Collage íntimo

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miércoles, 14 de agosto de 2013

Ya ha ocurrido... ¡Una sala de cine vacía!

Ya ha ocurrido.
Sabía que tarde o temprano ocurriría, pero uno no acaba de hacerse a la idea por mucho que lo espere. Ayer, lamentablemente, vi una película en una sala de cine absolutamente vacía. Bueno, sin otros espectadores que nosotros, quiero decir. Ejem.
Durante los últimos años he visto películas en salas casi vacías, con apenas cinco o seis solitarias personas agrupadas en parejas o pequeños grupos. Cuando fuimos a ver "The artist" éramos cuatro; recuerdo que nos hicimos una foto con el móvil y todo. En "Midnight in Paris", quizá siete. En "Django desencadenado" recuerdo claramente que éramos seis personas, dos grupúsculos de tres amigotes. Y siempre pensaba, "cualquier día de estos veremos una peli en una sala vacía..." Y ya ha ocurrido.
Entiendo que ayer era 12 de agosto y la sesión fue a las cuatro y cuarto de la tarde. No obviaré estos aspectos. Comprendo que la película no es, precisamente, una película comercial al uso, como otras en cartelera como la nueva de Matt Damon o "Lobezno inmortal", las infantiles "Aviones", "Gru 2" o "Monstruos University". Se trataba de "Antes del anochecer", tercera película (y última) de una trilogía dirigida por Richard Linklater, iniciada en 1995 por "Antes del amanecer" y continuada en 2004 por "Antes del atardecer". Sin duda, de obligado visionado previo.
La trilogía desgrana la historia amorosa de Celine y Jesse desde su primer encuentro veinteañero en Viena (Antes del amanecer), pasando por su reencuentro en París una década después, barnizados por una joven madurez (Antes del atardecer) y, como no podía ser de otra manera, la evolución de su relación, su madurez y sus crisis en la embrutecedora y erosiva convivencia como padres de familia (Antes del anochecer).
 
Algunas críticas:
-"Uno de los grandes romances del cine de la era moderna alcanza su expresión más rica y completa en esta tercera entrega (...) Exquisita, melancólica, hilarante y catártica". Justin Chang: Variety.

-Desde la primera hasta la última escena, Hawke y Delpy sobresalen de manera brillante, vistiendo sus papeles como si fueran una segunda piel". Peter Travers: Rolling Stone.
-No es sólo más oscura que las dos películas anteriores. Es más grande, más profunda y penetrante". Owen Gleiberman: Entertainment weekly.

-"Encontrar el amor es fácil. mantenerse juntos es difícil. Hacer una película tan cálida, divertida y rigurosamente veraz sobre los que se aman y siguen tratando de ser compañeros es aún más difícil". New York Post.

-"Divertido y desgarrador estudio sobre las relaciones sentimentales. (...) Notable entrega de la serie (...) la audiencia que haya envejecido con Celine y Jesse apreciará este nuevo episodio. John DeFore: The Holliwood Reporter.
 
No quiero aburrir con más críticas. Tan sólo unas pinceladas para que conozcáis la valoración general de la crítica con respecto a esta obra.
Pero, independientemente de que me haya parecido genial tanto la película como la serie completa, no es la intención de esta entrada hablar tanto de ella como de esa sala vacía en la que disfruté tanto cogido suavemente de la mano de mi mujer.
Hace un par de días, mi viejo amigo y compañero José Luis Romo hacía un comentario en feisbu sobre su última experiencia cinematográfica. Había ido al cine por primera vez con sus dos hijos y a 7,20 euros la entrada, les había salido la broma (sin refrescos de cola aguados ni palomitas) por casi treinta euros. A nosotros nos pasó algo similar hace poco cuando fuimos a ver con los enanos "Monstruos University" (Recomendable 100%. Mucha risa. Animación genial.). Creo que en aquella sala estábamos unas 10-12 personas (tres familias, vamos).
Esto se une en mi mente a una triste noticia vista hace, quizá, un par de meses en la que se hacía una desconcertada crónica del cierre del último cine en una capital de provincia. Pontevedra, creo recordar. ¡La primera capital de provincia en la que ya no queda ninguna sala de cine abierta! Aquello me sobrecogió.
 
Como casi todos los graves problemas, éste es un problema complejo. El cine no es sólo una mera forma de entretenimiento. Detrás de las películas que disfrutamos o sufrimos en las vacías salas de cine se esconde toda una gran industria de la que dependen miles de empresas y puestos de trabajo directos o indirectos. Echar la culpa de ello a las descargas ilegales es, cuando menos, un análisis mediocre, simplista e incompleto. Pero claro, es más fácil echar la culpa a los demás que mirarse uno mismo con un sincero sentido crítico.
Que las descargas ilegales suponen una evidente vulneración de los derechos de autor y han hecho un significativo daño a la industria son hechos innegables. Que el nivel medio de las películas ha descendido a esa insípida franja entre la mediocridad y el aburrimiento, para mí, también. La industria quiere dinero y suele apostar sobre seguro. Grandes inversiones en superproducciones de acción, ciencia ficción, superhéroes y animación; gran despliegue en promoción y publicidad; y colapso en las carteleras con rápida recuperación de "la manteca" tanto en las salas de estreno como en "juguetes" y "merchandising". Las películas se mantienen en cartelera el tiempo que haga falta, mientras las pequeñas películas que llamaríamos "independientes", de esos directores menos conocidos o nada comerciales, con sus cuidados guiones, sus ajustados presupuestos y su mimada producción... ésas, apenas sobreviven un par de semanas en cartelera. Con frecuencia son clasificadas como geniales, incluso obras maestras, y, a su vez, etiquetadas como fracasos de taquilla.
 
Ayer pensaba yo... ¿cuántas personas más hubieran asistido a la proyección si la entrada costara, por ejemplo, tres euros? En esa sesión del 12 de agosto de 2013 a las 16:15h, hicieron una caja de 14,40 euros. A nada que hubieran asistido 8 personas (¡cuatro románticas parejas!), los ingresos hubieran ascendido a cerca de el doble. ¿Iría más gente al cine si costara 3 euros en lugar de 7,20? Yo estoy convencido de que sí. Independientemente de esta maldita crisis que nos come la vida, el cine es un producto caro. Con cocacolas aguadas y palomitas de tamaño mediano, mucho más.
 
La industria debe actualizarse, sí. Eso estamos hartos de escucharlo. Plataformas digitales de cine online, producciones para ver exclusivamente en internet, cine a la carta, cine gratis a cambio de publicidad... Muy bien, grandes ideas. Pero, ¿de verdad estamos abocados al fracaso y desaparición del cine en las salas comerciales tal y como lo hemos conocido toda la vida? A mí se me ocurre otra solución: actualizarse hacia atrás en lugar de hacia adelante. Volver a hacer películas buenas, de calidad, con más talento y menos inversión y, segundo, volver a plantear una política de precios razonable que atraiga al público a las salas de cine como en aquellos viejos tiempos en que costaba 250 pesetas y, si llegabas un poco justo a la sesión, te tocaba sentarte en esas primeras filas de butacas a los pies de la gran pantalla y llevarte el recuerdo de una buena peli, junto a una mijita de requemor en el cuello y en los ojos.
 
Como esta entrada va de cine, no puedo evitar alargarla un poco (me estaba quedando muy cortita...) con recomendaciones de las últimas pelis vistas este verano:
- Los miserables (Tom Hooper, 2012): En dos palabras, muy buena. Conmovedora obra cinematográfica en la que el hecho de ser un musical (extremo este que echaría para atrás a más de uno y de dos) no sólo no le resta lo más mínimo sino que la engrandece generosamente (para los amantes del género). Quizá supera la proporción razonable de lo cantado y lo hablado y se recrea en cerrados primeros planos.
- La cinta blanca (Michael Haneke, 2012): Haneke, con su demostrada pericia, y ayudado por una genial fotografía en blanco y negro, nos transporta a un pequeño pueblo del norte de Alemania a principio de siglo. Las férreas costumbres, la rigidez en la vivencia de la religión protestante y la sutil manifestación de la oscuridad que pueden albergar los seres humanos en su alma se entrecruzan tejiendo una angustiosa red que te deja sin respiración. La estampa social que dibuja con delicados trazos, nos muestra las incipientes raíces de un fascismo que años después arraigaría con trágica y demoledora fuerza.
- ¡Qué verde era mi valle! (John Ford, 1941): Esta joya del cine ganó los oscar (entre otros) a la mejor película, el mejor director, mejor actor secundario (Donald Crisp), fotografía, y dirección de actores... el año de Ciudadano Kane. Cuenta la vida de los Morgan, una familia en un pueblo minero de Gales, amantes de las tradiciones y respetuosos creyentes. La historia, contada desde los ojos de Huw, del menor de los hijos pone certeramente sobre el tapete los grandes conflictos universales: la familia, el respeto por las tradiciones, el amor platónico, la doble moral de las gentes, todo con el trasfondo de la injusticia social y laboral encarnada en los cuerpos cansados y cubiertos de carbón de los mineros. La bajada de salarios provoca la necesidad de unirse sindicalmente con la intención de ganar fuerza. Ello desencadenará el conflicto laboral en el pueblo y, en particular, dentro de la casa de los Morgan, causando el enfrentamiento de los hijos con el tierno patriarca... En resumen, una sobresaliente lección de cine, de la vida y de los sentimientos.
- Naúfrago en la luna (Castaway on the moon) (Lee Hae-Jun, 2009): pequeña y desconocida joya del pujante cine surcoreano. Narra
 la historia de un hombre, un joven ejecutivo que, fruto de una crisis existencial, se lanza desde un puente al río que pasa por su ciudad y acaba aislado como un naufrago en una pequeña isla fluvial desde la que se ve la ciudad aunque no es capaz de alcanzarla. Una joven que vive recluida voluntariamente en su habitación, aislada de todo el mundo, es la única en percatarse de su existencia e inician una peculiar relación por correspondencia. Una historia de fobias, miedos, soledad y anhelos. Una pequeña fábula sobre la sociedad moderna y las demoledoras consecuencias sobre las personas.
 
A ver si entre todos arreglamos un poco esto, hombre.
Sed felices y ved mucho cine. Se os quiere taco.
 
 

jueves, 10 de enero de 2013

Pensamientos y deseos para el 2013

Pasó la navidad (que, por cierto, he estado muy liado y no os he felicitado... ¡Felicidades!) y comienza un nuevo año.
Las duras circunstancias económicas y políticas de nuestro país parecen eclipsar a cualquier otro sentimiento en este momento. Pero no debemos dejarnos invadir por el desánimo o el hastío. Con el tiempo las cosas mejorarán. Puede que tarde años y, de algún modo, hay que seguir viviendo. Detestaría parecer ingenuo o cándido, y respeto profundamente el sufrimiento de tantas y tantas familias con miembros en paro y significativas mermas en su economía, pero, en la medida de lo posible, no debemos dejarnos arrastrar hacia una vida de tristeza y pesimismo.
El resto de noticias que uno escucha en los noticiarios tampoco ayuda mucho: interminables redes de pederastia y pornografía infantil, guerras con mayor o menor interés económico oculto, violencia de género, terrorismo, catástrofes naturales, muertes precoces por accidentes de tráfico o fiestas descontroladas, desahucios, marginalidad, tráfico de drogas, de órganos o de bebés, prostitución y proxenetismo... vamos que dan ganas de gritar aquello de: "¡Pare, que yo me bajo en la próxima!" 
La vida se compone de muchas facetas y debemos valorarla en su conjunto. Con frecuencia pienso en esos ultras del fútbol para los que su equipo es lo primero o, en el peor de los casos, lo único. Cuando el domingo por la tarde su equipo pierde, el mundo se viene abajo y oscuros sentimientos (que van desde una absurda e infantil tristeza hasta la ira, más o menos contenida) se apoderan de ellos. Andan amargados y amargándole la existencia a aquellos que les rodean, ya sabemos hasta qué punto... Son los riesgos de vivir una vida "monofacética".
Cuando, por el contrario, en tu vida conviven diversos valores e intereses, que tu equipo pierda un partido puede moverte sensaciones de insignificante relavancia al compararlas con las que de verdad importan.
La familia, el amor, la solidaridad, la salud, los hijos, la cultura, la espiritualidad, el arte, la religión y tantas otros "haceres", "haberes" y "sentires"... dejaré que llenen el desazonador vacío que me produce la situación económica actual, la costosa inoperancia nuestros políticos y la desaforada y maquaivélica voracidad de los banqueros, plasmada en la incertidumbre a la que nos han abocado.
Veo fundamental, más necesaria que nunca, la vivencia de un positivismo activo, convencido y valiente. Disfrutar y enriqucernos (a nosotros mismos y a lo que nos rodea) de la capacidad de hallar y proyectar sólo sensaciones y acciones positivas, optimistas, bondadosas, humanas, sensatas, coherentes, prudentes, alegres... Sacudirnos todo lo negativo, lo que nos merma y empobrece. Aquellos hábitos, facetas o personas que oscurecen nuestras vidas como auténticos nubarrones de polución. Y, cómo no, las reivindicación de nuestra esencia y de nuestro particular punto de vista a la hora de ver las cosas.
Aplicado a la sociedad y la vida, sería como aquella vieja propuesta filosófica que dice que existen tres "yoes": el "yo" que ven los demás el "yo" que creo que soy y el "yo" que soy de verdad. Esto podría aplicarse también a lo que nos rodea y, por extensión, a la realidad que vivimos actualmente. Cómo la ven los demás, cómo la vemos nosotros y la realidad que ciertamente nos rodea. Simplemente, considerar que puede que las cosas no sean tal y como nosotros creemos verlas...
En resumidas cuentas, la gran mayoría de seres humanos cuerdos, lo único (¡casi nada!) que perseguimos a lo largo de nuestra fugaz existencia es la felicidad y tanto más felices seremos cuanto más capaces seamos de encontrar felicidad en lo que nos rodea. A veces nos toparemos con ella de golpe, casi sin buscarla, otras veces habrá que escarbar un poco hasta encontrarla. Con frecuencia la hallaremos en los lugares y momentos más insospechados. Debemos, más que nunca, entrenar a nuestros sentidos y agudizar la percepción de nuestro corazón para ser capaces de hallar, cual buscadores de oro, esas pequeñas pepitas que nos trae el río entre tanto canto rodado. Pero no la encontraremos buscando en lugares equivocados... Al pensar en la búsqueda de la felicidad, siempre me viene a la memoria este cuento llamado "LA LLAVE DE LA FELICIDAD"... escuchad, escuchad...

Cuenta la leyenda que antes de que la humanidad existiera, se reunieron varios duendes para hacer una travesura.
Uno de ellos dijo:
- Pronto serán creados los humanos. No es justo que tengan tantas virtudes y tantas posibilidades. Deberíamos hacer algo para que les sea más difícil seguir adelante.
Llenémoslos de vicios y de defectos; eso los destruirá.
El más anciano de los duendes dijo:
- Está previsto que tengan defectos y dobleces, pero eso sólo servirá para hacerlos más completos. Creo que debemos privarlos de algo que, aunque sea pequeño, les haga vivir cada día un desafío.
- ¡Qué divertido! —dijeron todos.
Un joven y astuto duende, desde un rincón, comentó:
- Deberíamos quitarles algo que sea importante... ¿pero qué?
Después de mucho pensar, el viejo duende exclamó:
- ¡Ya sé! Vamos a quitarles la llave de la felicidad.
- ¡Maravilloso... fantástico... excelente idea! —gritaron los duendes mientras bailaban alrededor de un caldero.
El viejo duende siguió:
- El problema va a ser dónde esconderla para que no puedan encontrarla.
El primero de ellos volvió a tomar la palabra:
- Vamos a esconderla en la cima del monte más alto del mundo.
A lo que inmediatamente otro miembro repuso:
- No, recuerda que tienen fuerza y son tenaces; fácilmente, alguna vez, alguien puede subir y encontrarla, y si la encuentra uno, ya todos podrán escalarlo y el desafío terminará.
Un tercer duende propuso:
- Entonces vamos a esconderla en el fondo del mar.
Un cuarto todavía tomó la palabra y contestó:
- No, recuerda que tienen curiosidad; en determinado momento algunos construirán un aparato para poder bajar y entonces la encontrarán fácilmente.
El tercero dijo:
- Escondámosla en un planeta lejano a la Tierra.
A lo cual los otros dijeron:
- No, recuerda su inteligencia, un día alguno van a construir una nave en la que puedan viajar a otros planetas y la van a descubrir.

Un duende viejo, que había permanecido en silencio escuchando atentamente cada una de las propuestas de los demás, se puso de pie en el centro y dijo:
- Creo saber dónde ponerla para que realmente no la descubran. Debemos esconderla donde nunca la buscarían.
Todos se giraron asombrados y preguntaron al unísono:
- ¿Dónde?
El duende respondió:
- La esconderemos dentro de ellos mismos... muy cerca del corazón...
Las risas y los aplausos se multiplicaron. Todos los duendes gritan:
- ¡Ja... Ja... Ja...! Estarán tan ocupados buscándola fuera, desesperados, sin saber que la llevan consigo todo el tiempo.
El joven escéptico acotó:
- Los hombres tienen el deseo de ser felices, tarde o temprano alguien será suficientemente sabio para descubrir dónde está llave y se lo dirá a todos.
- Quizá suceda así —dijo el más anciano de los duendes—, pero los hombres también poseen una innata desconfianza acerca de las cosas simples. Si ese hombre llegara a existir y revelara que el secreto está escondido en el interior de cada uno, nadie le creerá.

En fin, que ya véis cómo he empezado el año... igual de "tontorrón" que siempre. Por justificarme (una de mis especialidades) sólo añadiré que amo la vida y a la gente que tengo en ella. Sólo deseo para ellos lo mejor y estos son mis ambiciosos deseos para el 2013: que, a pesar de las duras circunstancias, sepáis hallar la felicidad y hacérsela llegar a los demás.
¡Feliz año!
PD: Y, de regalo, este vídeo youtubiano que ayer encontré por ahí y viene muy al hilo... http://youtu.be/8XWaTt2GGow Espero que os guste.


--
Salvador Terceño Raposo

viernes, 18 de noviembre de 2011

Las elecciones que no ganará nadie

Me estaba resistiendo, palabra, pero he escrito sobre algunos temas que han sido actualidad y me parece frívolo ignorar que este domingo habrá unas elecciones generales a la presidencia del gobierno de mi país.
La verdad, nunca he sido un entusiasta de la política y no es un tema que me vuelva loco. Más bien al contrario; soy un pesimista de la política.
No sigo a ningún partido con verdadera confianza. De la fé ni hablemos. Si el domingo deposito mis sobres blanco y sepia en las urnas será porque me siento un convencido demócrata y considero que es mi obligación. No votaré a un partido u otro (u otro) con la convicción de que sea el mejor, el más capacitado y nos va a solucionar la fea papeleta que tenemos entre manos; más bien lo haré por el viejo método del descarte: es decir, el menos malo.
No obstante, estas elecciones, difícilmente las ganará nadie. La cosa (muy bueno lo del bar ese en el que había un cartel que advertía: <<Prohibido hablar de "la cosa">>) está que pega bocados. El paro batiendo records cada día; la prima de riesgo por las nubes; los "mascas" de la eurozona metiéndonos bronca día sí y día también; Grecia tirándonos de una pierna e Italia de otra (menos mal que al artista de los implantes ha picado billete)... Un desastre, vamos. El marrón que se va a comer el que gobierne tiene tela; claro, que si la cosa va bien se van a poner una peaso de medalla como la bandeja de un frito variado para séis. Y si va mal... que el marrón era mu gordo y quién podía levantar eso...
De todas formas, llamar marrón a lo que se nos viene encima es como llamar charco al océano pacífico. No entiendo mucho de economía, pero me temo que nos esperan años duros e inciertos. Nuestra economía necesita acciones efectivas ya y, el probable cambio de gobierno que, a priori, parecía ser un seguro estímulo para los mercados, de momento, lo que con toda seguridad va a suponer es un inoportuno kit-kat político en nuestro país. Durante el último par de meses y hasta el nuevo año ninguna medida efectiva será tomada, ni por el gobierno saliente ni por el entrante. Algo así como si, ante un incendio, los bombreos se dedican a no hacer nada mientras ocupan dos días en decidir quién será el jefe del dispositivo, el que tome las decisiones. Mala suerte.
A todo esto, la campaña electoral está siendo "de traca". Rajoy se sabe ganador y, como es lógico, no tiene porqué arriesgar. Tampoco es su estilo. Mantiene su discurso y esquiva hábilmente las andanadas, estocadas y zarpazos de un desesperado Rubalcaba que es consciente de la necesidad de meterle fuego a las naves. Los anuncios en radio y televisión son una clara muestra de la diferencia de planteamiento de la campaña de cada uno de los partidos. En el anuncio del PSOE en la tele, aparecía un niño muy pijo camino hacia el colegio privado de la mano de su padre, y le pregunta a éste: "Papá, ¿cuando me vas a enseñar a despedir obreros?". En la radio, he escuchado un par de anuncios en los que una pija votante de Rajoy vomita un repulsivo monólogo. En uno se plantea qué será en el futuro, considerando la posibilidad de ser médico, abogado o piloto y dice a la que sería su homóloga proletaria votante de izquerdas: "¡Tú sí que tienes suerte! ¡Lo tienes tan fácil! ¡No vas a ser nada!". La misma pija, en otro anuncio radiofónico celebra que gracias al trabajo de su padre y del padre de su padre y del padre del padre de su padre...etc., podrá realizarse una operación de estética. Y añade, algo así como: "Chica, si tú no puedes, ¿qué quieres que te diga? Habla con tus antepasados".
Cuando escuché éste el otro día en el coche, yendo al trabajo, me dio un ataque de risa tal que tuve que serenarme para no tener un accidente.
Claro, se ríe uno porque los que diseñan las campañas son unos cachondos mentales. Y se rie uno por no llorar también. Éste tipo de anuncio que a mí me dio risa es un misil teledirigido a la sensibilidad del pueblo, de la gente, de los que menos tienen, de los que están en este preciso momento pasando de la estabilidad a la incertidumbre, de la incertidumbre a la necesidad o de la necesidad a la desesperación. El grueso de la población, personas trabajadoras (en el mejor de los casos) que nunca serán pilotos, ni llevarán a sus hijos aun colegio privado, ni se intervendrán de estética, son azuzados, pinchados por una puya que no va dirigida a ellos, sino que va dirigida a esa odiosa y estereotipada estúpida pija; a los ricos a los que pretende representar y al partido al que dice que va a votar. "Si votas a Rajoy, no habrá futuro para los que tienen menos", termina el simpático anuncio en su particular apoteósis de mala leche.
¡Así es fácil hacer campaña! Sin decir lo que uno pretende hacer y sin pillarse los dedos. Difama, que algo queda. Es tan simple como asegurar cosas tremendas aunque uno no tenga la certeza de que vayan a ocurrir: ¡Si Rajoy gana, hará más ricos a los ricos y más pobres a los pobres! ¡Si Rajoy gana, el despido será gratis! ¡Si Rajoy gana, quitará todas las pensiones, subsidios y ayudas sociales! ¡Si Rajoy gana, nos obligará a dejarnos barba a todos! ¡Si rajoy gana, arrancará las muelas de oro a todo aquel que las tenga! Y todos los rumanos corriendo pa Rumanía...
La campaña de Rajoy es sosa: vamos a tomar tales medidas, vamos a centrarnos en el empleo y no reduciremos las prestaciones sociales...ustedes nos han traído a este punto; vayanse y déjennos gobernar ahora. Pero más honesta y respetuosa con el votante.
Pero, la de Rubalcaba es demencial: sabemos cómo arreglar "esto" que hace dos días no sabíamos, ¿Papá, cuándo me vas a enseñas a despedir obreros?; los ricos tendrán más y los pobres, menos; ¡Corred, que viene a derecha! ¡Vuelve Franco!
La última perla ha sido lo de: "Me preocupa que la derecha se alce con el poder absoluto! Él siempre preocupado, transmitiéndole sus MIEDOS a la gente, estableciendo conexiones sutiles: "la derecha" = "franquismo"; "se alce" = "alzamiento"; "poder absoluto" = "dictadura". Don Alfredo, s'il vous plaît, entiendo que esté deseperado, pero deje de meter miedo al personal... que se le ve tela el plumero.
El golpe de efecto de la disolución de ETA yo ya lo esperaba y creo que lo avisé hace tiempo (¡tiembla, Nostradamus!). De todas formas, creo que, a pesar de ser una maravillosa y presuntamente pactada pantomima, no ha alterado mentalmente a nadie, ni supondrá vuelco alguno en el ánimo del escéptico electorado.
Personalmente, me encantaría que UPyD se "centrara" más y ganara en fuerza, peso y presencia política. Sin duda alguna, el centro siempre será mi orientación política, pues lo es en mi cabeza y en mi vida y, aun ahora, dudo si sería un voto útil o un voto cuasi-perdido. Con el resto de formaciones no tengo lo más mínimo en común y no me preocupan en demasía.
Sólo quiero, desde este humilde blog, que sé que siguen con interés tanto Mariano como Alfredo, pedir un poquito de vergüenza y de respeto hacia los que soportamos esta rancia campaña; que no somos imbéciles del todo y que nos la trae al pairo si llevan corbata roja o azul, si llevan corbata o no, si repiten más o menos una coletilla u otra, si el traje es gris o azul. Que lo que queremos es que tengan el talento de tomar las decisiones adecuadas para comenzar a dejar de caer, para comenzar a salir de esta mierda de crisis que ha mandando al limbo a una generación de jovenes que no va a saber qué hacer con su vida.

Que no me entendáis mal, eh. Que no estoy haciendo campaña para nadie. Sólo digo lo que me parece el planteamiento de la campaña electoral de uno y de otro, y lo malita que está "la cosa"... en cuanto a "eso" de respetar un poquito a los votantes.
Por lo demás, que cada uno vote a quien le dé la gana y menos malo le parezca. Sólo faltaría...