ni sentir algo parecido a la ilusión? Es posible que en esa farmacia solieran facilitar jeringuillas a los drogadictos con la lógica intención de disminuir su riesgo de padecer enfermedades potencialmente letales. Es posible que, en contra de los deseos de la propietaria, fuera una de las empleadas la que, a escondidas, regalara las jeringuillas a los drogadictos, jugándose el tipo por unos férreos valores solidarios. ¡Yo qué sé! Sólo sé que aquel beso no paraba de dar vueltas en mi cabeza y me hacía pensar y pensar. Pensar en la vida de aquel hombre degradado, de aquel despojo humano condenado a una vida marginal y a una, más que probable, cercana muerte. Pensar en todas esas cosas en las que no solemos pensar. E, instintivamente, reapareció en mi memoria aquel antiguo beso al viejo libro de Cortázar. Y me pareció que se unían en un todo que aún estaba incompleto, falto de una tercera entrega que lo redondeara en forma y fondo, como un tríptico, un trisquel o la mismísima trilogía de "El Padrino".
Pueden haber pasado entre diez y quince años desde el segundo beso: aquel beso de la necesidad dado a una jeringuilla por una boca séptica. Todo este tiempo me he descubierto buscando "el tercero" por todas partes, sin tener la más remota idea de por dónde iba a llegar. A veces he querido hallarlo en el tierno beso depositado por una cuidadora en la frente de una anciana enferma. Otras veces, al reconocerme en la ternura de otro padre hacia su hijo pequeño…
Pero, no contaba con que ese tercer beso pudiera ocurrir en otra ciudad y llegar a mí narrado por una tercera persona, sin que mis ojos hayan tenido la suerte de presenciarlo. Y diréis: ¿Y cómo puedes estar seguro de que ése es el esperado "tercer beso" si ni siquiera lo has visto? Pues lo estoy.
Tengo una amiga que cuida de su padre con regularidad: todos los lunes y un fin de semana al mes. Es una maravillosa gran familia y todos los hermanos reparten equitativamente la dura y placentera carga. La madre falleció hace tres años y el abuelo acaba de cumplir ochenta y ocho añazos, aunque nadie lo diría por la forma en que le pirra maquearse y tirarse para la calle a dar un paseo. Señor sabio y pinturero; viste siempre con traje, corbata y sombrero, e igual disfruta de un cafelito con churros que de un oloroso y media de jamón, mientras su hija, le cuenta sus cosas y todo lo que pasa en la plaza, sustituyendo a unos ojos gastados que sólo dejan pasar un trocito de mundo.
A finales de agosto se ha cumplido el tercer aniversario del fallecimiento de la madre y celebraron una misa a la que acudió toda la familia.  Ese día, estando en la casa con él, ocurrió una escena profundamente conmovedora. En un momento dado, mi amiga volvió la mirada hacia su padre y lo descubrió acercándose a besar una foto de la madre que suele estar, como es costumbre en nuestra tierra, entre la ropa de la mesa de camilla y el cristal que la cubre. La acariciaba y la besaba suavemente de forma repetida, con tanta dulzura que a mi amiga se le quebró el alma. Tanta ternura, tanto amor, tanta añoranza tras una vida juntos y, ahora, tan sólo poder besar el recuerdo impreso en una vieja fotografía.
"¿Adónde van los besos que no damos?", decía la letra de aquella canción. Y, ¿adónde van los besos que damos a los objetos, a aquellas cosas que nos aprietan el corazón y nos emocionan? El beso a la vieja foto emocionó a mi amiga y la hizo llorar. Escribió un hermoso texto (hablando de la emoción de ese momento y de la maravillosa persona que fue su madre) que nos envió por correo a varios de sus amigos más cercanos. Todos nos emocionamos y revivimos situaciones, emociones y pérdidas propias, volviendo a notar nudos en la garganta y el duro sabor salado de las viejas lágrimas. En ese momento sentí que quería más que nunca a Elo y que no merecía la pena discutir por aquella tontería que ahora ni recuerdo. Probablemente, ella sintió algo de paz y eso ayudó a que no gritara a los niños por haber dejado tiradas las toallas tras secarse. Telefoneé a mi padre y a mi madre porque necesitaba sentirlos al otro lado del teléfono. Quiero pensar que ellos, al recibir mi llamada y sentirse cuidados, igual decidieron coger a su vez el teléfono y llamar a alguien a quien debían de llamar hace tiempo. Quizá charlaron un rato con mi hermana Pilar, que vive fuera y siempre anda más solilla… Igual ella recibió una llamada en el momento justo para recibir un ánimo que le faltaba e, igual, sus pacientes lo notaron aquel día…
Nuestros amigos respondieron a su correo explicando la misma conmoción golpeando sus almas en la paz de las tibias y largas horas de los días de agosto. Quiero imaginarles haciendo lo que yo: sintiéndose invadidos por la inefable fuerza de aquella imagen, corriendo a transmitir a sus seres queridos la onda expansiva de aquellos pequeños besos sobre el cristal que cubría la vieja foto.  Aquellos besos humildes, añorantes, íntimos… constituyen, sin ningún lugar a dudas, todo lo que desde hace años esperaba como "el tercer beso". Por cómo y de quién brotaron, por cuánto conmovieron, por la forma en que me llegaron sin haberlo presenciado, por todo lo que llegaron a provocar y quizá sigan provocando... 
Gracias, Don Balbino. La esencia de todo lo bueno, de todo lo hermoso, tiene reflejo en cada cosa que ha hecho y creado. Señor, tiene usted talento hasta para dar besos.
Gracias, querida amiga.


miércoles, 14 de agosto de 2013

Ya ha ocurrido... ¡Una sala de cine vacía!

Ya ha ocurrido.
Sabía que tarde o temprano ocurriría, pero uno no acaba de hacerse a la idea por mucho que lo espere. Ayer, lamentablemente, vi una película en una sala de cine absolutamente vacía. Bueno, sin otros espectadores que nosotros, quiero decir. Ejem.
Durante los últimos años he visto películas en salas casi vacías, con apenas cinco o seis solitarias personas agrupadas en parejas o pequeños grupos. Cuando fuimos a ver "The artist" éramos cuatro; recuerdo que nos hicimos una foto con el móvil y todo. En "Midnight in Paris", quizá siete. En "Django desencadenado" recuerdo claramente que éramos seis personas, dos grupúsculos de tres amigotes. Y siempre pensaba, "cualquier día de estos veremos una peli en una sala vacía..." Y ya ha ocurrido.
Entiendo que ayer era 12 de agosto y la sesión fue a las cuatro y cuarto de la tarde. No obviaré estos aspectos. Comprendo que la película no es, precisamente, una película comercial al uso, como otras en cartelera como la nueva de Matt Damon o "Lobezno inmortal", las infantiles "Aviones", "Gru 2" o "Monstruos University". Se trataba de "Antes del anochecer", tercera película (y última) de una trilogía dirigida por Richard Linklater, iniciada en 1995 por "Antes del amanecer" y continuada en 2004 por "Antes del atardecer". Sin duda, de obligado visionado previo.
La trilogía desgrana la historia amorosa de Celine y Jesse desde su primer encuentro veinteañero en Viena (Antes del amanecer), pasando por su reencuentro en París una década después, barnizados por una joven madurez (Antes del atardecer) y, como no podía ser de otra manera, la evolución de su relación, su madurez y sus crisis en la embrutecedora y erosiva convivencia como padres de familia (Antes del anochecer).
 
Algunas críticas:
-"Uno de los grandes romances del cine de la era moderna alcanza su expresión más rica y completa en esta tercera entrega (...) Exquisita, melancólica, hilarante y catártica". Justin Chang: Variety.

-Desde la primera hasta la última escena, Hawke y Delpy sobresalen de manera brillante, vistiendo sus papeles como si fueran una segunda piel". Peter Travers: Rolling Stone.
-No es sólo más oscura que las dos películas anteriores. Es más grande, más profunda y penetrante". Owen Gleiberman: Entertainment weekly.

-"Encontrar el amor es fácil. mantenerse juntos es difícil. Hacer una película tan cálida, divertida y rigurosamente veraz sobre los que se aman y siguen tratando de ser compañeros es aún más difícil". New York Post.

-"Divertido y desgarrador estudio sobre las relaciones sentimentales. (...) Notable entrega de la serie (...) la audiencia que haya envejecido con Celine y Jesse apreciará este nuevo episodio. John DeFore: The Holliwood Reporter.
 
No quiero aburrir con más críticas. Tan sólo unas pinceladas para que conozcáis la valoración general de la crítica con respecto a esta obra.
Pero, independientemente de que me haya parecido genial tanto la película como la serie completa, no es la intención de esta entrada hablar tanto de ella como de esa sala vacía en la que disfruté tanto cogido suavemente de la mano de mi mujer.
Hace un par de días, mi viejo amigo y compañero José Luis Romo hacía un comentario en feisbu sobre su última experiencia cinematográfica. Había ido al cine por primera vez con sus dos hijos y a 7,20 euros la entrada, les había salido la broma (sin refrescos de cola aguados ni palomitas) por casi treinta euros. A nosotros nos pasó algo similar hace poco cuando fuimos a ver con los enanos "Monstruos University" (Recomendable 100%. Mucha risa. Animación genial.). Creo que en aquella sala estábamos unas 10-12 personas (tres familias, vamos).
Esto se une en mi mente a una triste noticia vista hace, quizá, un par de meses en la que se hacía una desconcertada crónica del cierre del último cine en una capital de provincia. Pontevedra, creo recordar. ¡La primera capital de provincia en la que ya no queda ninguna sala de cine abierta! Aquello me sobrecogió.
 
Como casi todos los graves problemas, éste es un problema complejo. El cine no es sólo una mera forma de entretenimiento. Detrás de las películas que disfrutamos o sufrimos en las vacías salas de cine se esconde toda una gran industria de la que dependen miles de empresas y puestos de trabajo directos o indirectos. Echar la culpa de ello a las descargas ilegales es, cuando menos, un análisis mediocre, simplista e incompleto. Pero claro, es más fácil echar la culpa a los demás que mirarse uno mismo con un sincero sentido crítico.
Que las descargas ilegales suponen una evidente vulneración de los derechos de autor y han hecho un significativo daño a la industria son hechos innegables. Que el nivel medio de las películas ha descendido a esa insípida franja entre la mediocridad y el aburrimiento, para mí, también. La industria quiere dinero y suele apostar sobre seguro. Grandes inversiones en superproducciones de acción, ciencia ficción, superhéroes y animación; gran despliegue en promoción y publicidad; y colapso en las carteleras con rápida recuperación de "la manteca" tanto en las salas de estreno como en "juguetes" y "merchandising". Las películas se mantienen en cartelera el tiempo que haga falta, mientras las pequeñas películas que llamaríamos "independientes", de esos directores menos conocidos o nada comerciales, con sus cuidados guiones, sus ajustados presupuestos y su mimada producción... ésas, apenas sobreviven un par de semanas en cartelera. Con frecuencia son clasificadas como geniales, incluso obras maestras, y, a su vez, etiquetadas como fracasos de taquilla.
 
Ayer pensaba yo... ¿cuántas personas más hubieran asistido a la proyección si la entrada costara, por ejemplo, tres euros? En esa sesión del 12 de agosto de 2013 a las 16:15h, hicieron una caja de 14,40 euros. A nada que hubieran asistido 8 personas (¡cuatro románticas parejas!), los ingresos hubieran ascendido a cerca de el doble. ¿Iría más gente al cine si costara 3 euros en lugar de 7,20? Yo estoy convencido de que sí. Independientemente de esta maldita crisis que nos come la vida, el cine es un producto caro. Con cocacolas aguadas y palomitas de tamaño mediano, mucho más.
 
La industria debe actualizarse, sí. Eso estamos hartos de escucharlo. Plataformas digitales de cine online, producciones para ver exclusivamente en internet, cine a la carta, cine gratis a cambio de publicidad... Muy bien, grandes ideas. Pero, ¿de verdad estamos abocados al fracaso y desaparición del cine en las salas comerciales tal y como lo hemos conocido toda la vida? A mí se me ocurre otra solución: actualizarse hacia atrás en lugar de hacia adelante. Volver a hacer películas buenas, de calidad, con más talento y menos inversión y, segundo, volver a plantear una política de precios razonable que atraiga al público a las salas de cine como en aquellos viejos tiempos en que costaba 250 pesetas y, si llegabas un poco justo a la sesión, te tocaba sentarte en esas primeras filas de butacas a los pies de la gran pantalla y llevarte el recuerdo de una buena peli, junto a una mijita de requemor en el cuello y en los ojos.
 
Como esta entrada va de cine, no puedo evitar alargarla un poco (me estaba quedando muy cortita...) con recomendaciones de las últimas pelis vistas este verano:
- Los miserables (Tom Hooper, 2012): En dos palabras, muy buena. Conmovedora obra cinematográfica en la que el hecho de ser un musical (extremo este que echaría para atrás a más de uno y de dos) no sólo no le resta lo más mínimo sino que la engrandece generosamente (para los amantes del género). Quizá supera la proporción razonable de lo cantado y lo hablado y se recrea en cerrados primeros planos.
- La cinta blanca (Michael Haneke, 2012): Haneke, con su demostrada pericia, y ayudado por una genial fotografía en blanco y negro, nos transporta a un pequeño pueblo del norte de Alemania a principio de siglo. Las férreas costumbres, la rigidez en la vivencia de la religión protestante y la sutil manifestación de la oscuridad que pueden albergar los seres humanos en su alma se entrecruzan tejiendo una angustiosa red que te deja sin respiración. La estampa social que dibuja con delicados trazos, nos muestra las incipientes raíces de un fascismo que años después arraigaría con trágica y demoledora fuerza.
- ¡Qué verde era mi valle! (John Ford, 1941): Esta joya del cine ganó los oscar (entre otros) a la mejor película, el mejor director, mejor actor secundario (Donald Crisp), fotografía, y dirección de actores... el año de Ciudadano Kane. Cuenta la vida de los Morgan, una familia en un pueblo minero de Gales, amantes de las tradiciones y respetuosos creyentes. La historia, contada desde los ojos de Huw, del menor de los hijos pone certeramente sobre el tapete los grandes conflictos universales: la familia, el respeto por las tradiciones, el amor platónico, la doble moral de las gentes, todo con el trasfondo de la injusticia social y laboral encarnada en los cuerpos cansados y cubiertos de carbón de los mineros. La bajada de salarios provoca la necesidad de unirse sindicalmente con la intención de ganar fuerza. Ello desencadenará el conflicto laboral en el pueblo y, en particular, dentro de la casa de los Morgan, causando el enfrentamiento de los hijos con el tierno patriarca... En resumen, una sobresaliente lección de cine, de la vida y de los sentimientos.
- Naúfrago en la luna (Castaway on the moon) (Lee Hae-Jun, 2009): pequeña y desconocida joya del pujante cine surcoreano. Narra
 la historia de un hombre, un joven ejecutivo que, fruto de una crisis existencial, se lanza desde un puente al río que pasa por su ciudad y acaba aislado como un naufrago en una pequeña isla fluvial desde la que se ve la ciudad aunque no es capaz de alcanzarla. Una joven que vive recluida voluntariamente en su habitación, aislada de todo el mundo, es la única en percatarse de su existencia e inician una peculiar relación por correspondencia. Una historia de fobias, miedos, soledad y anhelos. Una pequeña fábula sobre la sociedad moderna y las demoledoras consecuencias sobre las personas.
 
A ver si entre todos arreglamos un poco esto, hombre.
Sed felices y ved mucho cine. Se os quiere taco.
 
 

sábado, 15 de junio de 2013

Despedida y legado de nuestra dulce Marga. Non omnis moriar.

Ya ha ocurrido otra vez. La peor cara de la muerte se ha vuelto a llevar prematuramente a una gran persona, a un ser humano excepcional que no merecía tan cruel destino. Que haya un ángel más en el cielo no nos consuela a las personas que sólo deseábamos algo tan simple como seguir disfrutando de Marga, de su sonrisa, de su alegría, de su fuerza.. de su presencia.
Con Marga me ha ocurrido algo que sólo ocurre en contadas ocasiones a lo largo de la vida. Estoy habituado a que la presencia y/o influencia emocional de alguien en mi día a día resulten proporcionales al grado de consanguinidad o la antigüedad de la amistad. A ella la conocí hace relativamente pocos años y son, quizá, sus años de enfermedad los que nos han acercado. Nuestro cariño (hablo en plural porque comparto todo este sentimiento con Elo), preocupación y dolor fueron creciendo a medida que su enfermedad avanzaba. Su fuerza, su entereza, su madurez y su capacidad de lucha hicieron nacer y desbordarse un sentimiento de profunda admiración por ella y por su familia, así como una profunda toma de consciencia del increíble amor que sentía por mi mujer y por mis hijos. Un aprendizaje vital sobre lo que realmente importa y sobre cómo se ha de mirar al coco a los ojos y decirle "no te tengo miedo", "voy a luchar hasta la extenuación".
Marga nos ha regalado con su marcha algo impagable, una lección imprescindible compuesta por dos temas esenciales: El primero y más importante, disfruta de la vida y ama a tu gente pues no sabes lo que te espera a la vuelta de la esquina. El segundo, ten fe siempre, lucha mientras tengas fuerzas, sonríe incluso cuando todo vaya mal.
He aprendido a admirar profundamente a Valentín, su ejemplar marido. El hombre bueno y sereno que, gracias a su talante y a la paz que tiene y desprende, ha sabido hacer transitable el duro y cada vez más angosto y espinoso camino. Su presencia incansable, su sonrisa afable, su mirada tierna y su amoroso trato ha sido un continuo bálsamo en las heridas del cuerpo y del alma de nuestra querida Marga. Reza el adagio que no hay almohada más blanda que la conciencia tranquila, y saber que has hecho todo lo que has debido y podido, aunque no calme el dolor de la pérdida, seguro que amortigua parcialmente sus crueles punzadas.
El dolor de la familia, de esa madre hundida, agotada e indignada... y de los desgarrados hermanos, desprovistos de una insustituible parte de si mismos… de esos preciosos hijos aún ajenos al dolor, protegidos por la bendita capa aislante que proporciona su niñez, su inmadurez…  no me atrevo a describirlo con palabras tan simples como osadas, que siempre quedarán pequeñas. No me atrevo, ni siquiera, a pensar que puedo imaginarlo. Sólo siento cómo una extraña fuerza me empuja a unirme a él, a compartirlo, a sufrirlo con ellos a hacerlo mío por si ayuda, por si, al repartirlo, fuera capaz de menguarlo.
Mi amiga Yoyo se ha comprado un libro de citas comentadas y nos envía un poco de su sabiduría cada día. Hoy, tras el entierro, ha reenviado una de Horacio, de tiempo atrás. "NON OMNIS MORIAR" (No moriré del todo). Me encanta, sobre todo, porque habla de una actitud durante la vida y, fundamentalmente, ante la muerte. Habla de una actitud de consciencia, de determinación y de fe. Es evidente que quien cree que existe " ese algo" después de la muerte, cree que cuando su cuerpo muera, no morirá del todo. Igual que el que cree en la trascendencia de sus actos y en su perdurar en personas y entorno cercano...

No moriré del todo porque no muere del todo quien tiene fe.


No muere del todo quien deja algo en la tierra.
No muere del todo quien ha amado, pues su amor perdura siempre. Ni quien ha regado a su paso con bondad ilimitada.
No puede morir del todo quien ha compartido media vida con otro, quien ha creado tres pequeñas vidas que laten con la salvaje e insolente fuerza de la niñez... quien ha regalado sus diminutos genes y su alma partida en tercios.
No puede morir del todo quien te ha enseñado algo, pues vive en lo aprendido; en tu experiencia. Y quien te ha enseñado cómo vivir, sin remedio vivirá en tí.
No puede morir del todo aquella persona con quien has reído o llorado, pues revivirá en cada sonrisa y en cada lágrima.
No puede morir del todo quien consigue grabar recuerdos gratos en las memorias ajenas, quien ha hecho brotar en una amigo el deseo de ser mejor, de ser como él, de hacer las cosas a su manera. Con su fuerza, con su fe, con sus ganas y energía, con su alegría, con su valentía, con su decisión, con su elegancia, con su humor, con su tenacidad, con su brillo...
No muere del todo la estrella fugaz que deja su pequeña estela luminosa, apenas como un parpadeo, prendida en nuestra memoria en forma de deseo.
Y, por encima de todo, no muere del todo quien yo deseo y decido que no muera del todo. Aquella persona a quien recuerdo intencionadamente con frecuencia, aquellos cuyos nombres repito. No muere quien me dejó algunas anécdotas que contaré en torno a una mesa, quien me dio un ejemplo y sabiduría que pienso aprovechar, quien confió en mí y aprendió que podía contar conmigo siempre, quien me invitó a aprovechar la vida en cada milésima de segundo, quien me brota sólo en forma de palabras hermosas, quien me hace latir el corazón con fuerza, quien ya forma parte de mí porque compartió mi tiempo en el mundo, quien hizo mi mundo un poco mejor...
Gracias, Marga, por lo vivido, por lo compartido, por lo dejado, por lo aprendido. Por tanta enseñanza y tanto ejemplo. Por mostrarlos toda la bondad que puede hallarse en el universo. Por no morir del todo y quedar un poco en nosotros y en nuestros recuerdos.


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Salvador Terceño Raposo