domingo, 22 de abril de 2012
Mi monumento para Adela
jueves, 19 de mayo de 2011
Dolor y muerte en Lorca
El pasado día 11de mayo Lorca se tiñó de gris y rojo.
Un temblor de la tierra redujo a grises escombros parte de sus edificios y sepultó las vidas de 9 personas, hiriendo a otras 293; destrozando de paso las vidas de otras miles por el dolor y la pérdida. Cuantiosísimas pérdidas económicas e inconmensurables pérdidas humanas es el balance arrojado tras las primeras jornadas.
Jamás pensamos que semejantes dramas puedan sacudir nuestras vidas, quizá invitados por la costumbre de su ausencia gracias a una privilegiada ubicación de nuestra caprichosa península. Pero ocurren. Y, a la vista está, que no es necesario un seísmo de alta magnitud en la escala de Richter para causar muerte y destrozos en localizades de arquitectura antigua y de escasa o nula preparación.
Copio y pego aquí la famosa escala y comprobamos los supuestos daños que causaría un seísmo de magnitud entre 5 y 6: aparentemente sólo daños leves. Claro, el daño lo produce el derrumbamiento de edificaciones y éstas se derrumban si no están en buenas condiciones aunque el temblor sea de escasa magnitud.
La escala aumenta exponencialmente, de modo que un terremoto de intensidad 4 no es el doble que otro de intensidad 2 sino 100 veces mayor y así de forma sucesiva.
Un seísmo que tenga una magnitud a 3,5 en esta escala habitualmente no es percibido, pero puede llegar a causar algunos daños menores.
A partir de ese punto de la escala, y hasta 5,5, el terremoto puede sentirse pero apenas causará daños.
La cosa empieza a complicarse a partir de 5,5. Hasta 6, los desperfectos pueden ser leves en edificios y construcciones y a partir de ese punto y hasta 7 los daños ya son serios.
Entre 7 y 7,9 nos encontramos con un terremoto mayor, que puede dejar altas cotas de destrucción.
Y a partir de 8 estamos ante un gran terremoto, con capacidad de ocasionar un desastre total en un importante área.
La escala no termina en el 10, como sería logico pensar, sino que llega hasta 12, punto que Richter hace equivaler a la fractura de la Tierra por el núcleo y a una potencia de energía equivalente a 1 billón de toneladas de trinitrotolueno.
Todo esto me hace pensar (y debiera hacer pensar a los políticos y legisladores) si no estamos viviendo en trampas de cemento y hormigón. Si no estamos todos expuestos a perecer bajo los escombros de un terremoto algo mayor a un fuerte estornudo. Las viejas viviendas de los cascos antiguos, que prácticamente se sujetan las unas a las otras y aquellos primeros altos edificios de los años 60 y 70, por cuyos cimientos ya han pasado décadas, la multitud de viviendas del periodo de la burbuja inmobiliaria, construídas con pésimas calidades y abaratando precios para engordar las alforjas de estos y aquellos...
Siguiendo la conocida e irrefutable teoría del Yin y el Yang, representada por la filosofía oriental en el diagrama llamado Taijitu, inevitablemente encontramos bajo aquellos escombros historias, anécdotas y personas que aportan luz, grandeza, ejemplo y esperanza a este esperpéntico desastre.

El corazón y la bondad de las personas vuelven a darnos lecciones y colocan ese pequeño circulito blanco y perfecto en todo el centro de la inmensa oscuridad del Yin.
Han ayudado a colocarlo mujeres como Toñi, ama de casa de 38 años, que falleció por cubrir con su cuerpo y salvar a sus dos hijos, Salva y Sergio, que aún andan preguntando por ella. Toñi no era guardaespaldas ni marine, pero demostró ser de esas mujeres que, ante la duda, se echaba para delante sin vacilar.
Mayte, una joven de Águilas de 28 años, dio a luz durante el terremoto a una cría llamada Alba. Según cuenta ella misma en una entrevista, los médicos y enfermeras la animaban, le acariciaban la cara para tranquilizarla. Todos hicieron lo que tenían que hacer a pesar del pánico.
La madre superiora del convento de las Clarisas estaba siendo entrevistada tras el primer temblor y estonces llegó el segundo. Su reacción fue hacer lo que mejor sabe: rezar. "Apacigua tu ira, Dios mío", repetía una y otra vez como una letanía desesperada. ¿Qué se le puede decir al que da todo lo que tiene?
Los comerciantes se han visto obligados a sacar toda su mercancía a la calle, a las aceras, para evitar su deterioro y no ha habido ni una sola denuncia por pillaje. Ni siguiera la necesidad o la oportunidad han despertado ni azuzado a los dañinos, y a veces inevitables, bajos instintos. El pueblo de Lorca se siente UNO ante la tragedia y como tal la afronta.
Lo esperado, no por esperado pierde valor y fuerza: la visita del gobierno y la casa real para llorar con las víctimas, las estrellas del Real Madrid corriendo a sacar dinero de donde siempre sale, los bancos mandando dinero, las aseguradoras asumiendo gastos e impagos, el ejército, los bomberos y curpos de seguridad y profesionales sanitarios, agotándose en desoloadores e interminables turnos, el país entero volcándose en mensajes y cariño hacia el pueblo murciano...
Desde mi humilde rincón, todo mi solidaridad en el dolor y todo mi cariño para víctimas y familiares, para los accidentados sin-techo, para todo aquel que haya ayudado directa o indirectamente, para todo el que se haya sentido emocionado y conmocionado por semejante tragedia.
Esperemos que no ocurra nunca más.

